El último video de Karol G protagonizado junto a Young Miko para su nuevo lanzamiento con Tiësto, “CONTIGO”, ha generado gran polémica al narrar un amor entre dos mujeres, una muestra más de la discriminación que se vive en esta industria musical.

Desde el auge del género urbano en la década de los 80’s, sus intérpretes se han caracterizado no sólo por ser heterosexuales sino porque las letras de estos; además de machistas, no generaban identificación con todo el mundo, pues estas melodías eran dedicadas a su público y vivencias. Algo que siguió tornándose igual con el paso de los años y que realmente ha pasado en general con toda la industria.

Con la llegada del reggaetón, el trap y el rap latinoamericano, el crecimiento del género urbano a nivel mundial fue exponencial, pero fue hasta finales de la década del 2010 y a comienzos del 2020 que diferentes artistas del género, no sólo se declaran abiertamente sexualmente diversas sino que además en sus canciones hablan desde sus experiencias, lo que se vuelve importante en el reconocimiento e identidad de las vivencias de personas LGBTIQ+.

“Papi no te voy a mentir, yo quiero repetir”, “le dije mami que yo iba a volver a casa otra vez” son estribillos que se destacan en las canciones de La Cruz y Young Miko respectivamente, declarados abiertamente ‘fuera del clóset’ y quienes dedican sus líricas a gays y lesbianas. Esto sin duda pone en la palestra de la industria un referente importante de visibilización en una sociedad que, aunque cada día tiene más herramientas para educarse frente a temas diversos, sigue desconociendo e invisibilizando las vivencias diarias de estos sectores poblacionales.

Para las nuevas generaciones este reconocimiento en su crecimiento es importante ya que tener referentes, historias para identificarse y sentir que sus vivencias están representadas en artistas a los que admiran, hace que este escenario sea menos hostil, más agradable y sobre todo logra que en esta etapa, puedan identificarse y sentirse incluidxs en la sociedad.
En mi caso, un millenial nacido en 1995 que se crió escuchando temas como “Down”, “Nadie como tú” y “Virtual diva”, me hubiera encantado que el lindo de la clase me dedicara “La Sensación del Bloque” y aunque es un imaginario presente, en ese momento de mi vida simplemente estaba tratando de sobrevivir e identificarme con lo que creía que me pertenecía.

Lo que ha pasado con la música urbana en los últimos años es una patada en el trasero a la industria, pues aunque en esta, desde la década de los 2010 artistas de otros géneros ya se han declarado sexualmente diversos, disidentes del género y activistas LGBTIQ+, que cantantes como Villano Antillano, Young Miko, Ptazeta, La Cruz, Snow Tha Product, Gloria Groove, Sailorfag y Mabiland estén irrumpiendo en esa esfera ampliamente machista, transfóbica y homofóbica, y la cual sin lugar a dudas se han tomado cada vez más el mundo, abre un precedente grandísimo para la población. Pues con el asesinato en 2019 de Kevin Fret, un puertorriqueño que se abría camino en la música urbana, como el primer cantante de trap abiertamente homosexual, se creó un ambiente que además de violento, era hostil y generó mucha incertidumbre para lxs artistxs que querían abrirse camino allí.

Para La Cruz es importante romper estereotipos y le dijo al periódico El Colombiano, en febrero de 2024 “Soy un chico abiertamente gay que va al estudio a componer canciones basadas en mi experiencia, no me siento mal por contarlo. Soy de los primeros que consigue visibilidad y eso me llena de orgullo, espero que en algún momento la gente lo vea con normalidad. Estoy feliz en el punto que me encuentro de mi carrera y me gustaría que llegue también el día en que no sea el único, que sea completamente normal lo que está pasando”.

Que los espacios donde normalmente se ha perpetuado el machismo, la misoginia, transfobia, homofobia y demás formas de discriminación y segregación, hoy tengan un lugar que se han abierto con fuerza artistas LGBTIQ+, es sin duda un logro para las nuevas generaciones. Ojalá que esto siga sucediendo en todos los espectros, no solamente en la música. Merecemos estar inmortalizados, identificarnos con nuestros artistas favoritos, ver una película que muestre cómo realmente amamos, poderle dedicar a la persona que queremos lo que sentimos y sentir que pertenecemos a través del arte.

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