La primera vez que salí del clóset tenía 14 años vivía en un pueblo y nadie se parecía a mí, y los que se parecían a lo que yo sentía; eran burlados, humillados, perseguidos hasta que se iban de ese lugar.

Y en la televisión era peor, porque se vendía lo que yo creía que era mi personalidad como una caricatura, un personaje, una broma; y yo ya no podía más con ese secreto que todos sabían; así que me armé de fuerza, de nervios y le dije a Aura la que era mi mejor amiga, que era bisexual.

Así me identificaba entonces, porque creía que quizá de esa manera cuando saliera del clóset con mis papás lo tomarían más fácil (spoiler alert: no fue así). Recuerdo que antes de hacerlo, tuve mucho miedo, me hacía muchas preguntas sobre qué pasaría, si me dejarían de hablar, si tendría que escaparme, empezar una nueva vida, si me quedaría solo, simplemente porque me gustaban los hombres como se suponía que me debían gustar las mujeres.

Después de Aura, tuve que repetir el mismo proceso con otras amigas, cuando salí del pueblo, cuando hice nuevos amigos en la universidad, cuando me cambié de carrera y conocí a otras personas, en mi primer trabajo, cuando alguien me escuchaba hablar de mis novios y no de novias.

Y no ha sido solo mi sexualidad, la que he tenido que revelar como una noticia de un tabloide siempre que estoy en un nuevo contexto; lo he hecho con mis preferencias a la hora de tener sexo, también con mis enfermedades físicas y mentales, porque estamos en una sociedad en donde se establecieron tantas normas de conducta pensando en que éramos criaturas perfectas; que nos la pasamos toda la vida haciendo eso “Saliendo del clóset”.

Explicando una y otra vez porque nuestra forma de ser es diferente a lo esperado, porque usamos una prenda de vestir, porque preferimos que usen unos adjetivos y no otros, dándole explicaciones al mundo que parecen innecesarias, que a veces también inspiran a otros a empezar a vivir su verdad. Pero sería más fácil, si en lugar de estar saliendo de clósets en los que nos metieron a la fuerza, solo fuéramos auténticos a nuestra verdad y respetáramos la diferencia de los demás, para que no tuviéramos que como yo llenarnos de valor y de miedo, simplemente para decirle a alguien con quién nos gusta besarnos, o como nos gusta que nos digan.


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