En estos días las redes sociales se han visto convulsionadas con el tema del referendo discriminatorio de la senadora “liberal” Viviane Morales, cuyo propósito es impedir que las parejas homosexuales y los solteros puedan adoptar. Las opiniones de sus promotores y detractores al respecto han llovido por las redes, acompañadas algunas veces de improperios o de argumentos no tan académicos y más bien de tipo emocional.

La mayoría de los miembros activos de la comunidad cristiana (católica, evangélica y otras) están apoyando esta iniciativa, con el aval de los sectores políticos más conservadores del país. Mientras que, por otro lado, muchos LGBTI estamos en contra por considerarlo una forma abierta de discriminación basada en argumentos más de tipo religioso, pero con un rigor científico bastante pobre. Para mi es claro que es un referendo que promueve el odio.

Hay una historia bastante relevante para destacar en esta discusión: Hace varios años la senadora Viviane Morales se divorció de un pastor para luego casarse con el ex guerrillero Carlos Alonso Lucio. Según fuentes fidedignas el motivo fue la vida infeliz que llevaba con el susodicho pastor. En su momento fue un escándalo, buena parte de la comunidad evangélica la acusó de adultera porque según la interpretación ortodoxa de la biblia divorciarse y volverse a casar es un acto de adulterio. No creo que haya sido muy agradable para Viviane aquellos tiempos. Como el cristiano progresista que soy aplaudo que haya obtenido la felicidad que deseaba.

Lo irónico de todo esto es que esta misma mujer que puso por encima su felicidad de las interpretaciones bíblicas literalistas y dogmáticas de los evangélicos más conservadores de ese tiempo ahora es la que promueve un referendo que no solo restringe la felicidad de muchas parejas homosexuales y personas solteras, sino que también va a condenar a muchos niños a esperar por largo tiempo ser adoptados por los padres “ideales”. Incluso su hija lesbiana, si a futuro quisiera adoptar, se vería afectada por esta nefasta iniciativa.

En otras palabras, vemos a una ciudadana que cree que su derecho a la felicidad si es significativo y digno de ser defendido (recordemos que el divorcio y las nuevas nupcias no siempre fueron legales) pero considera que la población LGBT y los solteros no son aptos para adoptar y por lo tanto hay que impedírselo a cualquier costo, así tenga que aliarse con sectores criminales que ella misma investigó y denunció cuando fue la fiscal general de la nación. Creo que Morales representa a buena parte de la clase política colombiana: paradójica, vendida, putrefacta, embustera, marrullera, codiciosa, insaciable y todos los calificativos que a usted querido lector se le pueda ocurrir.

En conclusión, si de algo estoy seguro es que la diversidad sexual tarde o temprano será reconocida plenamente por la sociedad. La población negra logró superar la esclavitud y la segregación racial y nosotros los LGBTI también lograremos que nuestros derechos sean respetados. Puede que este referendo obtenga la mayoría de votos a favor por parte de los colombianos, pero solo será una batalla perdida para nosotros. La oración y el ayuno de sus promotores no tendrá efectos eternos. Al final el amor siempre mis amigos ¡siempre! vencerá al odio.

“He decidido apostar por el amor. El odio es una carga demasiado pesada”.
— Martin Luther King, Pastor Bautista y activista por los derechos civiles

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