“Considero que todo el tema de la búsqueda de mi identidad me ha dado un estrés emocional muy fuerte y eso pesa, más que el activismo mismo”

Zunga la perra roja
Foto: Facebook.com

Zunga nace en 1992 en Curillo, Caquetá, un municipio reconocido como epicentro del conflicto armado, debido a su pasado altamente marcado por la presencia de cuerpos paramilitares y de la guerrilla.

Vivió su infancia y adolescencia con su madre, una mujer soltera que se hizo cargo de su familia y su subsistencia. Tuvo 6 hermanos con los que se crió y creció, su mayor relación de convivencia la compartió con sus hermanas ya que sus hermanos empezaron a trabajar desde muy jóvenes. “Yo tuve una infancia muy bonita, yo jugaba a la profesora, a la cocina y me ponía las faldas de mis hermanas, juegos asociados a niñas, “mariconaditas”

Ingresar a la escuela primaria se convirtió en uno de los momentos más emotivos que recuerda,  pese haber desconocido por aquella época que su notable “amaneramiento” sentenciaría su estadía en ese lugar. “Yo sabía que algo tenia, estaba el bichito de la mariquita por allá picando” Un particular y muy pronunciado quiebre de manos lograba atrapar la atención de sus compañeros, a raíz de lo cual, surgían notables sentimientos de sufrimiento que abordaba desde su interior, “cuando entré,  todo mundo se me quedaba viendo como una lechuza y yo pensaba: ¡Que! ¿Porque me están escaneando?”

En un lugar que vive constantemente azotado por la injusta causa del conflicto armado y paramilitar, la desdicha no fue nada ajena para Zunga. Estando aún en el colegio, sus clases se vieron interrumpidas por las trágicas noticias que embarcaron a su familia “una cosa muy harta, yo supe que algo había pasado cuando mis hermanas llegaron a mi clase llorando y me sacaron a la fuerza del colegio”, en medio del impresionante encuentro con sus hermanas, estas solo le compartieron a ella la prontitud de su presencia en su hogar y aunque no entendía nada de la situación que se vivía en el momento, al ver ya un ataúd en su casa fue cuando comprendió mejor la circunstancia, yacía su tío muerto. La realidad existente de los grupos armados se volvía más visible y menos creíble. “yo estaba realmente en una burbuja”.

Zunga la perra roja
Foto: Cristhian Diaz Cano

“Mi hermano fue una perdida resultado de los paramilitares en Nariño, cerca de Tumaco, él era un agricultor”  Consecutivo a la muerte de su tío, tiempo después otra tragedia de la misma naturaleza aflige nuevamente su familia, con la que su madre emprendió una desolada travesía para el encuentro, en esta ocasión, con su hermano. “siempre he pensado que mi mamá es una verraca al traer los restos de mi hermano, de su hijo, en una balsa, un féretro, eso es algo que ninguna madre y ningún ser humano merece vivir, una semana duró tal viaje por río y por tierra, una tortura emocional que no esperaba volver a presenciar en su vida.

La reparación y afectación de las víctimas en todo lo correspondiente al duelo, no concierne verdaderamente a la solución que se espera por parte de la población, que a su vez, no ha podido hacer valer aquellos daños a los que han sido llevados durante los años, toda acción implementada se queda corta frente a lo que verdaderamente se vive, y es por ello mismo que Zunga infiere en que debe repensarse una estrategia de reintegración de las familias que han quedado destrozadas por temas del conflicto armado, “yo llevo 10 años y a mí no me han reparado nada, ni a mí ni a mi familia”.

Con el tiempo, se encara a una densa situación de intolerancia con la que ya no se sentía cómoda en su colegio y la cual ya anticipaban sus compañeros de clase con la manera en que se dirigían y se comportaban con ella “Uno a esa edad no tiene consciencia de la discriminación…No conocía entonces el significado de esa palabra” Los constantes enfrentamientos con esta realidad dieron pie a que comenzara con el proceso de cuestionar todo lo que era, todo lo que tenía, batallando una lucha que establecía dentro de sí misma- “uno no es feliz”– a través del incesante señalamiento que lograba configurar un estado de reclusión de su persona, con su mundo, acto que le llevo a no poder idealizar para sí una vida “normal”

Dado el tipo de relaciones que lograba entablar con las personas, siempre limitadas y pasajeras, no encontró más refugio que en los libros –“Me toco ser buena”- un estado de conformidad que avistaba el rumbo que podría regir en adelante su vida, no premeditándose al resultado y siempre correspondiendo desde allí a un tema netamente académico para su proyecto personal; “todos se olvidaban del tema de la marica, porque es buena estudiante“ de cierta manera, todo este tipo de cosas fueron camuflando y sopesando un poco la realidad de su historia “Me sentí muy utilizada también de mucha gente por ello

Zunga la perra roja
Foto: Facebook.com / Actualización 30/09/18

Estos desencuentros a los que se vio expuesta desde muy temprano, siempre estuvieron acompañados por un círculo de protección familiar, algo que le llenó de seguridad al asumirse como quien realmente es -“Las mamás son más conscientes y saben que a uno le va a pasar algo” – la idea de contar con la familia y sus seres amados en muchas de las ocasiones, posibilitó y fortaleció ese deseo de entregarse de lleno al mundo social y político.

