Son las 8 de la noche y suena una alarma. Sebastián busca en su bolso, saca una pastilla azul y se la toma. Luego va donde su novio y le pregunta: “Lindo, ¿ya te tomaste tu medicina?”. A lo que él responde: “Ya lo voy a hacer, gracias”.

Esto pasa cada noche, a veces estando juntos, a veces estando separados, pero se volvió la costumbre de esta pareja serodiscordante, es decir, que una persona vive con VIH y la otra no. Por eso, mientras él se toma el medicamento de la profilaxis preexposición –PrEP– que previene la infección; su pareja toma los antirretrovirales que controlan al virus y le permiten ser indetectable. Que sí, que esto lo hace intransmisible; pero este par decidió apostarle a la prevención combinada.

Aquí su historia:

Su nombre es Sebastián Arcos, un paisa bastante conocido entre los círculos sociales queer de Medellín, Colombia. Porque habla mucho, porque baila más, porque siempre está presente. Después de apostarle a la escena drag con New Queers On The Block y al activismo LGBT+ con No Te Lo Calles; ahora se suma a hablar y educar en temas de PrEP gracias al trabajo que hace desde la iniciativa MásQueTresLetras.

Su pareja se podría llamar Camilo, Santiago o incluso María, no tiene mucha importancia para lo que vamos a hablar, porque las historias son muy similares cuando hablamos de relaciones que deciden apostarle al amor, al placer y al cuidado mutuo. Ellos dos podrían ser cualquier par de novios que hicieron frente a la decisión de tener un sexo más seguro.

La primera vez que Sebastián escuchó sobre la PrEP fue hace ocho años cuando un amigo suyo que se había ido a vivir a Nueva York vino de visita a Medellín. Desde la ‘Ciudad que Nunca Duerme’ llegó con una noticia que le quitaría el sueño esa noche: Por allá le dan una pastilla a las personas que previene la infección por VIH, incluso cuando no se utiliza condón. ‘¿Qué, qué, Gorda?’, preguntó Sebastián. Con otras palabras… Probablemente.

La misma sorpresa se la llevó cuando años después, al visitar esta ciudad, vería el metro de Nueva York lleno de publicidad y campañas públicas sobre el uso de este tratamiento, mientras que en Colombia las personas todavía seguían sin siquiera conocer su existencia.

“Los primeros pensamientos que yo tuve fueron muy encontrados, porque igual siento que nosotros como población vivimos un estigma muy fuerte. Es como si el VIH fuera un castigo, es lo que nos han dicho siempre. Eso nos hace vivir con pánico por lo que yo siempre había utilizado condón y no es como algo que estuviera pensando que lo necesitaba en mi vida, pero sí me sorprendió mucho el ver que había algo tan avanzado”, señala.

Como le sucede a muchas personas cuando les hablan de PrEP por primera vez, Sebastián pensó que era un excusa para coger a pelo, una invitación a la irresponsabilidad, la causa de otros males. Lo pensó él, lo manifestó su familia cuando les contó, se lo han dicho algunes amigues desde que lo hizo público. Prejuicios, que no nos sorprendan.

“Son temas que no se hablan. Siento que se intenta ocultar la sexualidad en les jóvenes diverses y eso desencadena en prácticas no seguras y no conscientes. Encima el VIH es la que lleva más carga moral y sobre todo siendo de la población. Al tener relaciones sexuales digamos que hay como una barrera de cohibición, como que no hay una liberación total, ni una oportunidad de poder disfrutar totalmente el placer que se supone que nos libera, pero como población siempre está esa enfermedad. Como se nombraba horriblemente: ‘Aparte de maricón es sidoso’”, comenta.

Entonces las cosas se dieron para que este medicamento terminara en sus manos más pronto de lo que él planeaba. Sebastián tiene el objetivo de ir a estudiar a Alemania, más específicamente en Berlín, y sabía que allí podría encontrar la asesoría y la seguridad que no había visto en Colombia para acceder al tratamiento. Sin embargo, PrEP+ respondió a sus necesidades.

