Las apps de ligue pueden llegar a ser un espacio bastante tosco para cualquiera.

Incluso los hombres que cumplen las características de los cánones heteronormativos, los atractivos, musculosos y “serios”, encuentran por momentos comentarios agresivos. Pero si ellos reciben rechazos, bloqueos e insultos…

¿Qué puede esperar una persona que vive con VIH?

En el momento en que decidí aprovechar la opción que me dan algunas apps de especificar mi estado serológico, lo hice más por un experimento social. Sé que hay muchos usuarios que ponen en sus perfiles que viven con VIH, pero son pocos los que lo hacen mostrando de entrada quiénes son. Completamente entendible.

Ya antes de ser abierto con mi diagnóstico me había encontrado con rechazo en estos espacios digitales, pues muchas veces tomaba la decisión de informar mi condición antes de verme con la persona. Obtuve todo tipo de respuestas: ghosting, bloqueos, curiosidad genuina, muchos “eso no importa” y uno que otro “yo también”.

Sin embargo, al ponerlo de entrada en mi perfil, abría la posibilidad a que cualquier usuario tuviera algo que decir al respecto, le estuviera yo hablando o no.

Esta ha sido mi experiencia.

De entrada, estoy casi seguro que son muchos los que no leen nada de la información que uno pueda especificar en los perfiles y simplemente saltan a pedir fotos, preguntar roles y si tiene sitio o no.

Mucho otros, desconociendo el tema, me hacen preguntas. Que qué significa ser indetectable, que hace cuánto me diagnosticaron, si el VIH tiene síntomas, que cómo me di cuenta, etc.

Usualmente la conversación no va más allá del cuestionario. Tal vez me hablaron solo para eso, tal vez no estaban tan interesados en mí o, tal vez, les pudo más su miedo a estar con una persona seropositiva, a pesar de tener a alguien dándole respuestas al respecto.

También he recibido saludos de bug chasers, de otros seropositivos emocionados de encontrar a alguien en su condición para poner tener relaciones sexuales sin preservativo (lo cual no debería ser así) y personas que simple y llanamente dicen: “Yo no culeo a pelo, pero con vos me daría mucho morbo”, volviéndonos un tipo de fantasía sexual y asumiendo que, por haber recibido un diagnóstico, lo mío es tener sexo a pelo.

Una vez, una persona me saludó muy enfático, para decirme que tuviéramos relaciones sexuales, que él tenía donde, incluso antes de que le hubiera respondido el saludo ya me había mandado su arsenal de fotografías. Solo cuando le respondí que no me interesaba, me dijo: “Menos mal, porque yo no me quiero infectar”. Curioso, ¿no es así?

Otro día, un chico que no conocía simplemente se limitó a decirme el asco que le daba el que yo pretendiera vivir con mi diagnóstico de la forma en la que lo hago como si fuera algo positivo. Me bloqueó antes de que pudiera darle una respuesta.

Y una vez, alguien, con muy buena intención, pero cargada de prejuicios me dijo:

“Parce, ese cuerpazo que usted tiene tan rico. Parezco más enfermo yo que me hice el examen la semana pasada y salió negativo”, como si los que vivimos con VIH nos viéramos como personas en sus últimos días de vida.

Pero, en realidad, la serofobia más latente no se presenta en las personas que expresan su rechazo hablando con uno, sino que lo hacen desde sus propios perfiles. “Solo limpios”, “solo sanos”, “sin cosas raras” y “libres de ITS” son algunas de las especificaciones excluyentes que se unen a tantas otras.

Pero las personas más tóxicas no son las que lo dicen explícitamente, porque como lo hemos visto con las demás fobias sociales, los que intentan pasar de agache son lo más dañinos. Me refiero a los tantos usuarios que consideran que no hay ninguna otra información relevante sobre ellos más allá a que son “negativos”. Sí, son muchísimos perfiles que no tienen ni foto, edad, rol, lo que buscan, nada; simplemente dicen: “Estado de VIH: Negativo”, como si eso es lo único que los hace válidos para que alguien se quiera acostar con ellos.

Aquí estoy hablando solo de mis experiencias, porque he visto lo que comparten otros activistas del VIH de otros países y sé que los comentarios de odio pueden ir mucho más lejos, pero yo tengo la “suerte” de que así viva con el virus, soy “masculino”, “atlético”, “atractivo” y “tengo dinero”, porque bien sabemos lo discriminatorios y superficiales que podemos ser los hombres gais y si bien yo podré cargar la “enfermedad” que tanto odian, al menos encajo en otros de sus ideales.

Pero no, ni los seropositivos, ni los femeninos, ni los pasivos, ni los gordos, ni ninguno de nosotros nos iremos a ningún lado, porque tenemos el mismo derecho a ligar, a culear, a disfrutar, a amar, a morbosear, a desear y ser deseados que todos los demás.

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