¿Y si hablamos un rato del bienestar de las personas que vivimos con VIH?

Lo vemos en pancartas, campañas y posteos. Desde que el estudio Partners II dio a conocer en 2016 que efectivamente una persona con VIH indetectable no tiene riesgo de transmitir el virus a sus parejas este se ha vuelto una consigna del activismo y la pedagogía del VIH. ¡Indetectable = Intrasmisible! Gritamos todes. No nos tengan miedo, no nos discriminen que nos les vamos a transmitir el virus. ¿Pero es acaso eso lo único que debería importar a la hora de tomar nuestro tratamiento, a la hora de vivir y convivir con este diagnóstico?

Es importante que empecemos a hablar de los beneficios que trae el ser indetectable para nuestra salud y nuestros planes a futuro, que no todos están relacionados con tener una relación o una familia. Claro que para nosotros también es una alegría saber que no le vamos a transmitir el virus a nadie. Nos da tranquilidad y alegría, pero creo que si diversificamos la narrativa podemos llevar a más personas a tener relaciones positivas con su tratamiento antirretroviral.

Me acuerdo que cuando recibí mi prueba positiva de VIH lo primero que hizo mi cabeza fue organizar una lista de cosas que yo pensaba que ya no podría hacer desde ese punto en adelante, todo lo que sentí iba a perder por este diagnóstico. Tener pareja fue una de ellas, pero también pensé que no podría hacer ejercicio o viajar. Creí que no iba a terminar la universidad o si acaso cumplir mi sueño de desarrollarme profesionalmente. Sentí que perdía la vida.

Aún así con esos miedos encima empecé el tratamiento sabiendo que era la única herramienta que tenía a la mano para seguir adelante, pero no sentía que tenía nada asegurado, hasta que poco a poco yo mismo me fui mostrando que estaba bien y cada vez mejor. Luego el día que recibí mi resultado de indetectable, me monté en el bus que me llevaba a mi casa y empecé a llamar a las personas que sabían en ese momento. Mi papá, mamá y algunos de mis amigos.

¡Lo estaba logrando! Ya podía estar más tranquilo, ya podía vivir.

Cuando una persona con VIH empieza a tomar su tratamiento inmediatamente empieza a tener impactos positivos en su cuerpo, además de la supresión viral. Primero detiene la inflamación crónica, la cual es una respuesta del cuerpo al tener una infección latente. Cuando alguien no conoce su diagnóstico o no está en tratamiento, su organismo está en constante alerta para combatir el virus y esto lo desgasta, por así decirlo. Por eso se habla que las personas con VIH de alguna forma “envejecen más rápido”, pero esto es cuando no se tiene acceso a los medicamentos. Así pues, el empezar a tomar el tratamiento de entrada nos mejora la calidad de vida.

Por otro lado, está el hecho de que controla el virus y deja de ser un factor que disminuye nuestras defensas. La recuperación inmunológica comienza incluso desde antes de alcanzar la indetectabilidad, pero es al llegar a este punto ya estamos seguros que no hay una carga viral que siga afectando nuestros CD4. De esta forma quienes tuvimos diagnósticos oportunos nunca vemos realmente nuestras defensas bajas y quienes pudieron incluso llegar a un estadío sida pueden volver a tener sistemas inmunes fuertes.

Es más, hasta que no empecemos a hablar a fondo de esto y explicarle a las personas cómo es que funciona el tratamiento antirretroviral en nuestro cuerpo la gente no va a terminar de entenderlo y comprender su importancia más allá de solo volvernos intransmisibles.

¿Qué hace la medicina? Suprime el virus. ¿Y esto qué significa para nuestra salud? Que ya no vamos a tener ese virus afectando nuestro sistema inmune y por eso podemos tener vidas normales con expectativas de vida hasta de 80 años.

Claro está que hay personas que en el tiempo en que se demoran ser diagnosticadas y empezar el tratamiento pueden desarrollar las famosas infecciones oportunistas, que son enfermedades causadas por diferentes hongos, bacterias y virus que habitan en el ambiente y normalmente no generan dolencias porque el cuerpo tiene la capacidad de defenderse contra ellas, pero al bajar el sistema inmune sí pueden desarrollar complicaciones. Incluso en estos casos el tratamiento ayuda a la persona porque, aunque no trate la enfermedad en específico, sí permite que el cuerpo se pueda concentrar en ella pueda llevar procesos curativos efectivos.

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Y, por último, pero no menos importante, es la manera en que las personas que llegan a estadío sida logren salir de ahí y volver a tener sistemas inmunes competentes. Es la forma en la que logramos reducir la tasa de mortalidad de complicaciones relacionadas con sida y la razón por la que el VIH se volvió una enfermedad crónica desde finales de los 90. Es decir, una condición médica con la que se vive.

Si vemos las cifras de la Organización Mundial de la Salud, las muertes relacionadas con VIH han reducido en un 68% desde su mayor pico en números de casos en 2004. ¿Por qué dejamos estos puntos fuera de nuestras campañas informativas sobre VIH? ¿Importa más que no transmitimos el virus a que ya no tengamos que morir a causa de este diagnóstico?

Estos aspectos de calidad de vida tienen que llegar al centro de la discusión porque también son argumentos para exigir mejores tratamientos para nosotros y cambios de esquema para aquellos que estén presentando efectos secundarios. Si entendemos que el único objetivo no es solo la intransmisibilidad del virus, comprenderíamos el porqué es primordial que el esquema que tomemos no nos afecte nuestro día a día.

Necesitamos y merecemos vivir bien y tranquilos.

Con todo esto es que podemos seguir con nuestras vidas y cumplir los planes que tengamos para el corto y largo plazo. Yo me tomo mis pastillas todos los días porque quiero llegar a viejo bien, después de haber trabajado en lo que me gusta, bailado en cientos de fiestas y disfrutado mi cuerpo como me plazca, porque me siento vital, fuerte y capaz.

Mi indetectabilidad me permite tener una vida sexual más tranquila, es cierto. Pero también es verdad que las demás personas tienen diferentes herramientas para prevenir el VIH en sus cuerpos: la PrEP, la PeP, el condón, el lubricante, etc.; por eso es que estoy cansado que hablen como si la principal razón para yo tomarme los antirretrovirales cada noche sea el poder “proteger” a alguien, cuando me estoy cuidando soy yo. Soy indetectable por mí.

donlopezlopez
FOTOGRAFÍA: Miguel Ángel López López

ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA EGOCITY N°17 – PRIMAVERA QUEER (CLIC AQUÍ PARA VERLA COMPLETA)

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