La Señorita María nos recuerda que Colombia está llena de Historias No Contadas

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Tras primera plana ayer, domingo 5 de marzo, en El Espectador con el artículo “María Luisa: la falda de la montaña” vemos como el cine incluyente está teniendo su mejor momento.

“Me pongo falda porque a nuestra virgen maría usted nunca la ve con pantalón”

El Oscar a Mejor Película jamás había sido entregado a un film que contiene en su argumento la temática LGBT, ello nos colocó en el punto más alto. Ahora en el Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias la muestra del documental “Señorita María: la falda de la montaña”, de Rubén Mendoza, nos recuerda que nuestras historias tienen que ser contadas.

Tenemos voz y poco a poco la hacemos sentir en todos los rincones. En este caso Mendoza, con su lente, a través de la historia de María en su diario vivir, la rutina de una campesina transexual como nunca se había visto en el cine nacional, nos da un papel protagónico en una historia humilde, sencilla pero llena de diversidad.

“Es como si no existiera en este mundo”

Esta pieza documental retrata de forma profunda la vida de María Luisa, una campesina que habita una vereda del municipio de Boavita (Boyacá) y su diaria confrontación, con la realidad campesina.

Abraza la oración católica y la ve como un refugio espiritual para sobrellevar una vida marcada por una infancia difícil, con padres ausentes y padres sustitutos, con una confrontación sexual temprana y sus ansias de vivir “normal”.

“Para mi Dios todos somos iguales”

Un film que no nos muestra con super poderes, al revés, bajo la simpleza de una campesina retrata lo duro que es la aceptación de la sexualidad, la cotidianidad bajo el estigma y las ansias de sentirnos feliz siendo lo que somos.

Necesitamos más historias como las de Mendoza, más films incluyentes en el FICCI y más espacios donde las Historias No Contadas hablen por sí solas.

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