Winer Ramírez es un joven colombiano residente en París, Francia, que se reconoce a si mismo como marica y migrante en una ciudad donde es necesario hablar del abuso y la homofobia.

Tal y como lo publicó a través de sus redes sociales y lo expresó en entrevista con Agencia EFE, el pasado 26 de agosto a las 5:30 a.m. en Le Marais, reconocido como el barrio gay de París, Ramírez y un amigo suyo buscaron defender a una mujer que estaba siendo acosada sexualmente por dos hombres y una mujer.

“Sí, soy un marica orgulloso de serlo y no te tengo miedo”

Salir a la defensa frente a este caso de asalto sexual, terminó en un ataque homofóbico en su contra, el cual luego de una serie de insultos y golpes, lo tiró al suelo con múltiples golpes que lo enviaron de hospitalización luego de quedar inconsciente, mientras que la mujer huyó y diferentes testigos pasaron desapercibidos ignorando lo que sucedía en su contra.

Finalmente, un hombre “racializado” logró ayudarlo y la policía capturó a uno de los atacantes, mientras las otras dos personas escapaban. Este hecho contra Winer Ramírez, más allá de dejar en evidencia la violencia sexual en contra de las mujeres, pone sobre la mesa la homofobia y xenofobia de una sociedad como la francesa, además de su indiferencia.

Al día siguiente del ataque Ramírez publicó en sus redes Facebook: “Pensamos que siendo ‘maricas’ rodeados de otros ‘maricas’ esto no nos ocurrirá nunca en un barrio conocido por estar frecuentado por gays” exponiendo su caso.

“La lucha continúa, lucharemos con lo que podamos”

Winer Ramírez se reconoce como activista LGBTIQ+ y feminista, participa en diferentes organizaciones y además trabaja con un colectivo para migrantes latinoamericanos, a lo cual atribuye el alto impacto en medio franceses

“Somos sororarios y feministas, porque no nos imaginamos una lucha de ‘maricas’ sin las mujeres”, exaltó Ramírez antes agencia EFE.

Ahora, luego de lo sucedido en París, exalta que más allá de la violencia que ha vivido en América Latina, lo que realmente evidencia todo lo que falta por hacer es que esto se viva en un país como Francia, donde las realidades sociales deberían ser diferentes.

“He vivido violencias verbales y físicas por la calle, pero que eso se reproduzca en París, en el barrio gay, ante los ojos de los viandantes que pasan, evidencia lo mucho que queda por hacer”.

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