En esta oportunidad he dejado la introducción que siempre acompaña mis reseñas a un lado, pues el libro del que vengo a hablarles, no la necesita. “Matías” de Fernando Ponce de León, es el invitado especial para esta oportunidad.

Considerada una de las 100 mejores obras de la literatura colombiana en el siglo XX por la Biblioteca Luis Ángel Arango, “Matías” nos cuenta la historia de Tomás, un niño que pierde el sentido de la vista y debe afrontar el nuevo destino que se le planta de frente.

Parece muy sencilla la premisa ¿verdad? Pues sí, luce bastante sencilla, pero lo que se encuentra impreso en las 352 páginas que componen este libro (el tomo que tengo es el de Taller de Edición Rocca) dista mucho de ser algo sencillo.

Por medio de una narrativa prodigiosa en el sentido íntegro de la palabra, Fernando Ponce de León nos regala la memorable e hija de puta voz de Tomás, quien nos involucra sin pedir permiso en su quehacer diario, en su encuentro con la cotidianidad, en los sentimientos que lo permean, en la soledad que genera la diferencia, y en la rabia que concibe la intolerancia. La construcción de este personaje es algo completamente inusual para mi entender, pues me habla desde un lugar desconocido, bajo escenarios muy lejanos y sensaciones que seguramente jamás podré experimentar. Quizá los ojos sean la ventana del alma, pero no hay nada que nos ciegue más que ellos mismos.

La vida de Tomás transcurre en la normalidad de su familia, en las calles que no ha recorrido, en los pasos que retumban en su alma, en los maullidos de un gato absorto de diversión, en la naturaleza humana que irrumpe en cualquier lugar, en la racionalidad que se destartala con el pasar de los segundos, en los abrazos impíos de una madre socavada por su realidad, y en muchas otras cosas que ya conocerán cuando se decidan a vivir en carne propia esta novela.

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Nuestro protagonista se monta en un avión que transita por los parajes más recónditos de la mente humana, permitiéndonos ser pasajeros de un viaje por los recovecos de nuestra propia existencia. “Matías” es una obra oscura, melancólica, desalmada, lúgubre y agradecidamente humana, que nos pone en unos zapatos muy parecidos a los nuestros, pero que tienen la capacidad de ver el mundo desde una perspectiva completamente diferente. Desde su desconocimiento, él mismo se encarga de abrir nuestros ojos y sumergirnos en una ciudad depredadora y tendiente a la indolencia, en donde el avivato es rey y la injusticia es Dios.

Pero no todo es mérito de Tomás, pues la fuerza de su voz es forjada por todos y cada uno de los invitados a esta historia. Alabo la manera en que Fernando Ponce de León ha construido a sus personajes, los ha dotado de una capacidad irrefutable para transmitir sus sentimientos, y los ha puesto en el lugar y el momento indicado para sacarles todo el jugo posible a la “sencilla” premisa de esta novela. Hablar de cada uno de ellos implicaría horas interminables en la confección de ensayos respecto de la idolatría, la envidia, el orgullo, la importancia del concepto “familia” dentro de la construcción de una sociedad, la violencia y el sentido de la humanidad, entre muchos, pero muchos otros aspectos. Me limitaré entonces a hacer una mención especial a Matías y Josefa, quienes desde realidades opuestas le dan matices increíbles a lo que es Tomás; mis personajes favoritos.

Fernando Ponce de León
Fernando Ponce de León

Si hay algo interesante y que disfruté dentro de la lectura de este libro, es la visión del amor que nos regala. Un sentimiento sumamente etiquetado desde el principio de los tiempos parece tener formas diferentes de desarrollarse, y es ahí donde “Matías” se convierte en algo abrupto para la época en la que fue escrito (y lastimosamente para la que vivimos actualmente) y en un suceso literario enteramente revolucionario para la literatura colombiana. Fernando Ponce de León se atreve a romper paradigmas, traer a la mesa temas ocultos, centrar nuestra atención en tabús, y ofrecer una experiencia de lectura que aún hoy en día se siente atrevida y audaz. Como mencioné antes, los ojos muchas veces lo único que hacen es cegarnos.

“Matías” es uno de esos libros que duele, que se sufre, que desgarra, que devasta, que aprisiona, y que se vive desde la primera letra hasta el inexplicable y doloroso punto final. Sin necesidad de ir por un discurso elaborado y sumamente exquisito, Fernando Ponce de León le regala al mundo una obra valiosa y merecedora de una ovación eterna. Un clásico de la literatura colombiana censurado en su época, pero al que deberían dar cabida más personas en la nuestra. Seguramente, uno de los mejores libros que habré leído cuando este año marque sus segundos finales. Seguramente, uno de los mejores libros con los que alguna vez me encuentre en la vida.

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