Después de años de ardua lucha y de la unión como colectivo, la población LGBTI ha logrado como en ningún otro momento histórico una gran cohesión que se ha visto reflejada en una mayor inclusión en la sociedad, visibilidad y reconocimiento de derechos que antes parecían una utopía, pero como la gran lucha de las minorías, este suele ser un camino largo y al cual hay que hacerle frente desde varios campos, uno de ellos es el de la salud.

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Desde las disciplinas asistenciales se vienen realizando varios esfuerzos por entender, documentar e implementar políticas que permitan un acceso sin barreras de ninguna índole a la comunidad LGBTI a los servicios de salud, los entes gubernamentales han entendido que la exclusión además de promover la discriminación se comportan como un amplificador de las problemáticas que viven estas minorías y que terminan afectando todo su entorno.

Gracias a estudios promovidos por centros Universitarios con gran autoridad en el ámbito académico, se tiene claro que la población LGBTI es una minoría en riesgo, por ejemplo, se tienen datos de la mayor prevalencia de consumo de tabaco, alcohol y sustancias psicoactivas en esta comunidad lo cual se comporta en muchos casos, como el detonante de enfermedades mentales como la depresión, ansiedad, TDAH e incrementa la homofobia internalizada.

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Un gran porcentaje de esta comunidad proviene de familias disfuncionales, en algunos rangos de edades ( adolescentes y juventud temprana) se identificó cómo se triplica  el riesgo de suicidios (1).

Los adultos mayores tienen más dificultades para acceder a servicios sociales, además de sufrir de forma más explícita el señalamiento por parte de la población que los asiste lo cual obliga a que muchos de ellos “vuelvan al closet” en esta etapa de sus vidas.

Las mujeres lesbianas tienen mayores dificultades para acceder a programas de prevención de cáncer, además de tener un aumento en las probabilidades de padecer algún nivel de obesidad; según datos oficiales del Ministerio de Salud de los  EE.UU los hombres gais y bisexuales representan solo el 4% de la población pero padecen el 61% de todos los casos nuevos de VIH, la población transexual tiene los índices más altos de ETS, enfermedades mentales y el mayor reporte de agresiones físicas y psicológicas.   

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En lo concerniente a la salud física, casi todas las estrategias de prevención y promoción están dirigidas al control del  VIH/SIDA, ignorando que la población LGBTI debido a sus prácticas sexuales bastante diversas también están expuestos a otras ETS como son la Sífilis, Gonorrea, Clamidia, Herpes, Hepatitis A y C, además de patologías propias de la región ano-rectal como son fístulas, fisuras, hemorroides en diferentes grados, pérdida de tonicidad de los esfínteres,  condilomatosis, abscesos entre otros.

Pero dado el estigma y el tabú que envuelve a estas condiciones sumado a la falta de idoneidad de la mayoría del personal clínico asistencial, dichos temas difícilmente se abordan en una consulta médica rutinaria, lo cual obliga al paciente miembro de la comunidad a recurrir a prácticas o al uso medicamentos inadecuados recomendados por personal no experto y que pueden agravar aún más la enfermedad de base.

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Por eso desde Guía E, queremos unirnos a la iniciativa “Equality in healthcare: The formation and ongoing legacy of an LGBT advisory council” que promueve desde el 2015 a nivel internacional mejoraría en los estándares en la atención clínica de la población LGBTI y eliminar barreras de acceso.

Se ha documentado que la mejor forma de empezar a implementar estos cambios es gestionando la creación de espacios en las IPS donde se puedan aplicar modelos organizacionales que incluyan: Líderes empoderados, asignación de recursos, entrenamiento,  constante investigación en el tema, intercambio de saberes entre instituciones, integración de miembros de la comunidad LGBTI interesados en realizar propuestas, gestión continua del cambio y monitoreo de los compromisos adquiridos con la diversidad.

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Se hace urgente también, la capacitación de personal asistencial que con mucho profesionalismo genere empatía, confianza y sea capaz de reconocer todos los cambios emocionales y corporales que son particulares en la población LGBTI y actué en consecuencia con ello.

  1.        Lee C, Oliffe JL, Kelly MT, Ferlatte O. Depression and Suicidality in Gay Men: Implications for Health Care Providers. Am J Mens Health. 2017;11(4):910–9.
  2.        Eckstrand KL, Lunn MR, Yehia BR. Applying Organizational Change to Promote Lesbian, Gay, Bisexual, and Transgender Inclusion and Reduce Health Disparities. LGBT Heal [Internet]. 2017;4(3):174–80. Available from: http://online.liebertpub.com/doi/10.1089/lgbt.2015.0148

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