Él se decidió al ver que recibió asesoría médica virtual, con una profesional que además le ha respondido todas sus dudas por WhatsApp, y un programa que le facilitaba los exámenes y los envíos del medicamento de una manera sencilla. ¿Cómo no? Era fácil, rápido y confidencial.

 

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Además, Sebastián se estaba enamorando cada vez más de este chico que una vez mientras estaban acostados le compartió que vivía con VIH, que estaba en tratamiento y era indetectable, que quería que lo supiera porque deseaba estar tranquilo a su lado. Y entre más métodos de prevención, más seguridad podían tener los dos.

Conversemos un poco sobre la prevención combinada, el foco de las nuevas estrategias para reducir la incidencia del VIH y, también, el pilar que fortaleció este amor serodiscordante. Cuando hablamos de esta estrategia nos referimos a las personas, solteras o en pareja, que deciden utilizar dos o más métodos de protección para reducir los riesgos en el sexo.

Entre las opciones encontramos, por supuesto, al condón, que además funciona para proteger contra otras ITS; pero también tenemos el tratamiento como prevención (la bandera que conocemos como indetectable = intrasmisible), la PrEP, la profilaxis posexposición- PeP, los exámenes de chequeo, el uso de lubricantes, la educación sexual, las prácticas de reducción de riesgo, entre otras.

Lo maravilloso de la prevención combinada es que se puede acomodar a las necesidades y gustos de cada quien. ¿No te gusta el preservativo? Aquí están otras opciones. ¿Te gusta el preservativo, pero quieres más herramientas? Mira con lo que lo puedes complementar.

Como lo pensaba Sebastián: “Lo hablaba con mi pareja y en un punto también volvemos a lo mismo: el cuidado es personal y cada quien tiene sus herramientas. Sabemos que esa indetectabilidad funciona si se lleva el tratamiento al pie de la letra y en un punto esa responsabilidad es solamente de la persona que vive con el diagnóstico, entonces no solamente por mí, sino también por él, fue quitarnos un peso de encima”.

Esa pequeña pastilla azul se volvió una maestra para Sebastián y lo acercó a la experiencia de vida de las personas con VIH que deben tomar un tratamiento. Los posibles efectos secundarios que tendría, fue una de las preguntas que rondó su mente a la hora de arrancar el tratamiento y razón suficiente para postergar su inicio aún con los medicamentos ya en sus manos.

“A mí me llegó la pastilla una semana antes de la Marcha del Orgullo, entonces yo decidí guardarla porque tenía miedo de los efectos secundarios. Me daba susto porque ya comenzarlo era un hecho, un compromiso. En un punto las cargué, me las llevé y dije que las iba a empezar ese día. Lo hice y tuve efectos secundarios como una piquiña en el cuerpo que me duró un par de días. Me hizo pensar también que yo estaba viviendo esto por elección y quienes viven con VIH no tienen otra alternativa, ahora entiendo mucho de sus conflictos con el medicamento”, recuerda.

Una relación que ha sido cruzada por el VIH de la manera más amorosa y respetuosa posible. Desde ese día ambos decidieron una estrategia para apoyarse mutuamente en temas de adherencia: Sebastián se tomaría la PrEP a la misma hora que su novio toma su esquema ARV. Así fue que empezó a sonar esa alarma a las 8 de la noche.

“Cuando uno sale con alguien, intima mucho y en esa intimidad uno se vuelve vulnerable y a través de esa vulnerabilidad me he dado cuenta lo mucho que ha marcado ese tema en su vida. Y las muchas agresiones y violencias que ha tenido que sufrir. Mi relación con el VIH cambió impresionante, porque al salir con una persona que lo vive uno se da cuenta de muchas cosas que se invisibilizan por más información que uno tenga. Creo que si algo nos ha enseñado esta pandemia es que el cuidado personal afecta al cuidado colectivo y viceversa. Y así como lo personal es político, por eso comparto mi experiencia, que es eso, una experiencia más, no es la única ni la más válida o correcta”, dice Sebastián.

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