Está claro que hablar de inclusión e igualdad no debe ser algo solo del momento, sin embargo no podemos ignorar la fuerza que han tomado estos dos términos en los últimos años dentro de un ámbito comercial que se liga a la diversidad sexual y de género, donde la población LGBT pasó de ser considerada marginal a un mercado cada vez con más fuerza a nivel global.

Hablar de mercado o dinero rosa (Pink Market), puede sonar extraño para algunos, pero en realidad es la categoría que se la ha dado a las transacciones económicas realizadas por la población homosexual, que han evidenciado la fuerza de este nicho a través del consumo.

En sectores industriales como el del turismo, salud y cuidado personal, moda, y entretenimiento, por mencionar unos pocos, se han logrado desarrollar alrededor del mundo estrategias que establecen a la población LGBT como un nicho de mercado altamente potencial pero muy poco explorado.
En el 2014, según datos de la Organización Mundial de Turismo (OMT), el turismo LGBT tuvo un aumento mayor al 10.3%, frente al crecimiento del turismo tradicional que fue del 4.7%.

Cifras como estas facilitan también que las naciones legislen en contra de la discriminación y a favor de cubrir personas con identidades sexuales y de género diversas. Ya no sólo como parte de un ejercicio democrático para garantizar derechos, si no también como un buen negocio ¿Y cuál es el problema si esto nos trae beneficios? ¡Ninguno, las industrias se han dado cuenta que excluir y discriminar no es humano y mucho menos un negocio viable!

El mercado rosa es consciente, analítico y tiene memoria, por eso mismo puede volverse un gran aliado o el eterno tormento bajo unas sencillas premisas, no nos interesa que la industria nos observe solo para hacerse con nuestro dinero, las marcas deben adoptar valores de la basta cultura popular LGBT y su lucha, para generar un impacto, si éste es real logrará agradecimiento, fidelización e identificación del público con su esencia.

No es gratuito que dentro del Buzz Score del primer semestre del 2015 realizado por YouGov BrandIndex, los consumidores LGBT en Estados Unidos tengan en su top 3 de mejor percepción a Amazon, Apple y Netflix.

A la vez, como el eterno tormento que mencionaba ahora, la comunidad LGBT es dentro sí misma diversa (todo tipo de sexos, géneros, culturas, razas, políticas, religiones e ideologías), tanto que goza de una fuerte solidaridad y por eso mismo se une ante quien la ataca, porque busca ser tratada igual que el resto con total normalidad, no solo ser aceptada y respetada.
Muchos han sido los casos alrededor del mundo de cientos y miles de LGBT haciendo manifestaciones como respuesta a dichos ataques que finalmente afectan la reputación de las marcas y sus ingresos económicos directamente.
Y una vez que una marca pierde su credibilidad frente a una población que no olvida, es difícil reponerse.

A la actualidad, se han logrado interesantes avances sociales como movimiento LGBT, y uno de los más importantes es justamente que como población no podemos seguir hablando de ese 10% que Kinsey calculó en la década de los ‘50, los procesos de reivindicación y normalización ha hecho que nuestros compañeros de trabajo, familias y amigos logren asumir posturas de indignación acordes a nuestra lucha, lo que los hace aliados y consumidores que se fidelizan a las marcas que hablan de inclusión e igualdad.

Desde las más grandes marcas hasta mipymes a nivel global, han comenzado a darse cuenta que la población LGBT no está conformada por ratones de laboratorio, ni ciudadanos de segunda categoría, así que no hay posibilidad de equivocarse, pero sí están las puertas abiertas para quien le apuesta a un desarrollo inclusivo de la sociedad, porque somos seres humanos que consumimos día a día al igual que cualquier heterosexual, y muchas veces gracias a unas características especiales de nuestra personalidad, lo hacemos incluso más y con menos limitaciones.

Apostarle al mercadeo y la publicidad incluyente es pensar en un futuro donde se le apuesta a las pequeñas diferencias que nos segmentan como público objetivo, pero a la vez nos unen y fortalecen dentro de la misma industria. No vale la pena dejarse llevar por prejuicios conservadores atados a un pensamiento heteronormativo que nos convierte simplemente en objetos de consumo, ahora es nuestra voz y somos nosotros quienes consumimos.

 

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Comunicador social. Periodista por pasión y activista por principio. Director de Contenidos de egoCity LGBT Community Network.

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