No es nada fácil hablar de un libro que desde el momento en que lo abres pone a prueba tus sentidos, desafía tu tranquilidad y te saca de la zona de confort. No es fácil hablar de un libro con un nombre tan importante detrás de él. No es fácil hablar de un libro que aborda el trasfondo más oscuro de nuestra sociedad y hace visibles héroes anónimos, que de no ser por trabajos como este, quedarían en el olvido. No es para nada fácil hablar de un día que fraccionó nuestra historia, sin el temor de irrespetar con mis letras todo lo que él representa…

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El 8 de octubre de 2015 Svetlana Aleksiévich, a quien tendremos en la Feria Internacional del Libro de Bogotá este 2016, hizo historia al convertirse en la primera periodista en ser merecedora de, sino el mayor, uno de los reconocimientos más importantes que cualquier escritor pueda recibir alguna vez en su vida.

“La guerra no tiene rostro de mujer” le valió a Aleksiévich el premio Nobel de Literatura, ese mismo que le dio un segundo aire a su obra de la cual a nivel mundial solo conocíamos el libro del que vengo a hablarles aquí, pero que de seguro tiene una importancia mucho mayor a la que se le había dado hasta entonces. “Voces de Chernóbil”, que llega al país gracias a la gente de Penguin Random House, es el protagonista en esta oportunidad.

Este libro nos trae una serie de relatos mediante los cuales Aleksiévich quiere dar a conocer un espectro mucho más amplio de lo que significó el 26 de abril de 1986, día en el cual, a pesar de no tener la connotación que solemos conocer, se desató una guerra de dimensiones absurdas que hasta el día de hoy tiene lamentables repercusiones. El 26 de abril de 1986, en Prypiat (actualmente Ucrania), el reactor nuclear Vladímir Ilich Lenin sufrió un accidente que marcó un precedente en nuestro mundo a nivel tanto social como ambiental.

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La autora se vale de todos los elementos posibles que su profesión y su experiencia le han otorgado para producir un número importante de escritos con un sabor periodístico más que destacable, que se pasea entre la crónica, el reportaje y la narrativa común de la buena literatura histórica.

Desde el instante en que te encuentras con el primer monólogo, y decides meterte en este oscuro momento de nuestra historia, Aleksiévich te hace reconocer voces y rostros que han permanecido ocultos tras los discursos envalentonados de los gobiernos de turno y lo que los inútiles medios de comunicación han querido mostrar.

De modo valiente y haciendo honor a lo que periodismo debe ser, el cuaderno de apuntes de la autora y sus notas de voz en una grabadora, son un altavoz potente que da merecida resonancia a personajes y situaciones que son el verdadero reflejo de aquel trágico día.

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La lucidez con que largas jornadas de remembranzas, esperanza, melancolía, inocencia, rencor, ignorancia y de un número indescifrable de sensaciones son plasmadas en el papel no es más que plausible. Monólogo tras monólogo y palabra tras palabra hacen de este libro un ejemplo perfecto de lo vívida que puede llegar a ser una redacción y de lo valioso que resultan trabajos de este tipo para nuestro reconocimiento como sociedad.

El micrófono va pasando de mujeres a niños, de abuelos a hombres, de bomberos a científicos, y de militares a políticos, para involucrarnos desde distintos flancos en lo que constituyó esta tragedia. Ya sea una persecución del capitalismo al socialismo, una puerta de escape ante una existencia hecha guerra, un deber ineludible como ciudadano, un monstruo silencioso y tan mortífero como la indiferencia, una muestra al heroísmo de nuestra raza, o unos días de paseo sin retorno definido, este libro nos ofrece sin limitaciones una fuente inagotable de visiones y formas de vivir en un momento como tal.

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Otro factor que merece ser resaltado en lo que ofrece esta obra, es la capacidad con que la autora logra transmitir no solo lo que sus entrevistados quieren contar, sino lo que el entorno que los rodeó tiene por decir. Un hecho de tales magnitudes no tiene repercusión exclusiva en nosotros, sino también en nuestro ecosistema, e incluso en nuestros cuadrúpedos o plumíferos compañeros de territorio. La inclusión de estos elementos y la valía con que esta se hace, no son más que otro de los numerosos aciertos que rodean la totalidad de la obra.

