Mi cuerpo y la belleza de sus matices

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Hace ya varios años que me aventuré a trabajar como productor artístico. Siempre he estado detrás de cámaras y tras bambalinas, asegurándome de ser el ojo clínico de los artistas que asisto. Desde que empecé este viaje, me he cruzado con distintas clases de producciones: teatrales, audiovisuales, musicales y fotográficas.

Agradezco a mi empatía y mis capacidades profesionales, porque gracias a ellas y a un poco de suerte, conocí a uno de mis mejores y más queridos amigos: Alfonso J. Venegas, un artista que, además de danzar por distintas disciplinas artísticas como la música, la fotografía, la pintura, el performance y el cine, es una persona con la que he compartido risas y momentos de todo tipo. Él es mi alcahueta. El mago que con su varita mágica me permite desarrollar varias ideas de maquillaje, fotografía, styling, storytelling, e incluso fiestas, viajes y locuras.

Las fotos en mis redes sociales se ven elaboradas o conceptuales. Todas fueron hechas bajo su lente y su profesionalismo. Posar frente a una cámara no era nuevo para mi porque desde antes, mi trabajo y experiencia estuvieron presentes. Sin embargo, hace unas semanas, tomando unas mimosas y unos whiskys con unos amigos tuvimos un momento increíble.

Pasó el primer jueves del año: Después de un photoshoot para una cantante, teníamos el estudio armado, las luces puestas y el maquillaje sin guardar. Hicimos unos retratos casuales y llegaron unos amigos. Uno de ellos dijo que mejor las fotos en pelota. (Confieso que me puse algo nervioso, pero todo fluyó en medio de risotadas y mucha confianza). No fui el único que se desnudó, pero si seré el único que publicará las fotos en este artículo.

¡Hagámoslo entonces!, ¿Ya qué? Dije después de la propuesta. Ninguno lo habíamos hecho antes. Teníamos la confianza suficiente para hacerlas, la estética, el concepto. Mis amigos y yo estábamos riendo, tranquilos, no había vergüenza. Lo único que no quería era verme vulgar, pero eso no iba a pasar con Alfonso, finalmente serían mis primeras imágenes al desnudo. Fui el primero en quitarme la ropa.

Cuerpo gustavoperrito

Los tragos ayudaron bastante. La tensión de esa pregunta incómoda sumada a los nervios de «la primera vez» se fueron diluyendo con el etanol y con el paso del tiempo. La naturalidad se fue dando sola. Sabía que no iba a pasar nada sexual en ese momento porque somos todos casi como hermanos. Además, estaba frente a alguien que genera mucha confianza y a quien respeto por sus conocimientos y trabajo impecable. Sabía que el resultado sería simplemente espectacular.

Las fotos superaron mis expectativas. Al verlas no pude dejar de pensar en la belleza de la representación estética del cuerpo humano. Una cosa es contemplarse frente al espejo, otra muy distinta es verse interpretado por la lente del fotógrafo. Al verme con esta representación, sólo pensaba en lo ridículo que es satanizar algo tan natural, bello y sencillo como la desnudez. La figura humana independientemente de su forma, es perfecta y hermosa en sí misma. Representarla, describirla y exaltarla es la labor del artista, porque el cuerpo más que un objeto, es un territorio, un paisaje, una historia y una vida. No es gratis que sea el principal referente de creación estética: el cuerpo siempre está presente.

Cuerpo gustavoperrito

Pero a su vez hemos desarrollado la cultura mental de los ideales de belleza, unos estándares ilusorios que se han creado a partir de la hegemonía y las redes sociales, donde todo lo que se sale de ese estándar es criticado, atacado e incluso destruido. Nos asombra y nos perturba algo tan natural como lo es el envejecimiento del cuerpo humano, las cicatrices y las formas del cuerpo.

Muy pocas veces he tocado el tema del cuerpo y del amor propio porque, para mí fue algo que desde niño mi mamá y mi familia me enseñaron. Si bien nunca he sido discriminado por mi cuerpo, a lo largo de mi adolescencia tuve mil dudas y preguntas sobre el mismo. Pasé por la etapa de no querer mi apariencia: de intentar cambiar mi cuerpo, quizá no por aceptación, quizá solo para verme como los demás.

En ese recorrido de aprendizaje y búsqueda de amor propio, hice y hago cosas en mi cuerpo que para mí exaltan aún más mi belleza: mis perforaciones (en las orejas), mis tatuajes, los cuales he pensado detenidamente antes de hacerlos, pues cada uno tiene un significado y representa algo de mi estilo de vida, las mascarillas para la piel, lo cuidados personales, el apreciar ir a la barbería y hacerme el corte con el que me siento bien.

Lo de enfrentar la desnudez frente a una cámara es despojarse de todo y atenerse a la belleza del cuerpo en sincronía con la mente y el espíritu. Esto no es sólo pose. Una experiencia que sin duda volveré a repetir no una sino las veces que me sea posible, ya que por medio de estas fotos logré entender y comprender lo poderoso y valioso que es mi cuerpo.

Cuerpo gustavoperrito

Bien decía Susan Sontag, que la fotografía es «memento mori». Mi cuerpo ha transmutado en diversas formas, al igual que tú cuerpo y el de todas las personas que habitan este plano. Siempre lo he querido: He estado delgado en extremo y en extremo sobrepeso. He sido sedentario y muy activo. He tenido un cuerpo hegemónico y también lo he tenido fuera de la norma. Hoy, casi llegando a mis treinta años puedo decir que me reconozco, me acepto y me amo a mi mismo, como lo dice Walt Whitman en su poema «El canto a mi mismo» del libro «Hojas de hierba».

Siento profundamente que para hablar del cuerpo y de todos sus matices, lo primero que debemos entender es que sin importar cuál sea su forma, textura o color, el cuerpo es perfecto por antonomasia y debe celebrarse siempre porque es el vehículo del alma y el ejecutor de nuestras ideas.

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