Este texto hace parte de una recopilación de historias realizadas por su autor bajo el nombre: NO SOY UN NOMBRE NORMAL.


Las calles de los barrios repletos de casas y apartamentos, los escritorios en las oficinas y las ventanas de los buses en el transporte público esconden historias de hombres reales. De esos que lejos de los preceptos y de la monotonía que puede representar ser un hombre hecho y derecho, de buenas costumbres, “ejemplar”, cuentan sus propias historias desde una masculinidad que se inquieta, se reconstruye y edifica nuevas maneras de alteridad, de amor propio y de supervivencia.

¿Quiénes son esos hombres a los que intentan prohibirles botar pluma en la disco, a los que han señalado de enfermos, fueron desterrados e intentaron matar a patadas y arrebatarles el alma? Son ellos, se sienten cómodos en su piel cicatrizada, tienen nombre e historia.


Se siente cómodx tanto en la piel de Daniel, como en la de Mercedes y admite sin pudor que a veces se confunden entre sí porque está acostumbradx a habitar ambos cuerpos, sabe que es más lo que Daniel ha aprendido de Mercedes que lo que Mercedes ha aprendido de Daniel, pero es él quien, como un alfarero, le da vida a ella. 

Se topó de casualidad con el performance drag y a sus 27 años, entiende que unas veces uno va en búsqueda de cosas y otras veces las cosas simplemente lo encuentran a uno: Un viejo amigo le contó que para la Marcha del Orgullo Gay del 2018 en Medellín, su novio y él se iban a trepar (o sea, se iban a montar en tacones) y la idea le gustó, se les pegó al parche. No tenía ni idea de cómo maquillarse, recrear un cuerpo de mujer, ni ponerse guapa, pero estaba animado por dar a luz a una mujer que, aunque parecía un accidente, se moría de ganas de nacer.

El nombre de Mercedes se lo debe a la gran admiración que le profesa a la cantante de música folclórica Mercedes Sosa, porque Mercedes es Latinoamérica, dice, y anota que conceptos como marica o sudaca usados para tratarnos de manera peyorativa, ha sido necesario resignificarlos para cargarlos de dignidad. Pero no quería ser Sosa, le parecía aburrido, y entonces pensó en otra Mercedes, esta vez Benz, pero nada de llevar su nombre de pila de mujer casada, pues el divorcio le dejó grandes aprendizajes: Explorar su sexualidad, volverse a sentir libre, tener nuevos sueños y adoptar un apellido sin rótulos de una vida pasada: Notbenz. Así nació ella.

Ese es su mensaje e invitación. Es consciente y empática con las realidades de las mujeres de mediana edad y que se sienten rotas porque las labores del hogar no le dejan tiempo para sí mismas, se han dejado de sentir bonitas porque están siempre en función de su núcleo familiar, son madres a veces no por decisión propia, si no por obligación de los roles preestablecidos, probablemente se divorciaron o se sienten frustradas por las mentiras que se creyeron en los cuentos de hadas de infancia. Están aburridas, son sumisas, se sienten engañadas.

Mercedes no, pisando los 40 ella se siente sexy, fresca, creativa, renovada. No le preocupa ser la más bella, la más joven o la mejor vestida y no permite que le censuren el bailado, la coquetería, el ritmo y las ganas de vivir. Para ella es importante hablar de la sexualidad de las mujeres mayores, pues ellas tienen sexo, se excitan, todavía como a Grace & Frankie, les dan mariposas en el estómago.

No hay mayor maricada que intentar ser “macho” 

Más joven estaba convencido de que tenía que alejarse de lo que para él representaba ser gay, pues le tenía pavor a caer en esos estereotipos: Se corregía cuando una emoción repentina en la disco lo hacía gritar y bailar de emoción, no se permitía sentar con las piernas cruzadas y sentía que podría ser un hombre gay ejemplar cuanto más cerca estuviera a la construcción social de lo masculino.

Mercedes Notbenz
FOTO: Daisy Thokora

¡Se olvidó de esa maricada! Cayó en cuenta de lo violento que podía ser exigirse y exigirle a lxs demás actuar de una manera en la que no se sentían propixs, por eso, se molesta cuando en las distintas aplicaciones le preguntan si es serio, sornero o no bota pluma. Contesta que no y que sí: que no es serio, que no es sornero ni machito, y que bota todas las plumas que quiera, porque entiende que detrás del “masc x masc” hay escondido un solapamiento y una violencia que habla de lo incrustado del patriarcado en nuestra cultura, y no cree que sea algo para seguir valorando. Su apuesta, consciente de que hay tantas expresiones de género como personas en el mundo, está basada en la construcción de masculinidades no hegemónicas.

