Hace un año escribí “Sin VIH no hay orgullo”, porque tenía rabia y porque me sentía decepcionadx y excluidx de lo que celebraban en ese “mes de la diversidad”.

Este año tengo una mirada más panorámica, menos miedo, creo que fue restrictiva mi afirmación, pero sigo sintiendo que muches (más de lo que percibía) quedamos fuera de ese Orgullo que se celebra.

Hoy siento que no solo sin VIH no hay orgullo.

Sin migrantxs no hay orgullo.

Sin pirobas no hay orgullo.

Sin traviarcas no hay orgullo.

Sin placer no hay orgullo.

Sin sororidad no hay orgullo.

Sin hablar de diversidad funcional no hay orgullo.

Sin dignidad humana no hay orgullo.

Sin personas disidentes sexuales viviendo con cáncer no hay orgullo.

Sin cuestionarnos los privilegios no hay orgullo.

Sin viejxs no hay orgullo.

Sin niñez trans no hay orgullo.

Sin serodiscordantes no hay orgullo.

Sin negrxs.

Sin mestizxs no hay orgullo.

Sin mulatxs no hay orgullo.

Sin indígenas no hay orgullo.

Sin flores no hay orgullo.

Sin brujxs no hay orgullo.

Sin memoria, sin nuestra memoria no hay orgullo.

Sin hablar de consumo de drogas sin criminalizar no hay orgullo.

Sin meter nuestras necesidades en el paro nacional no hay orgullo.

Sin promiscuxs no hay orgullo.

Sin buen vivir no hay orgullo.

Sin bicicletas (bisexualxs) no hay orgullo.

Sin flexibles (lesboflexibles, homoflexibles) no hay orgullo.

Sin pansexuales son hay orgullo.

Sin asexuales son hay orgullo.

Sin salud mental no hay orgullo.

Sin gordxs no hay orgullo.

Sin amigues no hay orgullo.

Sin todes no hay orgullo.

Sin amor para todes no hay orgullo.

Aprovecho y les pregunto
¿Quiénes nos faltan para celebrar el orgullo?

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