Cuando Juan contó que era gay nadie le creyó. Sus papás pensaron que estaba confundido. Era apenas lógico. A Juan nunca se le notó afinidad por la vida en rosa, los tacones, los ademanes femeninos, las manualidades, las artes, los musicales, el histrionismo, ni demás actividades o características que se consideran propias del homosexual. Por eso, Juan fue víctima de toda clase de maromas que hicieron sus padres para tratar de que su hijo entrara en razón. Una vecina les recomendó una iglesia donde practicaban la “restauración”, proceso mediante el cual el homosexual se “corrige”. Como nada funcionó, a Juan lo llevaron donde un reputado psicólogo. El diagnóstico estremeció a sus padres: Juan era un joven sano mentalmente con una conducta sexual distinta a la heteronormativa. A quienes les urgía una terapia psicológica era a los padres y no a él. Juan ya había asumido, con mucha madurez, su condición sexual.

Tiempo después, cuando la tormenta había amainado, a Juan se le ocurrió comentarle a su madre que quería involucrarse en el activismo Lgbti. Su mamá pegó el grito en el cielo. Se imaginó a su hijo marchando por las calles en trusa de arcoíris, con sombrilla rosada, los ojos delineados, cargando bombas de colores y con pancartas de mensajes propios de la marcha del Orgullo Gay. Pero, no. Juan se refería a otro tipo de activismo. Respetaba y estaba de acuerdo con las fiestas, el Gay Parade y todo ese tipo de celebraciones, pero él, en su sobriedad, quería algo más académico. Algo que ayudara a desmitificar la diversidad sexual y a tumbar paradigmas. La comunidad Lgbti le parecía muy diversa y así como había unos muy histriónicos, había otros más moderados en su comportamiento.

Todo esto es cierto. La comunidad Lgbti es tan diversa como la vida misma. Hay gente de todos los colores, sabores, tamaños, personalidades y profesiones. El hombre homosexual, por ejemplo, no es solo bailarín o diseñador, también hay médicos, ingenieros, abogados, etc. La mujer homosexual no es solo la de pelo corto que muere por el fútbol, también está la de ademanes muy femeninos que no se baja de unos tacones. El tema es muy complejo. La mejor forma de educar a la sociedad es a través de la política pública y de la academia. Como los políticos acá son muy conservadores (el que no lo es teme perder el apoyo de las iglesias y sus cuantiosos votantes) pues toca recurrir a las universidades. La universidad Javeriana, por ejemplo, cuenta con un grupo de instrucción en diversidad sexual llamado Stonewall. Allí realizan campañas, foros, debates y actividades lúdicas que tienen el propósito de llevar los resultados de las investigaciones históricas, psicológicas, sociológicas, biológicas, etc., a la población estudiantil y tratar de reducir la ignorancia que todavía existe frente a esta temática.

Los grupos de instrucción en diversidad sexual no “promueven” la homosexualidad, como lo quieren hacer ver algunos, sino que estudian el tema desde la razón, difunden información y educan. Que la institución educativa sea de orden religiosa no es ningún impedimento para la conformación de dichos grupos, pues el objetivo es simplemente investigar e instruir, lo mismo que debe hacer la academia con cualquier tema de la realidad. La diversidad sexual es una realidad que la sinrazón ya no pudo tapar.

Es importante hacer un llamado a los colegios y a las universidades para que asuman este tema con decoro y mucha responsabilidad. No existe una sociedad en paz si no hay tolerancia y respeto a la diferencia. A. Novinsky, sobreviviente de un campo de concentración, escribe en Carta a un educador que los peores crímenes de los que fue testigo fueron cometidos por personas que habían ido a una universidad: “Por eso, querido profesor, dudo de la educación y le formulo un pedido: ayude a sus estudiantes a volverse humanos. Su esfuerzo, profesor, nunca debe producir monstruos eruditos y cultos, psicópatas y Eichmans educados. Leer y escribir son importantes solamente si están al servicio de hacer a nuestros jóvenes seres más humanos”.

Adenda. Para instruir en diversidad sexual, el Estado colombiano debe empezar por educar a los profesores y rectores de los colegios. Ese es el primer paso. ¿Cómo es posible que un adolescente homosexual se suicide por el acoso de un rector? ¿Cualquiera puede ser rector en Colombia? ¿Hasta el más ignorante? La homofobia es pura ignorancia ¡Nos urge educación!

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