Muchas veces las grandes citas que vemos en redes sociales, en importantes revistas culturales y que son tomadas como apoyo en la construcción de obras literarias tienen su origen en las grandes mentes y figuras de nuestra historia; en este libro nos encontramos con numerosas frases con un valor moral y sentimental que trasciende el papel y se hacen un lugar en tu definición como persona; frases que nacen de lo más profundo del alma de un sujeto del común con algo por decir y ansias inusitadas por un justo desahogo que lo acerque a la redención. En el transcurso de esta reseña he dejado algunas, las que de uno u otro modo, me marcaron.

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En este trayecto por los radioactivos, pero majestuoso paisajes de la Europa del siglo XIX, vi como hombres tapaban tierra con más tierra, como la vida se iba esfumando en cuestión de segundos, como la hermeticidad de los felinos se hacía infranqueable en las ventanas de las casas, en donde las puertas luchaban por mantenerse de pie, mientras adentro un reloj yacía detenido marcando las siete a modo de recordatorio ante un huevo negro, uno azul y uno rojo.

Si deciden hacerse a este libro, lo cual deberían hacer sin pensarlo dos veces, les recomiendo especial atención a monólogos como “El ruso siempre quiere creer en algo”, “Para qué recuerda la gente”, “Toda una vida escrita en las puertas”, y por supuesto a mis favoritos, el heróico “El poder ilimitado de unos hombres sobre otros” y el esperanzador “Una solitaria voz humana”. Vaya manera correcta de cerrar un libro.

Tomada de elpais.com.co
Tomada de elpais.com.co

Svetlana Aleksiévich es una de esas plumas que deben ser leídas cuando menos una vez en la vida. “Voces de Chernóbil” es un trabajo serio (20 años de construcción) y digno de admiración y reconocimiento, es una bofetada necesaria, un libro que te desgarra por completo, que te estremece sin remordimientos, que te enseña en demasía, que rebosa en excelencia y que siente en lo más profundo; una experiencia cruda e impresionante que nos regala un espejo a sabiendas que lo más seguro es que no lo usemos. Bien dice la autora que este es un relato sobre el futuro…

Para cerrar quiero agradecer Liudmila y a Vasili Ignatenko, a Nikolái Fómich y su hija Katiusha, a Anna Pavlovna, Eva Adámovna, Vasili Nikoláyevna, Nadezhda Borísovna, Alexandr Fiódorovich, Mijaíl Martínovich, Anna Petrovna, María Volchok, Anna Sushkó, Yevgueni Alexándrovich, Arkadi Filin, Viktor Iósifovsh, Seguéi Gurin, Arkada Pávlovich, Ninan Konstantínovna, Nikolái Projorovich, Guenadi Grushevói, Slava Konstantínovna, María Feódotovna, Serguéi Vasílievich, Klavdia Grigórievna, Tamara Vasílievna, Yekaterina Fiódorovna, Andréi Burtis, Iván Naúmovich, Yelena Ilínichna, Svetlana Góvor, Natalia Maxímovna, Tamara Ilínichan, Albert Nikoláyevich, Alexandra Ivánovna, Eleonora Ivánovna, Irína Yúrievna, Antonina Maxímovna, Anatoli Ivánovich, María Yákovlevna, Niana Jantsévich, Nadezhda Petrovna, Iván Nikoláyevich, Marat Filipovich, Zoya Danílovna, Alexandr Revalski, Valentín Alexéyevich, Alexandr Kudriaguin, Nadezhda Afanásievna, Viktor Latún, Lilia Mijáilovna, Vladimir Matuéyevich, Irina Kiseliova, Vasili Borínsovich, Natalia Arsénievna, Aliosha Belski, Ania Bogush, Natasha Dvorétskaya, Lena Zhudro, Yura Zhuk, Olia Znovak, Snezhana Zinevich, Ira Kudriáchevam Yulia Kasco, Vania Kovarov, Vadim Krasnosólnishko, Vasia Mikúlich, Antón Nashivankin, Marat Tamártsev, Yulia Taráskina, Karia Shevchuk, Boris Shkirmankov, Valentina Timoféyevna, a los chicos Hubusaki, y por supuesto a Svetlana Aleksévich por abrir mis ojos, por poner mis neuronas a correr, y por dejarme conocer un poco de lo que para muchos fue la inspiración para insulsas películas de terror, pero que para la historia y para la memoria de muchos será por siempre un momento determinante en nuestra humanidad.

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