Cuando nos enfrentamos a un diagnóstico de VIH de repente nos vemos con la responsabilidad de aprender términos, procesos y cuidados que antes no teníamos en cuenta. Carga viral, CD4 y antirretrovirales se vuelven palabras esenciales para nuestro bienestar. El problema es que ni siquiera termina ahí.

Fácilmente, caemos en limitar los resultados de los exámenes a cómo está mi carga viral y en cuanto tengo mis CD4, cuando la verdad es que nuestra salud está relacionada con muchas más variables y por esa razón es que nos envían tantos exámenes cada seis meses.

Muchos de estos aspectos están relacionados con los efectos secundarios a corto y largo plazo en el cuerpo a los cuáles también debemos estar atentos si queremos asegurar una vida saludable.

Para que podamos apropiarnos más de nuestro proceso y entender todos esos números que hay en el papel, organizamos una guía básica con la ayuda del doctor Theodoro Pérez-Gerdel, médico profesor de farmacología médica, para comprender los exámenes de chequeo.

Los famosos CD4:

Las células CD4 son un subtipo de células inmunológicas determinadas que corresponden a un tipo de respuesta inmune denominadas “adaptativa o adquirida” y que son el blanco de la infección por el virus de VIH. Este virus tiene una especificidad en atacar este tipo de células y al aumentar la cantidad de viriones en sangre, estas células van reduciendo de manera progresiva si no recibe tratamiento. Por tanto, el número de CD4, es un indicador de cómo el sistema inmunológico puede ir en deterioro, producto de la infección.

Los demás linfocitos y por qué son importantes:

Si bien es cierto que los CD4 son el blanco de la infección por VIH, no son los únicos responsables de nuestro sistema de defensa. La inmunidad celular comprende todas las células con mayor especialización en la línea de ataque ante algún microorganismo. Los CD8 por ejemplo, son efectores de señalizaciones moleculares para la destrucción de células infecciosas.

Entendamos la carga viral:

La carga viral es una representación numérica de la replicación del virus y es una expresión de la cantidad de partículas virales. Siempre hablamos de carga viral para referirnos al VIH, pero la “carga viral” se puede acuñar de igual manera en infecciones como hepatitis B, C y citomegalovirus. La carga viral no tiene que ser una expresión de severidad, ni tampoco podemos deducir el tiempo o cronicidad de la infección. La meta es alcanzar una cantidad indetectables de virus y si esta meta no se cumple después de haber iniciado el tratamiento, puede ser una manifestación de falla del tratamiento.

Plaquetas:

También llamadas trombocitos, son fragmentos de células sanguíneas con funciones de protección y mantenimiento del sistema circulatorio, que ofrecen respuesta ante cualquier lesión del endotelio (membrana que recubre el sistema vascular). Este componente sanguíneo puede alterarse en procesos inflamatorios e infecciosos agudos, trastornos neoplásicos de la sangre (como leucemias) o trastornos de coagulación. Algunos fármacos como la aspirina o anticoagulantes pueden alterar el número plaquetario.

Colesterol:

Es una sustancia lipídica (grasa) que cumple funciones estructurales de las células como la entrada de sustancias, transporte molecular o precursores de hormonas y vitaminas. Sin embargo, el colesterol elevado puede tener consecuencias metabólicas y ser factor de riesgo para enfermedades cardiovasculares. El colesterol total es la suma del colesterol VLDL, HDL y LDL.

El VLDL se considera “malo” ya que es uno de los que tiene mayor predisposición a acumulación en las arterias, al igual que el LDL. Por el contrario, el HDL se considera “bueno” ya que transporta las moléculas de colesterol de vuelta hacia el metabolismo hepático y por ende, evitar su acumulación en las arterias.

Algunos fármacos llamados “inhibidores de proteasa” como el ritonavir y el lopinavir, pueden generar elevación de colesterol y triglicéridos.

Glicemia:

Es la expresión de la cantidad de “azúcar” en la sangre y su elevación indica fallas de la insulina, una hormona secretada por el páncreas, y ser así un indicador de una enfermedad denominada diabetes. El atazanavir e indinavir (un “inhibidor de proteasa”) se ha relacionado a intolerancia a la glucosa o cambios de sensibilidad a la insulina, y si bien es cierto que no se describe diabetes por esta droga, es importante hacer monitoreos si estás recibiendo este medicamento.

Triglicéridos:

Son los principales constituyentes de las grasas corporales y son encargados de la transferencia de grasa adiposa a hígado y sangre. Los niveles altos de triglicéridos, al igual que colesterol, son responsables de la aparición de enfermedades cardiovasculares dada su acumulación en el tejido endotelial.

Creatinina:

Es un componente generado a partir de la degradación del desecho del metabolismo muscular, que habitualmente produce el cuerpo en una tasa constante y que depende de la masa muscular, excretada a nivel renal y por tanto una expresión de su función. Dado este origen, algunos individuos pueden manejar elevaciones pequeñas de este valor, dependiendo de su actividad física o masa muscular, por lo que el valor anormal SIEMPRE debe venir acompañado de otros exámenes como urea y examen de orina, que también pueden dar más en detalle el funcionamiento del riñón.

El tenofovir, uno de los medicamentos antirretrovirales más usados, ha estado relacionado a fallas del funcionamiento renal, por lo cual, este parámetro es importante evaluarlo constantemente.

Billirrubina:

Es un pigmento que se produce por la degradación de la hemoglobina y de otras proteínas de las células rojas “recicladas”. Esta sustancia al elevarse, ya que es un pigmento puede acumularse en los tejidos y producir la llamada “ictericia”, una coloración amarillenta en piel y tejidos. El indinavir atazanavir suele causar hiperbilirrubinemia aunque más bien es un efecto adverso estético y no se acompaña de toxicidad hepática

Es muy importante señalar a pesar de tener estos conceptos generales, cada individuo tiene un contexto clínico diferente y no podemos asumir ningún resultado de laboratorio como una falla o una enfermedad.

Un ejemplo claro, es la elevación de creatinina en individuos con mucha masa muscular, o por ejemplo disminuciones transitorias de número de plaquetas cuando enfrentamos procesos infecciosos virales. Generalmente los médicos usan una expresión que dice “no leemos laboratorios, analizamos pacientes”, ya que un valor alterado que no se acompañe con una manifestación clínica o una causa clara, pierde relevancia.

De igual forma, recuerden que los resultados de laboratorios muchas veces vienen arrojados por parámetros del instrumento y no de análisis clínico. La invitación es siempre conversarlo con su médico tratante. Miren los exámenes cuando entreguen los resultados y pregunten todo lo que quieran.

Nosotros como pacientes tenemos el derecho a recibir también la información que precisamos.

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