El último libro del polémico escritor vallecaucano Gustavo Álvarez Gardeazábal, La misa ha terminado (Ite missa est), está en el ojo del huracán desde su lanzamiento oficial hace poco más de tres meses, y es que desde aquel primero de febrero pasado no ha dejado una semana sin provocar escándalo y controversia. Para muestra, su provocadora e irreverente novela puntea el ápice de los libros más vendidos en el país, por más de 8 semanas consecutivas. Aún sin leer el libro, ya se rumoraba para finales de enero, que una hecatombe de proporciones bíblicas se venía contra la Iglesia Católica; que centuria tras centuria de sodomía finalmente iba a destaparse, y que finalmente este prolífico autor se las iba a cobrar completas a la Iglesia, como lo hizo Fernando Vallejo con su obra La puta de Babilonia. Pues bien, por las redes sociales seguí el lanzamiento de La misa desde Cartagena, ya que a pesar de ser promocionado en pleno Hay Festival, éste nunca ha invitado al autor de Cóndores no entierran todos los días; contrastando con el protocolo del evento paralelo, el escritor llegó al restaurante El portón de San Sebastián (santo patrono de los homosexuales) vestido con una colorida papayera, mientras al son de la música, hombres en zancos, malabaristas y piromaníacos que escupían llamas desfilaban ante cientos de curiosos e invitados. Muchos de los cuales recibieron uno de los más de 500 ejemplares que el novelista destinó para regalar esa noche. ¡Qué hubiera dado por estar ahí! No obstante, le escribí al autor felicitándolo por su proeza y sin conocerme, me envió a vuelta de correo un ejemplar autografiado.

Este tulueño pintó una historia de poder, amor y muerte en los escenarios más sagrados de occidente, dentro de la jerarquía eclesiástica, rompiendo tabúes y paradigmas que la Iglesia ha conservado contra todo pronóstico como misterios teologales.

La misa ha terminado de Gustavo Álvarez GardeazábalMuchos colombianos estarán identificados con el lenguaje directo y sin tapujos que utiliza Gardeazábal. Llamando las cosas por su nombre, entreteje varias historias, -viajando y regresando en el tiempo a su antojo-, para presentar la vida de dos curas homosexuales que contratan un sicario, ante su incapacidad de continuar una vida con Sida, hecho histórico que escandalizó al país en 2012, de donde seguramente tomó este literato este par de personajes; la historia del Cardenal colombiano Casimiro Rangel que asciende escalones dentro de la Iglesia haciéndole sexo oral al clero alemán, y la de su compañero, apoyo y médico personal; finalmente, unida a la historia del obispo de Argentina, Antonio Viazza que al contrario de Casimiro persigue dentro de su jurisdicción a todos los sacerdotes aflautados.

Hace un par de meses le pregunté a un amigo seminarista sí era cierto que el 50% de los curas eran homosexuales, éste sorprendido me relacionó: ¡Hum! Luisfer, por ahí pasó la cuenta… yo diría que el 80%.. Finalmente, para no dañarles el final de la historia, les invito a leer el libro, para que se enteren cómo en un universo paralelo un Cardenal colombiano logró traer al Señor de los Milagros de Buga al Papa Benedicto XVI y cómo se perfiló para ser el primer Papa colombiano, y su trágico final. Sólo les cuento que desde que leía Harry Potter y El Señor de los anillos a mis catorce años no me leía una obra tan asiduamente, la que terminé en un par de días.

Esta obra publicada cuidadosamente por Ediciones UNAULA la dedicó el literato así: “A la memoria de Fernando Molano, el gran escritor que iba a tener este país”, autor reconocido por escribir Un beso de Dick y de forma póstuma Vista desde una acera, dos textos homoeróticos de la realidad colombiana.

Para el autor es destacable el hecho de que algunas universidades están usando su obra para investigaciones, como la Luis Amigó y aparte de los muchos reportajes en toda suerte de periódicos y publicaciones su misa ha sido embrión para otros libros como La misa de Gardeazábal ¿genialidad o blasfemia?, por Joan Manuel Largo, historiador que hizo el comentario de contraportada: “Desde los días de la hegemonía del culto católico, el libro nos trae hasta hoy, donde el impulso vital de muchos siervos de dios no es la vocación sino el goce del cuerpo. Quienes puedan leer el libro (aquellos que lleguen a la última página sin el deseo de armar una hoguera y arrojarlo allí) no podrán negar su rigor. La novela es un retrato exacto y atrevido, mordaz y sincero: sólo la muerte purifica el pecado.”

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