Cuando se es padre, la sociedad no nos prepara para aceptar la noticia que nuestro hijo o hija tenga una orientación sexual o identidad de género que rompe con los cánones tradicionales.

Antes era impensable asimilar el hecho de que a un hijo o hija le pudiera gustar alguien de su mismo sexo o peor aún, que no se sintiera a gusto y cómodo o cómoda con su corporalidad.

Aunque hemos avanzado socialmente en el reconocimiento y la normalización de la diversidad sexual, es entendible que el miedo, más que otro sentimiento, predomine frente a la orientación sexual de nuestros hijos e hijas, pues pensamientos referentes a la aceptación social, los malos tratos, la exposición a abusos y el señalamiento al que se verán sometidos, en ocasiones, pueden rebasar el amor y el apoyo que se debe dar en el núcleo familiar.

Como padres, es importante que comprendamos términos como “Orientación Sexual” e “Identidad de Género” que no son lo mismo, hacen referencia a diferentes aspectos del ser y tienen una connotación sexual y de identidad alejadas una de la otra.

Cuando hablamos de orientación sexual, nos referimos a ser heterosexual, bisexual u homosexual, a la atracción que se siente por uno u otro sexo, que sobrepasa el ámbito genital y donde hay relación erótico-afectiva, es decir, donde se desarrolla un lazo afectivo fuerte.

Identidad de género, por su parte, significa sentir pertenencia y comodidad frente al género con el que se nace, masculino o femenino. Cuando la persona no siente afinidad ni identificación con su cuerpo y sexo, es ahí cuando nos referimos a una transición en la identidad de género, la cual no está definida por los genitales, y que va más allá de las características corporales innatas que no determinan el verdadero ser.

El desarrollo de estos dos conceptos varia en cada persona, sin embargo,  la gran mayoría los desarrolla durante la niñez, en la exploración de sí mismo o misma con lo que le rodea, con lo que interactúa y con lo que le permite construirse como ente social.

En esa perspectiva, el deber ser como padres conlleva tener una mente abierta y saber diferenciar entre estos dos términos, entendiendo que actualmente la libertad del ser y la diversidad sexual hacen parte de nuestra cotidianidad y que en ese camino en el que  nuestros hijos e hijas se reconocen como individuos autónomos, es fundamental el acompañamiento de la familia.

Frente a la orientación sexual de nuestros hijos e hijas o su identidad de género, no hay que temerle al que dirán o a los estigmas sociales que por años han acompañado el ser homosexual, bisexual o transexual. Entendamos el verdadero concepto de familia y busquemos fortalecer los vínculos al interior de nuestros hogares, solo de esa forma se podrán generar espacios de convivencia que le permitan a las personas sexualmente diversas entender que no están solas y que cuentan con una familia que las valora sin discriminarles por la forma como sienten o por lo que son.