Salir del clóset, del armario, coming out en inglés, o simplemente asumirse con una orientación sexual o identidad de género “diferente” es más que simplemente decir públicamente, soy LGBT.

¿Por qué ese “salir del armario” suena tan simple, pero lo hacen parecer tan complejo? Porque lo es… La sociedad y su tradición han hecho que poder asumir una sexualidad diferente a la heterosexual o un género diferente al asignado al nacer, sea un proceso al que no todos logran sobrevivir, y un reto que muchos prefieren no asumir.

Cuando nacemos biológicamente como machos o hembras, nos asignan roles masculinos y femeninos según nuestros genitales frente a los cuales nos parametrizan entre ciertas gamas de colores, prendas de vestir, maneras de jugar, ademanes a la hora de movernos y hablar, entre muchos otros componentes sociales que se centran en la búsqueda de control sobre nuestro ser sexual para mantener un status quo heteronormativo y “tradicional”.

¿Pero qué pasa cuando vamos creciendo y comenzamos a sentir diferente a como “debería ser”? Nadie está preparado para eso, ni nuestros padres, familiares, amigos, instituciones y mucho menos nosotros, por eso la respuesta más frecuente frente a esa ignorancia es la que desafortunadamente nos enseñaron a todos, rechazar, violentar, insultar, expulsar, dejar de amar, sobre todo a uno mismo… Y ese es el mayor reto que representa salir del clóset.

Buscar disipar las dudas y el miedo que siembra la sociedad en nuestra mente y corazón; encontrar quienes somos realmente; enfrentarnos a no poder expresar el dolor que nos alberga, ni decirle a quien amamos porque es incorrecto; vivir una doble vida por físico horror de defraudar a nuestras familias y la sociedad; odiarnos tan profundamente por miedo a ser rechazados… ¿Alcanzas a imaginarte lo que puede ser vivir la infancia o adolescencia en esta situación?

Pues esto es lo que viven todos aquellos niños, niñas, adolescentes, jóvenes e incluso mujeres y hombres adultos, hasta personas de la tercera edad, que ven cómo su vida se desarrolla a la sombra de un ambiente hostil a la diferencia, donde términos desobligantes se acoplan a nuestro lenguaje de diario, simples palabras que pueden herir más que una bala.

Decidir salir del clóset es darse cuenta que, como alguna vez me dijo una amiga y activista trans que quiero y admiro, Gislenne Zamayoa, “los LGBT somos unicornios”, el arcoíris en un mundo monocromático, seres de fantasía en un mundo demasiado ilógico. Es comprender que en ese armario, sólo estamos si nosotros lo deseamos y el proceso para salir es personal, nadie puede decirte cómo aprenderte a amar por más teorías psicológicas que existan, ésta es una decisión que nace del corazón, dejar atrás la mentiras y el prejuicio, entendiendo que no es un camino fácil, ni sencillo, pero para ser felices hay que recorrerlo.

También fue Gislenne, quien una vez me dijo, “todas las personas somos trans, porque nos transformamos con el tiempo, trascendemos”. Es justamente por eso que ahora tomo conciencia, ¿si nosotros nacemos así por qué salimos del clóset? ¿por qué asumimos nuestra sexualidad diversa frente a una sociedad que no nos acepta? No lo hacemos por nosotros, sino porque como dijo Harvey Milk en los años 70, cuando nos vean como son entenderán que no somos enfermos, ni criminales, y solo así, las nuevas generaciones van a poder crecer sin tanto dolor… Y podremos decirles a quienes apenas llegan, a los que ya están y a los que ya se van, que no están solos, no estamos solos, el amor y la diferencia nos une.

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