Sylvia Rivera mujer transgénero de origen puertorriqueño y venezolano, nació y creció en la Ciudad de Nueva York, fue una activista y pionera en la lucha por los derechos de la población LGBT. Inició su movilización con la revuelta que dio paso a los disturbios de Stonewall donde junto a otros clientes del bar, se levantaron contra la humillación y el ultraje de la fuerza policiaca de aquella época, reclamando respeto por su diversidad, por sus cuerpos, por sus derechos.

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Parte de su reconocido trabajo en el activismo, se reflejó años después de esta histórica revuelta, cuando se dispone a conformar grupos que se desarrollan en pro de la movilización por los derechos civiles de la población LGBT como el Gay Liberation Front y la Gay Activists Alliance, encabezando por su parte y junto a su amiga Marsha P. Jhonson los derechos de las personas trans.

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La iniciativa que tanto marcó la era del orgullo por la diversidad, fue tomando cada vez más fuerza por sí sola hacia la población gay y lesbiana, lo que hizo que Sylvia notara la distancia que tomaba la relevancia de las personas trans en estas luchas.

Este desequilibrio interno del movimiento en pro de la diversidad e igualdad que se propició tiempo atrás se hizo visible inmediatamente Sylvia decide enfrentarse a los activistas gay de la época, que de una u otra forma se habían encargado de alejar su apoyo hacia las mujeres trans en su lucha.

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Públicamente Rivera comparte en un discurso pronunciado por ella en el Gay Liberation Rally de 1973, con la misma pasión que la llevó a iniciar este movimiento, que la han abandonado, “que la han dejado de lado y que había perdido su trabajo de liberación homosexual”, esto tras las constantes burlas que la misma población gay había arremetido contra ella simplemente por el hecho de ser trans.

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Sin embargo, la vida de Sylvia realmente no fue color de rosa, nacida en una familia no muy bien conformada, a los tres años de edad, pierde a su madre quien se quita la vida luego de enfrentarse a quien fue su padrastro, un drogadicto que amenazaba constantemente su vida, la de su madre y su hermana.

 

Mi madre y su inestable segundo matrimonio; mi padrastro era un drogadicto. Él amenazó con matarnos a ella, a mí y a mi hermana. Yo tenía 3 años. A sus 22 años, mi madre metió matarratas en la leche, la bebió, y dejó un poco para mí. Cuando mi padre y mi hermana me lo quitaron al ver mi estómago inflado, fue la última vez que vi a mi madre con vida, porque después de estar en el hospital tres días, murió.

Su abuela la acoge en crianza presentándose directamente reacia al hecho de asumir su identidad y sexualidad, lo que llevó que a escondidas transformara su imagen para poder vivir quien realmente sentía ser a sus 8 años. A la edad temprana de los 10 años decide mudarse de casa y posteriormente en la ciudad de Nueva York es tomada bajo el cuidado de varias drag queen del Times Square y Brooklyn, quienes según su disponibilidad le prestaban su compañía y le brindaban techo, allí fue cuando renació Sylvia.

Las luchas que dio frente Rivera no se detenían exclusivamente en las personas LGBT, lo que busco siempre con su activismo fue la destitución de todo aquel ideal de discriminación en contra de la diversidad, incluyendo a las personas que vivían en su pobreza o aquellas que fueron constantemente rechazadas por su color de piel.

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Como necesidad de reivindicar la lucha por la libertad y el reconocimiento por los derechos de las personas trans, cubriendo sus necesidades más próximas como la falta de un techo, dinero, comida y principalmente apoyo y acompañamiento. Sylvia dispuso un espacio para la discusión de temas ligados a la protección del escarnio público, al maltrato y ataques contra la población.

Casa STAR fue un proyecto que Rivera creó junto a su buena amiga Marsha P. Johnson, en un inicio contando solo con un par de habitaciones y posteriormente con el apoyo de las demás organizaciones diversas se recaudó lo suficiente para alquilar un edificio, un hecho que en cuanto duro fue muy significativo para la población trans, puesto que en 1973 llegó a su fin por una disputa entre chicas lesbianas y trans que terminó siendo llevado al estrado. 

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Aunque la historia que remonta estos sucesos trae consigo numerosos detalles provenientes de distintas voces que vivieron en carne todo lo que ha venido cobrando esta revolución, hoy celebrando el día internacional de la mujer, damos reconocimiento a las nuevas feminidades que también tienen su lugar en la sociedad, una lucha que por años se ha estado batallando y más ahora cuando la visibilización de esta población apunta a fortalecerse.

Sylvia siendo pionera en el activismo trans, nos recuerda que la lucha nunca termina, y que todos merecemos una oportunidad de ser escuchados:

Yo no creía en una revolución, pero ustedes la están haciendo. Creo en el poder gay. Creo en nosotras logrando nuestros derechos o de otro modo no estaría aquí afuera luchando por ellos. Eso es todo lo que quiero decirles…