Hay mañanas en las que uno amanece nostálgico, quizás por algún sueño que hayamos tenido o tal vez por la primera canción que escuchamos al despertarnos. Lo cierto es que el ser humano es un maravilloso mar de emociones que le permite experimentarse de una infinidad de maneras y producir tantos sentimientos como vivencias y recuerdos tenga en su vida. Los #TONES ya tenemos historia.

A cada uno de nosotros una canción, un texto nos despierta diferentes emociones.

Ayer en la noche descargué una canción de esas melosas y tristonas que suelen gustarme. De chavito este era el tipo de música que más escuchaba. Hoy no, busco siempre algo contento. Sin embargo, debo confesar que el cantante del grupo Reik me transporta y pone mis nostalgias a mil.

Cuando los TONES entramos en este mood, viajamos sutilmente al pasado y revivimos momentos que en su momento moldearon nuestro corazón y hasta tatuaron la piel. La sensación es tan lluviosa y tan en blanco y negro…

Si bien no es sano vivir del ayer, creo que encontramos cierto placer en escarbar de vez en cuando en nuestros recuerdos, en esos pequeños venenos gloriosos que nos sitúan entre la vida y la muerte.

¿Quién no tiene el recuerdo de un amor que se quedó inconcluso? ¿Quién no sigue recordando en ocasiones ciertos besos, ciertos labios, cierto olor en la piel de alguien a quien el tiempo y el espacio nunca logró borrarle el rostro de nuestra memoria?

Lo cierto es que recordar capítulos de nuestra juventud resulta revelador, nos recuerda quienes somos, de lo que estamos hechos, de lo que en muchas ocasiones huimos, pero sobre todo, nos recuerda la fuerza del corazón, la ternura de nuestros sueños, las lágrimas de tantas despedidas que tuvieron que ser para poder crecer.

Vivir en contacto con nuestras emociones nos hace sentir vivos, nos vuelve un misterio interesante de la vida.

Cada que por la calle se cruza nuestra mirada con los sueños de alguien más y esto llega a juntar nuestros labios, besamos de manera distinta, la piel reacciona de forma diferente, el corazón llora un poco y se lava, pero se lanza de nuevo al vacío esperando que el paracaídas se abra para no caer al suelo de nuevo y tener que levantarse hecho cachitos.

¿Te imaginas qué sucedería si hoy al cruzar la calle te toparas con esa cara, con ese beso que jamás se evaporó del todo? ¿Qué harías si encontraras en su mirada el mismo brillo que tú has tratado de ocultar en la tuya?

Las circunstancias cambian, los caminos toman distintos rumbos y nos vuelven aparentemente incompatibles, lejanos, ajenos al otro, pero quizás en el silencio, detrás de nuestras máscaras sigamos siendo los mismos, porque la esencia es esa magia a la que no se le adhiere ningún sufrimiento, ningún miedo, ninguna vida torcida. Sin embargo, sí podemos cubrirla con máscaras, con la absurda idea de creer que esto nos hará no sufrir más, cuando en realidad, nuestro sufrimiento es siempre el resultado de la prisión en la que hemos decidido encerrarnos.

Soy intenso vividor, un corazón que amó, ama y amará siempre a la antigüita.

¿Y tú? ¿Te hizo recordar algo o a alguien este texto?

Te comparto la canción que me puso en el mood para escribir este texto…

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