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Manuel Antonio Velandia Mora

16 septiembre, 2014 Comments (0) Views: 34

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Angels & Demons de Manuel Antonio Velandia Mora

Colombiano de origen, se inició en la fotografía en este siglo, su trabajo es digital. Se ha formado sobre fotografía con Hannah Kolins, Mira Bernabeu, Ricardo Cases, David Burton Olson y José Luis Carrillo; sus bases provienen de las Artes Plásticas: formación libre en la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Colombia y en el Departamento de Arte y Comunicación Visual Eusebio Sampere del Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert, España. Exposiciones colectivas e individuales: la Sede de la Universidad de Alicante; Centre civic antic sanatori de Sagunto; Seu Vella, Sala “Casa la Volta” Lleida; Club Información Alicante. Miami y Bogotá.

Sus fotografías se sustentan en investigaciones sociales y se acompañan de reflexiones en torno a la cultura, los derechos humanos y sexuales y su aproximación teórica al cuerpo. Humanista, Filósofo y Sociólogo.

www.facebook.com/ManuelVelandiaPhotographer

Yo si soy esaSobre la obra de Velandia dice Yecid Calderón (Ciudad de México, abril de 2014): La construcción de identidades críticas y, como diría Nestor Perlongher[1] cuando analiza a Deleze desde su experiencia marica, en devenir, es una acción que hoy le ha correspondido a algunos artistas disidentes, activistas y personas que se involucran con el arte de crear y proponer mundos como en el caso de la obra del colombiano Manuel Velandia. Devenir que no es pasar de un estado a otro o de una identidad a otra, sino de plantearse la posibilidad de mantenerse en el intermedio, el “entre”, el intersticio.

Esta actividad de “devenir loca” se evidencia en la obra de Manuel y en su activo disturbar en los órdenes establecidos con la palabra del marica –tanto desde su obra plástica como desde el activismo político— la cual, después de su repudio, se nos revela como el nombre del sujeto/cuerpo liberador; no una liberación para todos y todas, sino una liberación para sí, producto de un ejercicio de sí, como diría Foucault, una “práctica de sí”, justo dónde converge el arte y la política. Diríamos de la mariconería de Manuel, tomando las palabras que Deleze emplea para hablar de Foucault: “su posición ha cambiado [en este caso la posición de la loca] y ahora va más bien de un lugar específico a otro, de un punto singular a otro, ‘atomista, genetista, informático, farmacólogo…’ produciendo de este modo efectos de transversalidad y ya no de universalidad funcionando como un intercambiador o cruce privilegiado”. Este es el lugar de enunciación de la obra de Manuel, pues, repitiendo a Deleze, se trata de ser “capaces de hablar el lenguaje de la vida”.

Lo que nos dice Manuel es que podemos, desde esa condición abierta a la des-identificación y a la re-identificación dinámica, encontrar una zona crítica al consumo pop, al arte que aparece como mera (o sea exclusivamente) experiencia mercantil del régimen de producción de sujetos/cuerpos dóciles; es la propuesta de un artista que es a la vez, activista, nómada y “sexiliado”, como tantos otros que hemos abandonado nuestros nichos parentales y comunitarios para ubicarnos en lugares menos hostiles a nuestras prácticas transmaricas y ex –céntricas.

La obra de Manuel revela un diálogo constante con la realidad de las así llamadas “minorías sexuales”, lo cual ubica su producción en una intersección entre estética y política, convirtiendo la acción poética en una acción de resistencia, disidencia y crítica desde la sexualidad diversa. Su lucha por los derechos de las comunidades LGTBIQ se manifiesta en todos su trabajo plástico como fotógrafo, instalador y, en general, artista, pero ya no meramente desde el asimilacionismo sexual heteropatriarcal de la cultura gay pop, sino desde la flagrante disidencia al margen y desde la imagen.

Mi visión

Mi proyecto fotográfico se centra en la construcción identitaria de género y el cuerpo, parte del concepto de que la identidad no es fija sino móvil y que las personas en la búsqueda del encuentro con sigo mismas construyen identidades que transgreden el “deber ser” del cuerpo y de la masculinidad, macha, masculina, falocrática, misógina y heterosexual. Dichas construcciones no trasgreden en su totalidad el “deber ser” sino que de acuerdo con los procesos particulares quebrantan en algunos de sus elementos los modelos identitarios. Pero estos cuerpos solo interesan a la sociedad, como indica D. Le Bretón “si son de un tipo joven, fuerte, elegante, esbelto y sano”.

El cuerpo, que es uno de los territorios identitarios, es el espacio en el que habita la identidad; es un referente para sí mismo pero también para los otros quienes interpretan, leen y definen a los demás, negándoles la posibilidad de ser reconocidos como auténticos otros, articulando así nuevas narraciones sobre el individuo.

De ese cuerpo que se transforma en muñeco o maniquí musculado pero no sexuado, de ese cuerpo que se construye para hacerse a la imagen y semejanza del macho, de ese cuerpo que se niega a vivir la masculinidad exacerbada para transitar hacia la feminidad, de ese cuerpo que se niega a aceptarse masculino fluyen una serie de lecturas que pretenden subvertir los imaginarios de poder, desde esos cuerpos y esta perspectiva es que yo construyo mis imágenes.

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