La violencia implícita 

Daniel se considera privilegiado, trabaja en procesos artísticos y culturales y eso no solo le ha permitido convivir más o menos armoniosamente en diferentes contextos, si no que le ha dado algunas licencias y le ha aportado grandes posibilidades de liderazgo, por eso para él es casi una obligación tener una respuesta activa ante eso, pues se define como un ciudadano responsable de su realidad y que hace parte de un sector poblacional vulnerado. 

En los zapatos de Mercedes se ha dado cuenta de lo difícil que es caminar por los adoquines de Medellín en tacones, de lo que representa subirse al transporte público, de lo expuesta que se siente cuando desde un carro le gritan algo por la ventana y de la violencia implícita que hay en la mirada silenciosa de la gente, en el juicio permanente, en las comparaciones. 

Por eso en Medellín, por ejemplo, sigue siendo necesario salir en grupo: Cultura Drag, Las Comadrags y hoy New Queers on the Block se han creado por la necesidad de estar juntas. Anota:

“Siete drags juntas entran donde sea” 

Pero también hay otras violencias, y hace una pausa para hablar de las trans, me dice:

“Culturalmente hemos usado el término travesti de manera despectiva para referirnos a personas transgénero, ellas son aún más vulnerables: muchas veces les dejan de pagar la universidad en su casa, no les dan empleo, las exponen, las abandonan y están muy propensas a la violencia en ambientes de poder en los que están en posición de sumisión”. 

Incomodidad y lucha 

Le pregunto si es necesario incomodar y me dice que no, aunque sabe que con los 1.88 centímetros que mide cuando está trepada puede ser intimidante. Se ríe. 

Siente que más que incomodar, para ganar aliadxs no es necesario abordar a lxs otrxs desde la confrontación porque eso crea más barreras, sí desde la empatía y la transformación de su propio contexto, me dice: “La gente quiere pasar tiempo con drags, las personas quieren ese show a su lado”. Por eso se siente simpática, juguetona y aguerrida. Ni para Mercedes, ni para Daniel es difícil sacarle la sonrisa a alguien en la calle, abordar a alguna persona para bailar en la disco o reaccionar ante un comentario transfóbico.

Me hace una alerta cuando me pongo optimista:

“¡En una ciudad como Medellín nos falta mucho! Me advierte, hacemos parte de una región a la que la constituye la doble moral, en donde importa muchísimo el que dirán y unx nunca sabe que es lo que realmente está pensando la gente. He caído en cuenta que cuando me monto a un Uber como Mercedes, el conductor repite mi nombre, Daniel, incluso más veces que cuando estoy en mis propios zapatos. ¿Eso qué quiere decir? Que para él es importante reforzar que lo que lleva en su carro es finalmente un hombre, pero vestido de mujer”. 

El primer vestido que se puso lo tomó del closet de su mamá y cada que Mercedes se está alistando recuerda que como dice Ru Paul: “nacimos desnudos y el resto es Drag”. Y por eso a veces se confunde, pues tanto Mercedes como Daniel entendieron que reconocer el cuerpo es reconocer en él otras formas de expresarse y que todo lo que nos ponemos está construyendo lo que para nosotrxs significa ser eso que estamos recreando, patentando, imitando, al fin, siendo

Daniel, ¿y cuál es tu lucha? Le pregunto y se turba, se reacomoda y me dice que la pregunta es muy difícil, aunque la respuesta realmente me sorprende:

“No hay una sola lucha. Mi lucha es la equidad de género, la revolución sexual, el acceso al agua potable, la educación gratuita y de calidad, el reconocimiento y respeto étnico y racial, el trabajo digno. ¡Hay tantas luchas!”

Continúa: “En Colombia necesitamos dejar de decir esta es mi lucha, todxs deberíamos tener una sola lucha: la dignidad del ser humano, y una relación entre las personas basada en el respeto, en el amor y en la empatía hacia el otro. Una en la que haya más humanidad y menos seres humanos”.


Este artículo hace parte de un trabajo de redacción realizado por el autor resultado del Diplomado de Periodismo para la Diversidad: Historias No Contadas “Narrando desde otro punto de vista”, iniciativa creada por egoCity con la Secretaría de Comunicaciones de la Alcaldía de Medellín y la certificación de CEDENORTE Institución Técnica, para la visibilización de los sectores poblacionales LGBTI de Medellín.

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