“Si las iglesias nos rechazan, sólo nos queda un camino: Obedecer a Dios antes que los hombres y las comunidades envenenadas por la homofobia”.

Poco después de salir del armario, Dylan Settles recibió una carta de su iglesia, la congregación baptista de Woods Chapel, en Brookland (Arkansas, en Estados Unidos). En ella se le decía lo siguiente:

Se le ha hecho saber a esta iglesia que usted ha hecho público que adopta el estilo de vida homosexual. Aunque entendemos las luchas que todos confrontamos con el pecado en nuestras vidas, debemos ser conscientes de las consecuencias de nuestras elecciones. Como cristianos, debemos optar por servir y obedecer de acuerdo a la palabra santa de Dios para ser un miembro digno de la congregación. Nosotros, como dirección de la iglesia (…) hemos votado con gran dolor retirar su nombre inmediatamente de la lista de miembros de la iglesia. Es el deseo de su familia eclesial que abandone el estilo de vida pecaminoso que ha elegido, que se arrepienta de los pecados que ha cometido, y regrese a la plena fraternidad con Dios y la iglesia.

Poco antes, Dylan había confiado su orientación sexual a sus padres después de ocultarla y luchar contra ella durante años: “Le pedía a Dios que me quitara esto de mi vida, que me diera alguna esperanza y fe de que podría encontrar una esposa o novia. (Pero) estaba cansado de vivir para otras personas, de vivir para mis padres o mis amigos o quien fuera. Elegí vivir por lo que quería y ser feliz”.

Su primera reacción ante la carta de su antigua iglesia fue de confusión no exenta de dolor: “Estoy algo herido, pero sé cómo piensan… creía que sería una carta invitándome a ir con ellos (…) Estaba como aturdido. Estaba tan impactado que no pude leer el resto de la carta”. Sin embargo, meses después, Dylan ha respondido a su antigua iglesia en unos términos mucho más afirmativos.

Lo ha hecho a través de una carta de respuesta en la que afirma que “si hay una cosa que aprendí de su iglesia es que allí donde hay amor, está Dios. Quiero que ustedes y su iglesia sepan que estoy en una relación de amor con mi novio. Cuando tomo su mano o lo miró a los ojos, no hay pecado en lo que siento. Es amor. Viendo el mundo de hoy en día, es obvio que necesitamos más amor en cualquier forma que tome. No deberíamos condenar el amor, deberíamos celebrarlo”.

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