¿Qué aprendí del conversatorio?

Bueno, primero que uno sí puedo tomar demasiado té Hatsu en un solo día. Gran ventaja-desventaja de ser uno de los organizadores del evento. ¿Que si puedes tomar más de una botella? Claro que sí, no quiero cargar el resto hasta mi casa esta noche. Segundo, que aunque el periodismo LGBT es un nicho reducido, definitivamente resalta en calidad, más que en cantidad.

Gracias a los aportes en el primer conversatorio – taller académico de egoCity de Sunnivie Brydum, editorial manager de Advocate.com, Manuel Bermúdez y Hernando Muñoz; me di cuenta que el trabajo periodístico LGBT es de suprema importancia porque los medios tradicionales han dado mil y un ejemplos de que no son capaces de tratar correctamente estos temas. A pesar que como es bien sabido, y como quedó muy claro por uno de los ponentes, sus salas de redacción están llenos de ‘maricas’.

Como lo dije una vez: “El mundo está lleno de maricas, y uno que otro homosexual”. Y nos toca es a nosotros mismos darnos una voz, propia, sincera y atrevida. Si algo en verdad me queda es que no podemos procurar huir del estigma y los prejuicios, de la palabra marica y sus derivados… pues somos todo eso. Lo que ellos no saben, es que somos todo eso y más. Y por eso es nuestra voz la que más alto se debe escuchar; nosotros mismos no podemos ser homofóbicos.

Por ejemplo, hablando de la marcha del orgullo gay y del “Orgullo” en general. Así, en mayúscula, comillas y negrilla si es posible. Nos sentimos orgullosos de usar bandanas de todos los colores en los bolsillos traseros del jean, en usar tutús rosas, tacones, en escuchar música pop, cantar, bailar, gritar; de la misma manera que nos sentimos orgullosos de todos los políticos, activistas, académicos, artistas, atletas y todas las personas que de una forma u otra nos representan.

No le podemos temer a todos los colores del arcoíris, porque la comunidad LGBT es y debe ser diversa. Así de sencillo. Y como periodistas, debemos darle voz y cabida a todo lo que esto incluye. ¿O por qué creen que las marchas LGBT más grandes del mundo tienen participación de políticos, activistas y gente borracha por igual? Es que eso somos: declaraciones y diversión.

Tal vez en las charlas se hacía referencia al uso de la palabra marica. Y yo, personalmente, no le veo ningún problema. Yo soy marica, como mis compañeros lo son, como los ponentes lo son; y todos bailamos y cantamos con el mismo placer con el que investigamos y escribimos. Por esa razón, si algo fue lo que aprendí de este corto, pero sustancioso taller es que yo como un hombre gay no le voy a temer a lo bueno, a lo malo, o a nada de mi comunidad. Y si algo necesitamos como comunidad es presentar una contra voz a esos medios tradicionales, heteronormativos, conservadores y demás apelativos que podría buscar; pero sin obviar cada aspecto de nuestra diversidad. Pues en últimas, es en la claridad de la lluvia que se ven los colores del arcoíris.

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