Hace unos días en redes sociales se abrió un debate sobre la existencia de un nuevo comportamiento de opresión dentro de las comunidades de hombres GBT+, en el que las personas de cuerpos hegemónicos sienten que están siendo violentados y oprimidos por otra parte de la población LGBTI+ por sus cuerpos.

En los últimos años se ha hecho un señalamiento a sectores LGBTI+ por los comportamientos tóxicos y negativos que se pueden llegar a tener en donde, la masculinidad tóxica, los micromachismos, la lipofobia y la plumofobia están en la cima de situaciones que nos demuestran que algunas personas creen que tener o ser un tipo de homosexual los jerarquiza en una posición de privilegio sobre los demás.

La conversación empezó debido a un video en el que un diseñador asiático derramaba un trago sobre un bailarín en un bar estadounidense, a lo que le llamaron “musculofobia”:

Queriéndose referir a la opresión que viven las personas de cuerpos trabajados en el gimnasio, por su dedicación y empeño por conseguir cierto tipo de figura; y cabe anotar que desde mi parte no hay más que admiración por las personas que pueden y convierten una parte importante de su vida el entrenamiento físico, porque conseguir esos resultados requieren esfuerzo, tiempo y dedicación; pero es que, por lo mismo, muchos de ellos son puestos en una posición de privilegio frente a otras experiencias de personas homosexuales.

El machismo sigue vivo y latente

De eso nos podemos dar cuenta en las aplicaciones de encuentros en donde es común ver mensajes y encabezados en los que se le impide a personas femeninas, gordas o diferentes hablarles o demostrar interés hacia otros, por lo que parece ser una insuficiencia de belleza o una comparación que va más allá de las preferencias.

En un estudio de “Psychology of Sexual Orientation and Gender Diversity”, las investigadoras Olivia Foster-Gimbel y Renee Engel explican que un tercio de la población estudiada ha recibido comportamientos, antigordos (lipofóbicos) en este tipo de aplicaciones en la mayoría de los casos hacia personas que ni siquiera podrían estar catalogados como con “sobrepeso” si se hiciera un estudio de su índice de masa corporal.

En el estudio hacen la comparación de lo que muchas personas en estas aplicaciones podrían considerar como alguien “gordo” (fat), junto a una persona de la misma talla pero heterosexual, demostrando como el primero si estuviera en un bar e invitará a alguien a hablar, tendría más posibilidad de ser ignorado, burlado o insultado que su contraparte. Y esto solamente hablando desde la experiencia corporal, cuando hablamos de otros espectros la violencia puede ser peor.

Personas queer, diferentes y con pluma, son víctimas de actos violentos dentro de la propia comunidad, por no encajar en lo que algunos creen que debería ser la forma de ser homosexuales y se han visto negadas al punto de tener que crear sus propios espacios, alejadas de toda la experiencia tóxica de una masculinidad obligada por parte de los que pensaríamos entenderían lo que es la discriminación.

Esto y más tipos de violencias han sido el diario vivir de muchas personas dentro de los sectores LGBTI+, sobre todos los hombres gay, bi, queer que por lo mismo empezaron a usar sus voces para señalar estos comportamientos, y dejar de ver al que se puede considerar el macho convencional por la falta de coherencia en su forma de actuar.

Y es que cabe resaltar, que no existe nada malo con encajar en los roles que la sociedad ha puesto, si en realidad es lo que tú eres y deseas, pero qué porque tú estés dentro de los mismos, no signifique que puedes violentar u oprimir a quiénes son diferentes a ti.

Si se puede llegar a decir que existe un rechazo hacia las personas que encajan dentro de estos cánones de belleza, lo que probablemente pueda llegar a ser un mecanismo de defensa, no hay justificación para la violencia, ni para los actos que vengan desde el odio cuando lo que deberíamos hacer es construir desde nuestra diferencia… Pero hablar de “fobia” hacia una población que goza de privilegios que otros no, puede no ser la palabra correcta de la situación.

En lugar de buscar lugares o situaciones en las que nos sintamos oprimidos o rechazados, como población empecemos a entablar las discusiones correctas con las que nos alejemos de los señalamientos a otros por sus cuerpos, por sus personalidades o sus gustos, siendo respetuosos, tolerantes y sobre todo, comprendiendo que dentro de la población mundial seguimos siendo una minoría y que entre todos debemos buscar una sociedad realmente igual.


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