Diego Neria Lejárraga, de 48 años, es un transexual español que a finales del 2014 recibió una noticia que nunca esperó: el 24 de enero conocería al Papa Francisco.

Fue creyente desde que era una niña pequeña y el deseo que año, tras año le pidió a los Reyes Magos era poder ser un niño. Que su cuerpo estuviese en sincronía con su alma. La sorpresa fue, muchos años después, en medio de su propia lucha por sentirse bien consigo mismo, Diego le escribió al Papa su situación, quien conmovido por su historia lo llamó personalmente y lo invitó a que se vieran en su casa de Santa Marta.

El Sumo Pontífice ya ha demostrado en el pasado su amor por todos sus seguidores y en relación con la comunidad LGBT, dejó clara su postura cuando en una entrevista que dio el año pasado le respondió a un periodista: “¿Quién soy yo para juzgarlos?”. Aunque la Iglesia sigue sin aceptar el matrimonio igualitario, el respeto por la homosexuales es mayor. Sin embargo, Diego afirma que nunca esperó esta respuesta por parte del Papá.

Diego Neria Lejárraga, de 48 años, es un transexual español

Un año después de la muerte de su madre -quien le pidió que no cambiara su sexo hasta que ella falleciera- cuando Diego cumplió 40, contactó por fin a una cirujana plástica. Después de cambiar su sexo, volvió a Plasencia (Cáceres), el pueblo donde se crió. No obstante, lo único que recibió fue un rechazo general. La Iglesia le respondió: “¿Cómo te atreves a entrar aquí con tu condición? No eres digno. Eres la hija del Diablo”.

Por esos días, Diego se encerraba en su casa a llorar, hasta que gracias al obispo Amadeo Rodríguez, su consejero, logró enviarle una carta al Papa, en la cual le narraba su historia y le hacía sus preguntas. “Si yo hubiera podido elegir, no habría elegido mi vida”, declaró.

Así que el Santo Padre lo llamó precisamente el Día de la Santa Inmaculada y posteriormente el 24 de diciembre para concretar el encuentro. “Soy el Papa Francisco”, fue el sencillo saludo con el que inició su llamada.

En Santa Marta, el Papa recibió a Diego y a su prometida, atentiéndolos personalmente. Allí, él aprovechó el momento para hacer la pregunta que lo atormentaba. En su interior, el cambio de sexo era una manera de resignarse y no se sentía digno de su amor. Entonces, le cuestionó si tenía un lugar en la casa de Dios, a lo que Francisco respondió con un abrazo.

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