El gran logro del ST. Pete Pride y su multitudinaria movilización, es el resultado de una unión entre dos sectores que con sus fuerzas han posicionado al festival internacionalmente.

Si algo nos ha dejado Stonewall, es que la lucha por el reconocimiento y la igualdad de derechos para los sectores sociales LGBTIQ+ no se da por un esfuerzo aislado de unas pocas personas, sino por una articulación estratégica.

Los primeros disturbios, empezaron gracias a la movilización ciudadana que reclamaba poderse divertir, sentir y vivir en libertad en espacios de consumo privado, donde la fuerza policial y del estado quería ejercer presión. Dos rostros opuestos que para bien o mal se deben unir con tal de avanzar.

ST. Pete
FOTO: egoCity

Y así mismo es como lo entendieron ST. Pete & Clearwater en el Tampa Bay con los años, lo cual ahora, cinco décadas después da como fruto que el ST. Pete Pride sea el tercer festival del Orgullo más importante de los Estados Unidos.

Entendiendo que la discriminación no es una buena política, ni un buen negocio, ST. Pete es una ciudad que a través de la unión entre entidades públicas y privadas ha logrado darse a conocer como un lugar en el cual la industria independiente puede florecer acompañada de políticas amigables, que pasan de la mercantilización de los derechos para realmente aportarle al empoderamiento económico de su gente, lo cual por ende arroja avances sociales.

Esta política impulsada por su actual alcalde, Rick Kreisman y su equipo, ha garantizado el éxito de la movilización social en pro de la diversidad, vistiendo las calles de la ciudad, no sólo para el Orgullo, sino los 365 días del año, siempre teniendo como epicentro del entendimiento del activismo de la ciudad al LGBTQ Welcome Center, donde además de acompañamiento se impulsan emprendimientos queer.

El resultado de estos esfuerzos conjuntos se ven con alto impacto, en diferentes ciudades aledañas a ST. Pete, como Gulfport, ST. Pete Beach, Madeira Beach y Clearwater, que además de sus propias iniciativas acogiendo la diversidad como parte de su ADN, se unen al ST. Pete Pride sumando fuerzas de visibilización.

No es gratuito que una ciudad con 249 mil habitantes cuente con una marcha del Orgullo Trans y una marcha del Orgullo LGBTIQ+ en las cuales participan tanto ONGs, como oficinas del estado, su equipo de baseball, iglesias, grandes marcas, establecimientos de todo tipo y más de 8 mil marchantes. Además de un gran festival del cual hacen parte más de 250 mil personas y 230 marcas.

Sencillo… ¡Discriminar no es una buena política, ni un buen negocio para nadie!

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