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EL CHOCOLATE: UN SOBREVIVIENTE DE LA CONQUISTA, QUE SE TOMÓ A EUROPA.

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 Por: Elkin Escobar

Desde que fue descubierto por Hernán Cortés en la tierra de los aztecas hasta nuestros tiempos, las propiedades nutritivas del chocolate y sus virtudes como estimulante natural han sido tema de discusión e investigación.

En su cuarto viaje a las Indias Occidentales, Cristóbal Colón llevó por primera vez cacao a Europa como una simple curiosidad, sin que le despertara mayor interés; es decir, nunca supo que había descubierto el nuevo mundo, y el cacao con él.

Tenía que llegar el conquistador Hernán Cortés a la tierra de los aztecas para descubrir que estos cultivaban ampliamente el grano. En una carta al rey Carlos V, le relató “que es una fruta como almendras que ellos venden molida y tiénenla en tanto que se trata por moneda en toda la tierra y con ella se compran todas las cosas necesarias en los mercados y otras partes”. La bebida preparada era de consumo exclusivo del Emperador y su corte. Se tomaba al clima y sin endulzar, se mezclaba con vainilla, achiote, chile y otras especies, era muy perfumada y tenía una consistencia espesa. Pero su difusión por todo el mundo no fue tarea de los conquistadores españoles, sino de los monjes. Se cuenta que fray Aguilar, de la orden cisterciense y que llegó a México con los conquistadores, en 1520 envió por primera vez muestras de cacao junto con la receta para la preparación del chocolate, a don Antonio de Álvaro, abad del monasterio de Aragón. Fueron estos monjes quienes primero probaron la bebida en el Viejo Continente, y las monjas españolas del Convento de Guajaca, las primeras en agregarle azúcar de caña y agua a la bebida para tomarla caliente.

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No obstante, se cuestionó si esta bebida quebrantaba el ayuno eclesiástico; la querella duró tanto tiempo y fue tan enconada que en 1569 se le planteó ante el papa Pío V, gran bebedor de este néctar, quien le dio la razón a los suyos. Pero como en la Iglesia hay más papistas que el papa, en las órdenes religiosas más rigurosas se decidió la prohibición a sus miembros; así que los carmelitas descalzos lo quitaron de sus alacenas y el Capítulo General de Pastrana llegó a castigar a los infractores con ayuno de tres días a pan y agua. Posteriormente, el papa Pío VI les autorizó tomarlo fuera del convento y dentro de él cuando estuvieran enfermos, lo que, suponemos, tuvo que acarrear mucho “absentismo laboral”.

En 1585 se embarcó el primer cargamento con cacao americano hacia España. Sin embargo, los piratas ingleses que atacaban las naves españolas lo tiraban al mar por parecerles inservible. Cuando Jamaica pasó al dominio inglés, se comenzó a enviar cacao a Inglaterra; y fue tanta su acogida, que en 1657 se abrió en dicho país la primera “Casa de Chocolate” que comenzó a popularizar la bebida entre los súbditos británicos. En el siglo XVIII, el chocolate empezaba a perder su carácter de producto exótico: la élite social lo consumía bajo la forma de bebida y no era raro encontrarlo en la ración alimenticia del pueblo.

Los enlaces matrimoniales entre las cortes de España y Francia también contribuyeron a la difusión de este producto, como en el caso de Ana de Austria, quien contrajo nupcias con Luis XIII en 1615 y llevó a Francia a su mucama La Molina y, con ella, los secretos del chocolate. Se dice que María Teresa, hermana de Ana de Austria y consorte de Luis XVI, tuvo dos pasiones: el Rey y el chocolate. Todo esto puso de moda la bebida en la Corte, donde se apreciaba por elegante y saludable. En Colombia, más exactamente en Antioquia, el gobernador don Juan Antonio Mon y Velarde estimuló la siembra de este producto durante su mandato (1785-1788) al ordenar que cada vecino plantara diez árboles de cacao, pues consideraba que así podría aliviarse la pobreza. Debido a tal medida se establecieron cacaotales en Santa Fe de Antioquia, Sopetrán, Santa Bárbara y San Jerónimo, entre otros.

Entre tanto, el chocolate ganó popularidad en Colombia y en torno a él se creó toda una cultura de preparación artesanal y consumo doméstico, lo que en el siglo XX permitió establecer las primeras industrias procesadoras que sustituyeron la transformación casera del grano.

El chocolate está rebosante de virtudes debido a sus componentes orgánicos, pues además de minerales contiene fitoquimicos, polifenoles, taninos, teobromina, cafeína, teofilina y varias sustancias neuroactivas que actúan sobre el sistema nervioso. Adicionalmente, debido al placer que se deriva de su consumo, se activa la producción de endorfinas, sustancias que afectan sustancialmente el estado de ánimo de manera positiva, aminoran la sensibilidad al dolor e incrementan la sensación de energía. No en vano se dice que el chocolate es el antidepresivo no narcótico más eficaz.

Según estudios de las universidades Hokkaido y de Kyorin en Japón, otra de las novedades atribuibles al consumo del chocolate es su efecto positivo en la eliminación del Helicobacter pylori. Esta bacteria, descubierta por dos científicos australianos en 1982, vive en el estómago del 80% de las personas y es la causa de la gastritis, de diversas clases de úlceras y hasta del cáncer de estómago. Por la investigación se pudo concluir que luego de cuatro horas de haber consumido algún producto a base de chocolate, la bacteria se reduce en una décima parte y, en algunos casos, desaparece totalmente pasadas las veinticuatro horas.

Así que a consumir chocolate… “Lorito, ¿quiere cacao?”

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