En la actualidad, el sexo ocupa un papel importantísimo en las relaciones sentimentales. Tener relaciones es casi tan importante como profesarse un amor limpio y puro. Aún me cuestiono el momento en que el sexo se convirtió en la “prueba de amor”.

Eso de “hacer el amor” es un cuento de nuestros padres. Ellos sí lo vivieron en carne propia. En el caso de mis progenitores tras doce años de noviazgo a punta de besitos, porque las caricias provocadoras eran sinónimo de la perdida de virtud. Llegar virgen al matrimonio era una cosa completamente normal.

Hoy en día me atrevería afirmar que la virginidad al llegar al altar está extinta y más en el circulo homosexual. El matrimonio como célula fundamental de la sociedad es cuestión del pasado.

En la época de mis padres, luego de la fiesta del casamiento llegaba la hora de la provechosa luna de miel y con ella la primera vez. Cuenta mi madre que las palabras de mi abuela a mi padre en el momento de subir al avión para Santa Marta, casi que a modo de susurro al oído fueron: “Mijito, con cariño, que ella le va a entregar su Tesoro”.

Hoy por hoy el sexo es considerado como el medidor de las relaciones y trasladó el sentimentalismo a un segundo plano. Sin censura estamos ligados al coito y eso nos lleva a pedir más, más y más sexo.

Otra oportunidad en la cama

Frases como: “no terminamos mal, fue un hecho consensuado”, “simplemente decidimos ser amigos” o “terminamos sanamente”; son un indicio muy claro de lo que va a pasar. Alguno de los dos va a terminar pidiendo cacao. Como dicen por ahí: “Cuando la gente se va sin ser echada, regresa sin ser buscada”.

De hecho esa paz y tranquilidad de cortar “sanamente” y quedar de “amiguitos” regala buenos beneficios… y evita inconvenientes: La llamada estando borracho, la amargura del termino de la relación, las ofensas y hasta el resentimiento. Estamos liberados del otro y punto. ¿De hecho porque no ir a pedir aquello tan importante como lo es tener sexo? ¿No?

Cuando terminamos mal y la cosa fue un asco, se llegan a tantos líos, de tantas clases y tan hartos. Ese resentimiento y odio llevan nuevamente a una atracción.
Nunca se deja de ver lo bueno y lo bello que hay en esa persona, así los términos de la ruptura no fueran los mejores, el sentimiento que existió continua de alguna forma ahí.

Quiero que sean honestos, ¿alguna vez no han pensado en pedir cacao? ¿Les han pedido “repitis”?

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