Tal vez comenzar los antirretrovirales es una manera de empezar de nuevo la vida, luego de un diagnóstico de VIH.

Por: Anónimo*

Luego de mi diagnóstico, en un mes cualquiera del año, con insistencia mi médica decía que debía empezar a tomar unas pastillas que sin lugar a duda se convertirían en una manera de comenzar de nuevo, una etapa de mi vida de la que no estaba muy seguro si estaba dispuesto a afrontar.

Suficiente había sido el afrontar mi diagnóstico, y eso que, para ese entonces el asunto no estaba completamente resuelto, sabiendo que a pesar de ser una resignificación de vida para muchos, durará toda una vida el ‘resolverlo’.

Yo no me sentía mal, ni enfermo, ni con ninguna razón de peso para decir que tenía que comenzar y mantener de por vida un hábito que, aunque era muy consciente del beneficio que traería para mí y para mi salud, le tenía el temor más grande.

Recuerdo que fue por el mes de junio o de julio que me entregaron mi primer y hasta ahora único esquema de antirretrovirales. Pinches pastillas que de primera me hacían pensar: suficiente tengo con saber que vivo con VIH, como para recordarme todos los días al tomarme esta mierda lo enfermo que estoy. Y es que, no sé si para ustedes fue fácil el tomar la decisión, todos los casos somos demasiado diferentes, pero por lo menos para mí, ese primer acercamiento con el Tratamiento Antirretroviral no fue de las mejores cosas que me pudieran pasar.

Por esos meses, fui como 5 veces a consulta con el químico, psicólogo, enfermera y hasta creo que faltó que me dieran consulta con la chica de recepción con tal de convencerme de iniciar el tratamiento, tal vez en su afán de cumplir indicadores, o de verdad contribuir con mi bienestar como pacientes; pero no, yo no quería, estaba convencido que si no me dolía nada, pues no tenía que tomar nada.

En ese entonces yo tenía pareja, eramos dos chicos seropositivos comenzando a vivir en la onda del VIH y confieso que a pesar de no haber tenido un final tan feliz le agradezco por haber estado ahí para darme su mano, un abrazo, una palabra y motivarme a tomar esa difícil decisión. Para él era más sencillo el cuento porque tenía los CD4 por el techo; yo desafortunadamente, no.

Nunca sentí envidia por él ni por su proceso, pero en muchas ocasiones pensaba:

Tal vez la tienes muy fácil, pero si fueras vos quien tuviera que tomar esa decisión ¿de verdad estarías en la capacidad de hacerlo?

En todo caso, no siendo esta una historia trágica de amor seropositiva, a los 6 meses aproximadamente, mi médica me dijo: “no es prudente que esperemos más, espero que para cuando tengamos la próxima cita me tengas buenas noticias”. Y claro, uno sigue pensando lo peor, porque justo era diciembre y uno como buen comelón, luego de las miles de recomendaciones para una buena adherencia, no lo veía muy conveniente hacerlo justo en ese mes, siendo ésta la excusa más pendeja para seguir negándome a algo que era muy consciente que debía hacer para mi bien.

Diciembre pasó y en esos primeros días de enero se llegó el día en que debía tomar esa ‘difícil decisión’. Sabía que era para mi bien, sabía que me traería tranquilidad el saber que tomarme esas pastillas mejoraría mucho mi calidad de vida, en el presente de ese entonces y a futuro. Fue curioso porque le dije a mi pareja: “estoy listo” y el pendejo no entendió a qué me refería luego de haber hablado del tema todos los días.

Una vez le expliqué, le puse fecha a ese importante comienzo, que por segunda vez daría en mi vida, refiriéndome a segundo porque el primero fue aceptar que vivía con con VIH, y pues estas líneas no narran la manera como me diagnosticaron ni nada, pero egoCity tiene historias bacanas sobre eso, bien puedan vayan y lean. Así, decidí dar este gran paso haciendo lo que más disfrutaba hacer, comer.

VIH
Ilustrador: Alejo Díaz -Instagram: @alejolio_

Mi pareja me invitó a cenar en un lindo lugar, fue una noche muy agradable y luego de un rato y según las indicaciones que ya me sabía de memoria de cómo debía iniciar, saqué aquellas dos pastillas y las puse sobre la mesa. Pedí un vaso con agua, respire profundo y…

Empecé a llorar. No pude, de verdad no pude.