El ejercicio de las economías populares, hizo parte también de su desarrollo personal y familiar durante su adolescencia, algo de lo que significativamente, en la actualidad se siente muy orgullosa.

“yo era la marica que vendía tamales, arepas, papas rellenas, empanadas… Esto porque me tocaba, yo no soy una loca rica ni privilegiada, yo soy una loca estrato 1 que hace lo que hace todo colombiano para sobrevivir en el mundo de las oportunidades”.

Por otro lado, la religión jugó un papel muy decisivo en su vida, como parte de esa incansable búsqueda de la paz interior que tanto necesitaba en la tarea de aceptarse tal y quien es. Ejerció como monaguillo de la iglesia católica “Yo decía que no, que no, yo iba a la misa y decía: ¡señor auxilio!” y luego de pasar por la mayoría de los sacramentos correspondientes a esta religión -“me confirme como una loca”- decide dejarla al tiempo, pues no era algo que realmente sintiera le estuviera ayudando con su propósito, esto para comenzar a tomar estudios bíblicos con los testigos de Jehová –“ni se imaginan a la marica con corbata y todo”– los cuales no duraron más de algunos días.  Finalmente optó por quedar exenta de todo este ambiente “Fui a busca al señor y encontré a los señores”

Aunque ya era un tema que conocía por completo, se reprimía el tener que aterrizar esa idea, ella sabía que algo tenía y que poco a poco lo iría descubriendo conforme se desarrollara a plenitud su identidad. A lo largo de su niñez y adolescencia, su familia estuvo al tanto de su orientación sexual, sin embargo, siempre se manejó desde la negación, un hecho que acarreó una mayor intimidad consigo misma durante su proceso.

Zunga la perra roja
Foto: Diana Rey Melo

Gran parte de su vida estuvo influenciada por el movimiento cultural que se ofrecía en Curillo. Haciendo parte de los grupos de teatro y de radio, pudo visualizarse un poco más allá en su quehacer y proyección personal –“Soy una teatrera”- muy contrario a lo que le permitía aceptar su verdadera realidad en su hogar “yo tenía que salir de allá, yo no quería ser la marica de pueblo, pues ya lo era, pero quería algo más para mi vida”

Cada encuentro de cara con el conflicto armado causó en su entorno familiar ciertas rupturas, luego de la muerte de su tío y su hermano no se volvió a sentir de la misma manera esa unión que llenaba de calidez su hogar, frente a lo cual se pudo dar cuenta de que su tiempo en ese lugar era finito, ya había llegado a su término, no por el temor de llegar a ser una posible víctima de la mano de los cuerpos paramilitares, sino porque ya era tiempo de escribir otro capítulo en la historia de su vida, poder cambiar el concepto de “no ser la victima que siempre va a estar ahí necesitando del gobierno”

Zunga la perra roja
Foto: Facebook.com

Cultivado su gusto por el estudio y la academia de manera más pasional, su ambición por ser alguien en la vida e insistencia frente a la necesidad que tenía por re descubrirse en otros contextos, alimentaron  incluso hasta el día de hoy, su motivación de seguir avanzando y poder materializar todo lo que ha proyectado para sí misma correspondiendo a la decisión tomada de seguir su propio camino “yo sabía que era buena, no podía desperdiciarme en un pueblo donde no sabía que iba a pasar conmigo realmente”  un aliento que recobró y fortaleció al salir de su municipio, un entorno tergiverso y manchado por el conflicto armado, la discriminación y la inseguridad, aunque estos primeros pasos que se aproximó a dar no la llevaron a más de unas cuantas horas de su hogar, Zunga comienza a desarrollarse de nuevo, con un mejor aire en Florencia, Caquetá.

Trabajar por una mayor visibilización con todo el trasfondo que ameritan las victimas LGBTI (que en realidad existen) se volvió parte de su construcción política, comprendiendo que ciertamente como parte de población diversa se tiene una necesidad de reconocimiento por estos derechos.

