Este contenido editorial fue creado por el proyecto #TerritoriosQueConVIHven, de la Fundación Poderosas, egoCity y J+Col, con el apoyo de ENTerritorio.
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Al ser las mujeres trans, uno de los sectores poblacionales con mayor prevalencia de VIH, es recurrente el uso conjunto de la terapia TAR y la sustitución hormonal, situación que genera inquietudes, principalmente por lo poco que se ha investigado sobre las contraindicaciones de suministrar de manera simultánea ambos tratamientos.

La transexualidad hace parte de las identidades de género diversas, en la cual no existe una correlación entre su identidad de género y el sexo que le fue asignado al nacer. Se caracteriza por un deseo completo e irreversible de ser parte del género con el cual se identifica.

En dicho proceso de tránsito, las personas trans o transgénero, acuden a la atención médica y/o apoyo entre pares, lo que conlleva la administración de hormonas y, en muchas ocasiones, intervenciones quirúrgicas.

Tanto si se opta por cirugías de reasignación de sexo como si no, las personas trans requieren de la toma regular de un tratamiento hormonal que vaya modelando su cuerpo acorde con esa expresión de género deseada.

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El tratamiento TARGA y el tratamiento hormonal sustitutivo

A continuación, la información que resalta el informe de la OPS ‘Las personas transgénero y la Infección por el VIH’ del 2015 sobre el tema:

«Muchas personas transgénero usan o desean tener acceso a hormonas feminizantes o masculinizantes para hacer que su aspecto físico se corresponda con su identidad de género.

De acuerdo con el estudio Schneiders M. Values and preferences of transgender people: a qualitative study. Ginebra: Organización Mundial de la Salud; 2014, los entrevistados señalaron que muchas personas transgénero priorizan el acceso al tratamiento hormonal, antes que la atención y el tratamiento de la infección por el VIH. Por consiguiente, el acceso al tratamiento hormonal es un punto de acceso importante para la atención y el tratamiento de la infección por el VIH en las personas transgénero.

 

Desde el punto de vista médico, persiste la incertidumbre sobre si los anticonceptivos hormonales afectan a la transmisión y el contagio del VIH en las mujeres de nacimiento, y de qué manera lo hacen. Como parte del proceso de la transición corporal, las personas transgénero pueden tomar dosis de hormonas que son más altas que las que existen de forma natural.

 

«Se hace necesario comprender mejor de qué forma las hormonas usadas para la transición pueden afectar al riesgo de VIH en las personas transgénero. Los estrógenos se presentan en múltiples formulaciones, entre las que se encuentra el etinilestradiol y el 17-β estradiol. El etinilestradiol, que es la forma de estrógeno comúnmente utilizada en los anticonceptivos orales, tiene muchas interacciones farmacológicas bien caracterizadas con el tratamiento antirretroviral (TAR). Aunque las directrices de la Asociación Profesional Mundial para la Salud Transgénero (WPATH) desaconsejan el uso de etinilestradiol para la transición corporal, esta es la única formulación de estrógenos que está al alcance de algunas mujeres transgénero. Hay datos publicados que indican que el efecto de los estrógenos sobre la eficacia de los antirretrovirales (ARV) es limitado, pero el uso concomitante de ciertos medicamentos antirretrovirales puede reducir los niveles de estrógenos.

 

La testosterona y los ARV se han administrado conjuntamente durante muchos años sin que se hayan publicado notificaciones de interacciones farmacológicas problemáticas. El uso de testosterona inhibe los estrógenos, y a menudo da lugar a una atrofia vaginal (es decir, adelgazamiento y sequedad del recubrimiento de la vagina). Se ha expresado una inquietud respecto a las posibles repercusiones de la atrofia vaginal asociada a la testosterona en el riesgo de transmisión del VIH en hombres transgénero; sin embargo, no hay datos al respecto.

 

La investigación sistemática sobre la repercusión del tratamiento hormonal en la transmisión y contagio del VIH y en las interacciones farmacológicas, así como en otros efectos sobre la salud, podría ser beneficiosa para las personas transgénero.

 

Por ello, es importante ofrecer un seguimiento multidisciplinar y cercano para manejar las interacciones multidireccionales (altibajos en los niveles de hormonas) y los efectos adversos. En ciertos contextos, se puede plantear un cambio del régimen antirretroviral pensando en no comprometer su eficacia y que se pueda seguir manteniendo la carga viral lo más baja posible».


Frente a lo anterior, es interesante poder observar una conclusión a la cual llegan algunos medios científicos y estudios, donde se resalta que acompañar a las personas trans en su proceso de feminización o masculinización, garantizando la salud física y mental, por medio de la inhibición de la replicación del VIH y la erradicación de las complicaciones a corto y largo plazo, es una responsabilidad estatal a nivel social, sanitario y comunitario.

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