Pablo es un amigo de un amigo que se ha pasado buscando el amor en todas partes, incluyendo Grindr, Manhunt, Tinder, Facebook, Twitter, bares, discotecas, etc. Por supuesto que en esas búsquedas se ha desviado de su cometido y ha terminado encontrando otras cosas menos idílicas, más carnales y fugaces. Muy normal. Sin embargo, persiste y sigue atento, muy vigilante, pues cree que el amor de su vida puede estar por ahí en cualquier parte y no quiere que pase de largo por andar distraído.

Un día cualquiera, mientras caminaba hacia la universidad, sucedió algo parecido a lo que siempre había soñado. Un carro lujoso, ostentoso, de altísima gama, se detuvo a su altura y le pitó. La ventanilla del pasajero bajó y Pablo pudo ver a un hombre joven y guapo que lo invitaba a subir. Casualmente estudiaban en el mismo lugar. Por la cabeza de Pablo pasaron en ese instante todas las advertencias de su madre respecto a los peligros de los extraños, pero también retumbaban los ideales del príncipe azul que nos rescata de una vida ordinaria y común y nos lleva al paraíso, a la gloria del amor y la abundancia. Finalmente, como era obvio, por culpa de tanta película y telenovela, se montó en el carro. Además de que el personaje, en sus palabras, era “bien”. Otra de nuestras grandes creencias irracionales: equiparamos el dinero a las buenas intenciones.

Durante el trayecto a la Universidad, el hombre le preguntó a Pablo si le gustaban los hombres o las mujeres. Pablo, que es inexorable y completamente homosexual, contestó que los dos. Sintió miedo de que el personaje hiciera parte de una legión homofóbica y prefirió contestar de la forma más “neutral” posible. Para su sorpresa, recibió la misma respuesta de su interlocutor. Apenas llegaron a su destino, intercambiaron números y quedaron de hablar por whatsapp. Pablo pasó el resto del día con esa alegría que uno siente cuando cree que es inminente la realización de los sueños.

Durante los siguientes días las conversaciones fueron constantes. Al principio Pablo juró haber encontrado al príncipe azul, pero este se fue destiñendo con el transcurso del tiempo. El personaje le contó que tenía novia, pero que se había ido a realizar la práctica al exterior. Le dijo que estaba muy interesado en experimentar con hombres y que lo invitaba a su apartamento. Ya Pablo, avezado en el mundo gay, sabía que ese príncipe no era más que en un hombre de closet (enclosetado), cuyos impulsos habían sido reprimidos por tanto tiempo que estaban a punto de estallar. Ahí no iba a haber amor. Pero sí aventura, riesgo y peligro. Y eso lo atraía. Quiso cortar de tajo con aquella andanza, pero prefirió seguir hablándole. Eso sí, evadió la visita al apartamento, quería ahondar más en aquel individuo.

Un día cualquiera a Pablo se le ocurrió preguntarle al expríncipe enclosetado qué pasaría si su novia se enterara de sus impulsos homosexuales y de sus intentos por satisfacerlos. El expríncipe se sintió amenazado y le contestó con determinación: “Te mato”. Hasta aquí llegó la historia, pues Pablo eliminó el contacto de su celular y huyó despavorido de su vida.

Pablo considera execrable sacar del clóset a alguien y jamás lo haría. Cada cual vive su proceso y tiene su propia historia. Nadie tiene el derecho a meterse en la vida de nadie y respeta a las personas que no han asumido su sexualidad. Sin embargo, ahora prefiere intentar amoríos con hombres que, como él, ya vivan su sexualidad sin tapujos, sin vergüenza, incluso con orgullo. La homosexualidad es una orientación sexual natural que no merece la clandestinidad ni la represión.

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