“Literalmente no saben cómo reparar a las victimas LGBTI, por la multiplicidad de violencias que atraviesa mi cuerpo, yo creo que es muy difícil lograr como atender a ese tipo de población que fue afectada tan dura y diferencialmente”

Tras ingresar a la universidad, la distancia con su familia cobró mayor fuerza pese a ser la primera integrante en acceder a la educación superior. Una vez estando en aquel lugar comienza a cuestionar todo sobre sí, un proceso en el que ella entendió que no era víctima del conflicto por cuestión de su identidad de género, ella lo era realmente por un tema de familia, del conflicto, por lo que la decisión de dejar su hogar permitió unirse más a su mamá y familiares de nuevo, asimilando y reconociendo conscientemente que algo había pasado y que no iba a olvidar, que la distancia que ahora los separaba no podía fortalecerse negativamente. Esta reflexión hizo que en segundo lugar quedara todo lo relacionado con respecto a su sexualidad e identidad.

Zunga la perra roja
Foto: Ricardo Vargas Silva

“Zunga La perra Roja”, es la representación en carne y hueso de lo que solo fue un personaje, una idea jocosa en medio de la lucha social. Un alter ego que creció en calidad de ser contestatario y revolucionario –“yo ni siquiera le di las proporciones de un insulto”- que impone de frente a todos aquellos precedentes que encaminan todo el tema del posicionamiento mediante el desaire como herramienta de acción transformadora y de impacto, consiguiendo al mismo tiempo abrir nuevos escenarios de discusiones políticas y sociales, sobre todo en el contexto trans.

El trasfondo que enmarca su nombre, se encauza como sinónimo de una fuerza de empoderamiento hacia un ideal, una transgresión a lo establecido en busca de una transformación mediante el impacto del “Ser”.

Zunga la perra roja
Foto: Diana Rey Melo/Alejandro Gomez Dugand

Con su participación en la marcha anti-taurina, celebrada durante el marco coyuntural de la MANE (Mesa Amplia Nacional de Estudiantes) Zunga apropia un compromiso más social, tomando partido de su faceta artística como intervención en solidaridad con el movimiento,  dio paso a aquella puesta en escena que le concedió una importante visibilidad. “A mí se me ocurrió vestirme de perra, yo no tenía un nombre, no sé yo era toda teatrera, entonces alguien me dijo, un amigo: ¡usted si es mucha Zunga¡” A partir de allí nació su nueva identidad, la cual se fue descubriendo en un ambiente político, hallando en el “insulto” una forma en la que podía quebrantar cualquier paradigma, logrando transitar en el envío de mensajes fuertes, una necesidad propia de ser escuchada.

Zunga es consciente de sí misma, sabe quién es y qué es lo que quiere para su realización personal, la construcción social y política en la que se identifica como persona trans. Aunque no ha avanzado en su transición de género, es algo que tiene muy presente, un gran paso que para ella, le llevará a trascender en su vida y que trae sin duda consigo muchos sentimientos de incertidumbre, temor y ansiedad.

“Yo tengo miedo… miedo porque, yo en estos momentos estoy entrando… no se mi transito hasta donde ira… estoy en búsqueda de mi identidad, porque creo que no la tengo, incluso la etiqueta trans no define totalmente lo que yo soy, aunque es lo que más me acerca por tema de construcción política, pero no identitaria”

La creación y masificación del estereotipo de la población LGBTI, surge como una nueva forma de victimización en la sociedad. Un espacio que no permite facilitar procesos de poder frente a los diferentes contextos.

“Yo soy una defensora de la paz, amo la paz, la paz es divina, la paz le penetra a uno el rostro, la piel, todo el cuerpo, pero todo el problema de la discriminación social latente e histórica continua…”

Más allá de lo que concierne al tema LGBTI, se debe crear una apertura al reconocimiento de todo el argumento poblacional, de sus derechos y acceso a la oferta de bienes y servicios. “No se puede exigir lo que no existe”, un deber primordial es repasar todos los temas de inclusión de manera mucho más profunda, respaldando una garantía real de estos derechos que en sí, ya están escritos, para luego entrar a disputar los que hacen falta. Educación, vivienda, salud y hasta reparación en el tema de víctimas del conflicto armado, son contextos que no se pueden dejar de lado al momento de movilizarse y luchar por una mayor visibilización.

Zunga la perra roja
Foto: Facebook.com

La discriminación se presenta de manera más silenciosa en su diario vivir, las miradas y murmullos que tachan y encasillan directamente su identidad, son el resultado de la misma ignorancia en la que aún se irgue la sociedad con respecto a la diversidad, lo que dentro de su concepción personal, se debe una respuesta acorde a esa predisposición generada en la incomprensión de su “Ser” ante cualquier escenario habitado “yo primero veo con quien me voy a encontrar y pienso temáticamente como voy a ir vestida” un abanico de personalidades y facetas se articulan en la reconstrucción de si, desde el arte.

