“Yo llevo haciendo drag desde junio del 2016 y la primera vez que lo hice fue en mi casa” Jano Von Skorpio

La idea de Jano nació de un proyecto fotográfico, era una serie de ocho personajes. “Yo ya era maquillador desde antes, simplemente un día me dieron ganas de hacer drag y empecé a maquillarme a las once de la noche, terminé a las tres de la mañana, me tomé las fotos, me desmaquillé, me dormí una hora y me vine a trabajar al restaurante”.

 

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Juan Esteban Agudelo es diseñador visual de Bellas Artes y tiene un restaurante de comida vegana en el centro de Medellín, cerca de las torres de Bomboná. Mientras yo iba llegando a la cita con él, en el restaurante, iba pensando en todas las posibles maneras fabulosas en que iba a verse Jano.

Juan Esteban, que en ese momento para mí no se llamaba de una forma diferente a Jano, estaba sentado en una esquina de la entrada del restaurante, revisando su celular. Tenía puesto un jean, una camiseta y un delantal. Es de estatura promedio, contextura gruesa, cabello largo recogido en la parte de atrás y tiene una expresión fuerte, muy poco amable. Nada que ver con las pelucas rubias largas, vestidos grandes brillantes y todo el maquillaje y piedras que se pone en la cara cuando está en drag y que lo hacen ver como una criatura de otro planeta, pero que aún así no logran disimular su dura expresión.

“El drag es súper fácil de definir: es un performance de género. El género es una construcción social y mucho de su performatividad está basada en objetos materiales. Por ejemplo, los objetos que hacen a una mujer socialmente mujer son tacones, ropa más apretada y ceñida, uñas largas, cabello largo y maquillaje. Lo que apoya la performatividad de lo masculino es un zapato bajito, ropa más ancha y tener más músculo. En este sentido, de eso se trata la construcción social de género, unos imaginarios que son sustentados en objetos físicos que cambian la manera como uno se expresa y se mueve. El drag es tomar esas construcciones sociales y crear un personaje nuevo”, me explica Juan Esteban.

El nombre del personaje, que no es solo Jano sino Jano Von Skorpio nace de la mitología romana. Jano es el dios de las puertas, los comienzos y los finales. Por eso le fue consagrado el primer mes del año (january). Lo mismo pasa con Jano, el personaje de Juan Esteban, que mira hacia lo masculino y lo femenino con sus dos caras

A medida que Juan Esteban me explicaba de dónde surgieron los conceptos de su personaje drag que define como “una mujer alienígena muy apuesta”, cuyo objetivo es ser extremadamente hermoso y que nadie se meta con él, se me iba generando la gran pregunta:

¿Juan Esteban es Jano o se viste de Jano?

 

“El drag es un ser y un hacer, para uno hacer drag tiene que ser algo primero. El personaje tiene que existir así no tenga un nombre ni una apariencia ni rasgos, uno ya se encarga de írselos dando a medida que va construyendo el personaje. El hacer es la parte física pero el ser es poder creérselo. Yo en una discoteca me quedo en las escalas esperando que alguien me de la mano para bajar y la gente lo hace sin que se lo pida. No pido permiso, la gente se quita, pero es porque doy por hecho que lo van a hacer. Voy a los baños y entro a cualquiera y no me dicen nada. Ahí es donde está el ser, cuando uno se empodera del maquillaje pero el personaje también se empodera de uno”.

“¿Quiere tomar algo?”, me pregunta. Cada vez que Juan Esteban terminaba de responder me sacaba de la gran fantasía que es el drag, volvíamos de las discotecas donde Jano es perfecta y todos quieren estar a su alrededor, al restaurante en el centro, que tiene hace dos años y donde trabaja con una ayudante. Las plumas son cambiadas por servilletas, las piedras brillantes por arvejas y los labiales por jugo de mora.

El restaurante, además de sus trabajos de diseño y fotografía, le ayuda a pagar su costoso hobbie. Si bien le pagan por hacer sus shows en discotecas, en Medellín no se puede vivir del drag. Tratamos de hacer un estimado de cuánto cuesta un look completo y el presupuesto, que según Juan Esteban alcanzaría para comprar cosas muy básicas, fue de $580 mil pesos aproximadamente. Él cobra 350 mil por “montarse”, como se le llama a la acción de ponerse en drag, no por el show, por el show no cobra nada. Pero en las discotecas de la ciudad pretenden pagarle 50 o 60 mil pesos. 

“Yo no metería todos los huevos en la canasta del drag. Primero porque es una profesión sin pensión y además porque esto es una moda, cuando pase, a la gente se le va a olvidar el drag y va a volver a la época oscura y a ser underground como siempre lo fue. El drag siempre fue una cosa muy under y muy punkera. En Medellín el drag es muy, muy punkero y muy underground todavía. Eso no quiere decir que sea agresivo. Realmente el cuento punkero es usted hacer lo que pueda hacer con lo que tenga en sus manos. Nosotras hacemos ropa con lo que tenemos, nos maquillamos con lo que tenemos. En Cultura Drag Medellín ya somos como una hermandad, entonces si vos no tenés peluca yo te la presto. Además, no estamos compitiendo entre nosotras, si a una le va bien a todas nos va bien. Entonces se generan unas relaciones muy propias del punk que son como unos clanes y unas maneras de relacionarse muy específicas”.

Cultura Drag Medellín es un colectivo integrado por nueve drag queens de la ciudad que comenzó en noviembre del 2016. De él hacen parte en palabras de Jano: “la reina fishy, la que es más spooky, más rara, la fashion, la religiosa blasfema, una barbada, un monstruo de dos metros diez…”. Todas son diferentes y eso es en parte el ideal del colectivo, mostrar que el drag en la ciudad existe, cómo se está haciendo y que cualquier forma de hacerlo es válida.

No existe una mejor manera de hacer drag que otra.

Mientras terminamos de hablar con una invitación abierta a los próximos eventos del colectivo, me doy cuenta, haciendo un repaso rápido de toda la conversación, de que Juan Esteban es Jano y Jano es Juan Esteban. Si bien no conozco a ninguno de los dos, las palabras de Juan Esteban y la manera en que se expresa llevan consigo un poco de ese maquillaje que Jano lleva en su exterior, en su rostro. En sus dos rostros.


Este artículo hace parte de un trabajo de redacción realizado por el autor resultado del Diplomado de Periodismo para la Diversidad: Historias No Contadas “Narrando desde otro punto de vista”, iniciativa creada por egoCity con la Secretaría de Comunicaciones de la Alcaldía de Medellín y la certificación de CEDENORTE Institución Técnica, para la visibilización de los sectores poblacionales LGBTI de Medellín.

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