Todos tenemos una voz. Las hay lúgubres, perversas, malintencionadas, enternecedoras, encantadoras, grandiosas y otras más bien planas. Algunas tergiversan la realidad, otras la inventan, unas cuantas las dañan, y algunas pocas la viven.

Todos tenemos una voz con ganas de hacerse escuchar, con anhelo de encontrar su camino, con ansias de buscar nuevos tonos, con desesperación absoluta por hacerse un lugar en el infinito concierto de sonidos que se ven absorbidos por la sordera del mundo.

Todos tenemos una voz e intentamos a toda costa, de modo directo y en muchos otros sin conocimiento de lo que hacemos, imprimirle un mensaje, darle una fuerza particular, llenarla de un propósito.

Todos tenemos una voz y todos queremos que los demás la escuchen

Hace mucho y gracias a las redes sociales, pude encontrar entre el mar de sonidos uno en particular que con su acento mexicano y su golpeteo particular en la voz provocaron un interés instantáneo en mí. Ese par de manos estrechando mil y un sentimientos, dando un paseo por la eternidad y tratando de construir un camino, fueron el aliciente perfecto para decidir mucho tiempo después, darle una oportunidad a lo que esa voz tenía para contarme. “Los años de los amantes” es el canto del que vengo a hablarles en esta oportunidad, cuya compositor es el señor Hugo Marroquín.

Los años de los amantes - Hugo Marroquín
Foto tomada de: goodreads.com

Este libro nos cuenta la historia de Hugo y David, una pareja con una relación de muchos años, la cual por motivos que se irán descubriendo al pasar de las hojas, terminan dando fin a aquello que los unió durante tanto tiempo.

Lo primero que debo resaltar, tal como ya traté de comentarlo, es la portada que si bien parece sencilla, tiene un tono que amarra de inmediato, y en mi caso, hizo clic instantáneo. Ese par de manos prometiendo un futuro, tratando de alejar los miedos y buscando un porvenir me atraparon de inmediato. En la mayoría de los casos, la sencillez resulta de lo más atractiva.

Lastimosamente esta obra no se consigue en nuestro país en formato físico, pero ante las ansias de leerlo, decidí hacerme con su versión electrónica por solo $10.000 (algo así como 3,5 dólares) en la Google Play. De igual modo, espero poder comprar pronto un ejemplar en físico. Es justo y necesario.

Ahora sí, entremos en materia. La forma en que el autor va metiéndonos poco a poco en la rutina de Hugo y en la angustia que lo invade al ver cómo su vida y su felicidad se perdieron de un momento a otro, resulta oscura e inquietante. Palabra a palabra las sensaciones, el miedo y la tristeza que impregnan esta historia se fueron inyectando en mí, haciéndome sentir lo que este personaje sentía, y sufriendo postrado en una cama junto a él.

Con el paso de las páginas, y en medio de palabras ingeniosas y una prosa excepcionalmente elaborada, el libro se va haciendo más y más cercano, pues nos pone de frente ante escenarios que nos pueden tocar a todos indistintamente de si nos gustan las mujeres o los hombres, pues me permito recordar que el amor no es exclusivo de unos pocos, sino que es una vaina muy bonita y por momentos no tanto, que llega sin importar la persona, su raza, su edad, su sexo, su religión o sus preferencias. Eso es lo increíble del asunto, el amor está ahí para todos.

Esta historia se construye en medio de los ires y venires propios de una relación y de lo que somos como seres humanos, de la montaña rusa en que nos metemos cuando decidimos estar con alguien, y de lo mucho que podemos llegar a aprender de ello. En ese camino de conocimiento nos encontramos con un grupo de personajes tan pequeño, pero tan rico y tan diciente como el libro mismo. El papel de Hugo y David lo podemos ocupar en cualquier momento de la vida, sino es que ya lo hemos ocupado; cada uno con su carácter, con sus temores, con sus ganas y sus sueños, nos van haciendo partícipes de su historia. Rodrigo es ese amigo que está ahí, ese aquel que todos quisiéramos tener; ese hermano que la vida nos da la oportunidad de elegir (quiero y necesito un Rodrigo con suma urgencia en mi vida). Raphaël… Descúbranlo y me cuentan.

Las apenas 112 páginas que componen esta partitura muestran una infinidad de sonidos que en su conjunto, crean una melodía inolvidable, que llega al fondo del corazón, que te hace repensar varias cosas sobre lo que has hecho, lo que haces y lo que habrás de hacer, que te dejan con ganas de más, que te arrullan con cada nota, y que te recuerdan que el amor no es perfecto, pero que cuando toque nuestra puerta, lo mejor es asegurarnos de vivirlo al máximo.

Muchas gracias a Hugo Marroquín por darme el chance de escuchar su voz.

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