“Quiero poner en crisis desde mi propia indumentaria esa normalidad, llegar a irrumpir, a hacer desorden en los espacios con mi sola presencia, transformarme en un mensaje político bueno.”

La gente aprende por medio del miedo, una mala estrategia que no se recomienda implementar en ningún discurso de orden social o político, y sin embargo, rige el horizonte de muchas de las acciones, medidas y decisiones que se toman en la construcción de sociedad “las personas pecan por miedo a preguntar”.

El no cuestionarse a sí mismos, ni si quiera a ella como un tercero, el trasfondo de su nombre, su manera de reinventarse, y pensar que eso es lo correspondiente a la población LGBT, conlleva a que en los mismos escenarios de debate hayan prácticas de discriminación a través del lenguaje y reconocimiento del otro “si no me gusta que me llamen por mi nombre jurídico, entonces lo hago saber. No me respeta quien no me reconoce”

La apuesta por la paz presidida en su trabajo personal y social se concibe dentro de una plataforma creada como una opción alterna, que le da vía libre para trabajar en el posicionamiento y defensa de los derechos de todas las poblaciones, en especial la población LGBT “yo considero que todo este tipo de propuestas correspondientes a los temas de la paz deberían mantenerse mayormente informadas y apoyadas por el gobierno”

“Yo no soy la voz de nadie,  yo me tengo a mi misma, pero creo que es inevitable que se creen representaciones sociales por que hay aproximación a algunas luchas, pero yo no hablo por nadie”

Dedicada a ser una inconforme social, no deja pensamiento alguno sin lugar para ser expresado en cada espacio y escenario de construcción política, estratega nata de su lucha, representa a una persona que le da cara a las instituciones para decirles lo que está mal en su momento preciso y con sus respectivos argumentos “soy como la piedra en el zapato institucional, pero creo que es necesario ayudarle a la institución más que ir a echar piedra”

‘Una figura que ha sido perseguida políticamente’, como se considera ella misma, por factores tales como lo son su orientación sexual e identidad de género. Una identidad no normativa, no binaria, que se interpela en el orden social establecido y da frente a lo que debería ser estereotípicamente, una mujer trans “yo no soy la mujer trans con tetas, ni la mujer trans bonita, no me interesa ser bonita, me interesa solo utilizar mi cuerpo como una herramienta de expresión política” un ideal que propone de alguna manera, avanzar junto al discurso de las identidades formativas, algo que cansa por su tecnicidad, pero dentro del cual se reconoce una labor que pone en crisis a la sociedad, llamando su atención frente a todo el tema de convivencia y reconocimiento en razón de la misma diferencia como algo positivo, un pilar fundamental.

Foto: Ricardo Vargas Silva

 

Hay muchas cosas pendientes aún que permitirían consolidar la paz a nivel territorial y no de manera centralista como lo puede estar pensando el gobierno y el ministerio del post conflicto, una postura de gran fuerza, pero todo el tema de presupuesto se está perdiendo en la burocracia”

Las agendas LGBT, son necesarias fundamentalmente para hacer frente a todo este tipo de luchas aunadas como población, “nos dedicamos a ser un loby bastante superficial de todo este movimiento” un trabajo de inclusión que se debe empezar desde adentro, desde las mismas personas diversas que objetivamente comparten un objetivo en común, pero donde en la mayoría de casos, se desconoce a las personas trans como un foco de visibilización parte de esta lucha por la igualdad

“nadie nos llama y somos quienes visibilizamos mayormente la población, pero las que menos participación tenemos. No les importan nuestras propias agendas”

Por ello, la aparición de personajes históricos dentro de la corriente de diversidad como León Zuleta o Manuel Velandia, delimitan para ella momentos y circunstancias que albergan grandes aportes al movimiento de la liberación homosexual, gestas que han legitimado un avance en materia política como personas ciudadanas, precursores de todo este impacto. “Soy una leona de corazón, allí hice mi escuela”

“Creo que mi apuesta ahora es seguir haciendo todo lo relacionado con el tema de la construcción de paz y hasta allá va dirigido todo mi trabajo, como interlocutora de la población trans, en la exigencia valida de la retribución y reparación como víctimas pasando por el tema de convivencia ciudadana. Donde yo pueda impactar socialmente, ahí estaré.”

Zunga se empodera de una voz de lucha individual, a través de su cuerpo como instrumento transgresor de realidades, forja un arma que le permite hacerse camino en el activismo militante y resiliente que lleva como lema. Derrumbando con la reinvención de su identidad, única en sí misma,  los arquetipos de superficialidad y alienación moral, ética y social que erigen barreras a su paso, para adentrarse en la búsqueda de un trabajo que enriquezca los ideales de igualdad, respeto, reconocimiento y reparación.

Zunga la perra roja
Foto: Facebook.com / Medelllín – 2014

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