Los días se hacen mas largos. Esta época hace que cada cuerpo vibre a su tiempo y ritmo. Cada uno se mueve, en cuanto puede puesto que muchos vivimos en menos de 8 metros cuadrados.

¿Qué más hay por hacer? Masturbarse, si señorxs. La masturbación se asume como una forma de vida y de existencia por estos tiempos. Aún así, hagamos un breve recorrido de cómo la masturbación ha sido uno de los placeres que en tiempo pasado fue mejor. Dicen algunxs curiosxs de la historia que la masturbación era sinónimo de vida, su significado estaba relacionado con la existencia, la abundancia y el vinculo fraterno con esa entidad orgánica que deviene de la reflexión sobre el ser humano en sí.

Para algunas comunidades, como los sumerios, la masturbación se empleaba en calidad de práctica que potenciaba el sentir para vivir sin miedos, con fuerza y anhelo, en cuerpos que parecían jactarse de gloria con solo hacerlo. Esto que, para no menospreciar, la figura femenina poco aparecía en muchos de los hallazgos o rastros de las historias de estas comunidades antiguas. ¿Podrá usted imaginarse que otras sexualidades tendrían algún lugar en el registro histórico de esta práctica placentera?

Saltémonos varios siglos y situémonos en el siglo XXI, donde la globalización logró llegar a cualquier rincón del planeta y el universo. Solo bastaron veinte años de este nuevo periodo para hallar su forma: un virus. El virus se expandió a tal punto que el confinamiento y la desesperación mediática fueron el único consuelo para sobrevivir. Beth Emhoff nos quedó pendeja a más de unx, y pocxs le creímos a Steven Soderbergh en su famoso filme Contagio, a puertas de empezar la segunda década.

Era evidente que la masturbación debía -por no decir tenía que- cambiar. El dildo o el vibrador ya no eran suficiente. Peor aún, estábamos viviendo una etapa del porno que nos llevó a seguir a más de unx sextwitterx para poder sentir placer. No lo discuto, es una manera de hacerlo, pero ¿qué tanto de esto se hacía con el afán de generar contenidos para convertirlo en una ramplona industria mediática?

La masturbación es esa conexión que nos permite conectarnos con el propio ser, incluso, con esa parte que muchxs no aceptan, pero que en medio del escondite logran sacar, mostrar, exhibir, y así sentir placer. Quién iba a pensar que la masturbación va mucho más allá del carácter perceptible con el que accedemos un mundo terrenal. La masturbación es una manifestación sensible de ese ser, de quien busca convertir su cotidianidad en objeto de placer mediante una narrativa que crea historias excitantes, y con las que más de unx creamos nuestra vida. Si en la mitología sumeria, el dios Enki se masturbó para eyacular vida y así crear los dos majestuosos ríos Tigris y Eufrates, entonces, ¿por qué diablos no puedo grabarme mostrando el culo abierto a un albañil, mientras me toco y busco la excitación y el placer de quien me observa?

Las teorías queer nos han acercado a esta mirada de lo público como una manifestación viva con la que el otrx hace parte de un colectivo, de un lugar. Sin embargo, lo público tiene un valor predominante en lo que se entiende por sentir la vida. La masturbación se hace pública en la medida en que los sentidos, con los cuales accedo a este mundo terrenal, me permiten hallar placer en lo que circunda a mi alrededor.

Siento placer oliendo los calcetines y tenis de quien me somete hacerlo. Gozo viendo como otrx se toca sus genitales para luego oler y chupar sus dedos. Sigo a quién me pone con cada parte de sus encuentros clandestinos entre un vecino casado y el culo redondo y juvenil de quien me invita a su experiencia. O mejor aún, #metrerosmx me propone ver, para recordar olores y sabores en medio de la cuarentena, que, mientras algunxs tienen sexo descarnado en el metro de la Ciudad de México, otrxs nos masturbamos desde casa esperando tener el placer que se siente vivir en medio de la adrenalina por no ser descubiertos.

Todo esto nació como una manifestación de ser y sentir en un medio de la crisis. El virus solo la agudizó, pues desde hace muchas décadas atrás venimos viviendo la pornomiseria en la que se ha convertido la masturbación en nuestros tiempos. Ahora nos encontramos ante algunos tweets, tales como: “nadamas no le digas a mi esposa” cogiendo con mi primo después de una peda aproveche que estaba caliente hay 75% de descuento en [se omite enlace]” o “Muestro como me quita el ligero en [se omite enlace] con un 35% de descuento” Por favor, señorxs.

Sí, es una realidad, la crisis nos traerá una profunda recesión económica, pero ¿hasta qué punto estamos desvirtuando el lugar íntimo y sórdido de estas prácticas? Se implora el cuidado de lo poco que nos deja el capitalismo para sobrevivir en tiempos de pandemia.

Las historias no se fabrican, mucho menos se rediseñan para gusto de unxs. Las historias nacen de esa capacidad de reinventarse y sentir en cada una de nuestras acciones en público y online. Debemos volver a la pregunta por el sentir a través de la excitación y placer del otrx como un sí mismx. Creo que esta debe ser la APUESTA por un lugar que reivindiquen el placer por el placer, sin necesidad de volver esto una fabrica de contenidos para llenar cuentas bancarias de quienes aún no han logrado entender que, aquello que usufructúan es un recurso no renovable; y que, más temprano que tarde, terminará por acabar la paciencia de quien te sigue.

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