No me sentía capaz, sentía que iba a depender toda mi vida de tener que tomarme una pastilla para estar bien, para que el VIH no se consumiera cada parte de mi ser; sentía que iba a tener que inventar un montón de excusas para decirle a la gente cuando me preguntaran sobre ellas; sentía que mi vida cambiaría totalmente “no podes tomar, no puedes comer tal y tal cosa, no podes esto, no podes aquello” para garantizar la correcta adherencia. Por qué si yo no pedí esto para mi vida, tenía que ser un adulto siendo aún un niño, y tomar una decisión. Una decisión que me permitiría empezar de nuevo.

Luego del drama, respiré y pensé que tenía que mirar las cosas de una manera diferente, una vez comenzara no podía parar y no quería hacerlo porque quería tener una buena adherencia. Eran dos pastillas, una amarilla (Efavirenz) y una azul (Truvada) dos colores que me gustaban mucho. Y me dije:

“Piensa en dos cosas que quisieras tener siempre, algo que jamas quisieras perder en la vida, algo que te motive a seguir, a no caer y colócales ese nombre a cada una; de esa manera, cada que te tomes el medicamento podrás asociar esas dos pastillas a esas dos cosas que no quisieras perder”.

Fue mi manera de establecer un mecanismo que me ayudaría a tomar esa decisión pero sobre todo a mantenerla; fue mi manera de darle sentido a una situación que mejoraría mi calidad de vida y me motivaría a no dejarlo, a no dejarme vencer.

No puedo decir que fue fácil, mi esquema tenía efectos secundarios que entendía que debían pasar para sentirme bien y tuve que aprender a vivir con ellos. Hasta me llené de puntos rojos por casi todo el cuerpo, parecía una mazorca andando por todo lado, y aunque no es fácil verte pasar por esas situaciones que no hacían parte de tu cotidianidad, era parte de aceptar ese proceso, de empezar de nuevo y no dejarse caer.

Hoy, luego de mucho tiempo puedo decir que me siento muy bien, gracias a mi manera de amar mi diagnóstico, aunque suene algo paradójico. Gracias a los “sueños” y “alegrías” que todos los días me tomo sagradamente para mantenerme indetectable junto con otras cositas que uno le suma como la alimentación, el cuidado, el ejercicio pero sobre todo disfrutar de esas pequeñas y grandes cosas de la vida.

Estoy seguro que todes aquelles seropositives que vivimos esta experiencia lo hicimos de manera muy diferente. Tal vez a mí me pasó así, y no crean, a veces le ponemos palabras bonitas a situaciones que no son tan color de rosa, pero también es bonito hablar de lo que nos cuesta con amor. No se trata que deban sentirse identificados con la historia, eso es lo bonito del cuento, todos tenemos realidades demasiado diferentes. Pero tal vez se trate de reconocer en las historias del otre lo que somos, tenemos y vivimos en común.

No teman a sentir miedo, pero jamás dejen que los venza y llenen su vida de razones para continuar y aplica para todes. Para los que llevamos muchos años diagnosticados y para aquellos que apenas inician su primer empezar de nuevo, busquen ayuda cuando sea necesario, de su red de apoyo, de su familia, de sus amigos, de los servicios comunitarios y de salud. No les de miedo poner acciones legales cuando se nos niegan los servicios, los medicamentos sobre todo, y hagamos respetar nuestros derechos.

Cada situación que vivimos es una oportunidad de empezar de nuevo, por primera, segunda o por las veces que sea. No temas empezar de nuevo, una y otra vez.

Como cuñita, les dejo el link de algunas organizaciones muy buenas en su trabajo y que en diferentes campos nos pueden ayudar con un empujoncito para empezar de nuevo.

Y por supuesto egoCity
https://egocitymgz.com/

*La persona que realizó este texto solicitó permanecer anómina.


Este artículo hace parte de un trabajo de redacción realizado por el autor resultado del Diplomado de Periodismo para la Diversidad: Historias No Contadas “Narrando desde otro punto de vista”, iniciativa creada por egoCity con la Secretaría de Comunicaciones de la Alcaldía de Medellín y la certificación de CEDENORTE Institución Técnica, para la visibilización de los sectores poblacionales LGBTI de Medellín.

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