Más de un año llevamos viviendo estas dinámicas de la pandemia del COVID-19 a la que nadie estaba preparadx. En marzo del año pasado nos encerraron, llenos de angustia y preguntas.

Mientras el virus se esparcía por el mundo, las personas que vivimos con VIH nos vimos sumidas en nuestras propias preocupaciones.

¿Este nuevo virus me puede afectar más a mí? ¿Cómo voy a reclamar el medicamento si tengo que estar en cuarentena? ¿Y si mi familia me escucha en mi cita virtual? ¿Se pueden acabar los medicamentos? ¿Nos van a dejar de atender por enfocarse en el coronavirus?

Como pase de tranquilidad, rápidamente empezaron a llegar informaciones necesarias: El simple hecho de tener VIH no nos hacía más vulnerables ni a adquirir el coronavirus, ni a desarrollar complicaciones. Sin embargo, en medio del caos y el encierro, ¿Cómo íbamos a solucionar nuestras necesidades de tratamiento, seguimiento y acompañamiento?

MásQueTresLetras se unió a Laboratorios Richmond Colombia para investigar estas situaciones y ver si pudieron afectar la adherencia al tratamiento antirretroviral-ARV durante el primer año de pandemia. Entiendo que, para los que vivimos con este diagnóstico, es de suprema importancia tener el medicamento y tomarlo como es debido para poder estar bien de salud.

Realizamos una encuesta que llenaron 477 personas con su experiencia. Con respuestas de pacientes que tienen entre 18 y 72 años e incluyendo hombres, mujeres y gente que se identifica con alguna otra identidad de género y tanto quienes ya estaban en tratamiento antes de que comenzara la pandemia, como los que recibieron el diagnóstico durante este tiempo.

La respuesta no fue uniforme. Aunque la mayoría no vio afectada su adherencia (72,2% en quienes ya estaban en tratamiento y 76,8% en nuevos diagnosticados), vimos un preocupante número de problemas en este tema en un 27,8% y 23,2% respectivamente.

¿Qué sucedió durante este primer año de pandemia para que encontremos estas diferencias? ¿Cuáles fueron los aciertos y cuáles fueron las problemáticas? ¿Por qué incluso cuando antes de la pandemia reportaron un 93,2% de adherencia, este número bajó casi dos decimales porcentuales? Intentaremos responder estas preguntas.

La mayoría de los encuestados que vieron afectada su adherencia indicaron que la razón fue la dificultad para reclamar o recibir los medicamentos durante este tiempo, a pesar de que gran parte de las EPS implementaron un plan de entrega de medicamentos a domicilio, pero ahí mismo encontramos la segunda razón más común: Demora en las atenciones o envío del tratamiento.

La siguiente causa más común fueron problemas relacionados con la privacidad en sus hogares.

El VIH, a diferencia de otras condiciones médicas, tiene esa particularidad que muchas personas lo viven en silencio, sin siquiera contarlo a las personas con las que viven. Así que tuvieron que enfrentarse de repente con la decisión de contar su diagnóstico o buscar maneras de recibir el medicamento y tener las citas médicas cuando todxs estaban encerrados en el mismo espacio.

Igual reportaron casos en donde las EPS los desvincularon debido a que se quedaron sin trabajo durante la pandemia. Situación a la que diversas ONG ayudamos con acciones de tutela para hacer respetar el derecho que está en la Ley 972 de 2005 y estipula que así la persona deje de cotizar, se le debe seguir dando el tratamiento completo.

Es importante señalar que el Gobierno sacó el Decreto Ley 538/2020 y la Circular 23/2020 donde establecía el ADRES, una respuesta a los altos índices de desempleo y le daba a las personas la posibilidad de seguir afiliados como “activos por emergencia”.

Aún con estas medidas, las personas reportaron problemas con su adherencia debido a dificultades para asumir su diagnóstico, efectos secundarios, depresión, problemas familiares, incluso siete personas mencionaron que no tuvieron deseos de continuar con el tratamiento.

Toda esta situación nos recuerda que los que vivimos con VIH tenemos unas series de necesidades que deben ser respondidas por las entidades y las autoridades encargadas de la salud.

Este diagnóstico necesita un tratamiento médico y necesita también un esquema social.

Y recordemos que es algo que nos incluye a todxs, hasta las personas que no viven con este diagnóstico. ¿Por qué? Porque una adherencia correcta a los medicamentos aporta además a las metas 90-90-90 de ONUSIDA que de cumplirse podrían acabar con la incidencia del VIH. Este trabajo es de todxs.

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