Matt McMullen lleva más de veinte años fabricando muñecos sexuales reales, en esta ocasión sus creaciones son unos robots masculinos con los que se podrá interactuar y tener sexo.

McMullen sacó el año pasado el primer robot sexual femenino, le había introducido inteligencia artificial. Se llamaba Harmony y hablaba, aunque mantiene una conversación limitada y se movía, cumple con la función de satisfacer los deseos sexuales de sus poseedores.

Hoy el fabricante ha anunciado que ya tiene su versión masculina. Quienes lo deseen adquirir deberán pagar alrededor de €12.500 euros para poder disfrutar de los placeres de este robot hiperralista con aspecto de hombre, y un pene biónico que en palabras de McMullen es “mejor que un vibrador”.

En la página web, Realbotix, ya se encuentran catálogos de estos androides masculinos que se conectan a la electricidad para ser cargados y cumplir sus funciones. El tamaño, grosor, las facciones, el color de la piel o la forma de las orejas se eligen.

Las versiones más costosas integrarán una visión computarizada que lo capacita para reconocer rostros.

Los male dolls, que ya existían, apenas representaban un 10% del volumen de ventas de su compañía. Pero sus creadores esperan que los robots eróticos aumenten potencialmente sus ventas y que las mujeres como las personas LGBT vean con mejores ojos a los amantes inertes que a los juguetes sexuales.

La incógnita de si los sexbots podrían llegar a sustituir algún día a los humanos nos la respondía él mismo el año pasado en una entrevista: “Creo que en algunos casos sí, pero no serán muchos. Los robots no están diseñados para reemplazar a las personas sino para ser una alternativa y una experiencia”.

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