Los TONES somos todos los 30-tones, 40-tones, 50-tones… Un día se me ocurrió inventarme un nombre para referirnos a nosotros y para hablar de los temas que nos interesan y las cosas que nos suceden. Recuerdo que de chico, cuando mis papás salían de viaje, nos cuidaba una tía, la hermana de mi papá a quien yo llamaba mi tía viejita. ¡Ella tenía 42 años! La edad que tengo yo ahora y créanme que no me siento viejito (ni me veo) Ja,ja.

Sí, el tiempo sigue corriendo para todos, dicen que incluso más rápido y que ésta es tan solo la percepción de nuestra mente. Ahora lo entiendo, los tiempos cambian, la forma de vivir, la medicina avanza y con ella también las condiciones de vida. Hoy vivimos más que antes y mejor. ¿Sabremos sacar provecho de esto?

Hace apenas 30 años se vivía de forma completamente distinta, había mucho más prejuicios, tabúes, restricciones, ideas limitantes que llevaban a la gente a la frustración y obviamente, esto se veía reflejado en su físico. A los 32 años un hombre por lo general ya estaba casado, panzón y descuidado. No estoy inventando, lo veía en mi papá, mis tíos y lo compruebo viendo fotos. Había una especie de molde inmodificable en el que siempre se debía encajar, te gustara o no y cuando la gente se volvía parte de él, daba el viejazo.

De niño veía todo bajo el cristal que mi familia y la sociedad iban formando en mí. Cuando entré a la pubertad me di cuenta que ese cristal me incomodaba demasiado, de entrada porque me gustaban los niños y no las niñas. Entonces comencé a revelarme ante las ideas que me eran inculcadas y fui desarrollando mi propia personalidad, la verdad es que fui bastante agresivo y vivía a la defensiva por saberme diferente, hasta que logré crear mi propio espacio, mi propio ambiente, rodearme de gente similar a mí. Cuando salí del clóset fue cuando empecé a liberarme del enojo, la represión y la frustración con la que crecí, empecé a conocer gente de la edad de mi papá y mis tíos y me sorprendió ver que su apariencia era completamente distinta, muy pocos se veían tan traqueteados (descuidados) como ellos, la mayoría se veían mucho más jóvenes y su vida era mucho más divertida.

Eso me hizo sentir muy bien y dejar de temerle al paso de los años. Cuando uno está joven le interesa y le preocupa mucho la edad, claro, porque nos falta experiencia, vivencias para comprender muchas cosas y para descubrir la libertad y la plenitud que se gana cuando uno vive intensamente, cuando de tantos errores se llega a aciertos, cuando uno comienza a descubrir más o menos el juego de la vida.

Los hombres gays casi siempre se ven mucho más jóvenes y frescos que los hetero. ¿Será porque hemos aprendido a ser más honestos, menos cuadrados y reprimidos? ¿Será porque nos gusta reinventarnos constantemente y no le tenemos miedo a ser auténticos? ¿Será porque estamos acostumbrados a la crítica y ya se nos resbala? Definitivamente la libertad del espíritu se refleja en el estuche, en nuestro cuerpo, nuestra actitud.

Ahora, hasta aquí todo va muy bien, hago ver a los gays como una comunidad liberada, alegre e innovadora, pero no siempre sucede así. Cuando vas creciendo, como las generaciones que te suceden todavía traen la ignorancia y los “absurdos” límites por la edad, estas comienzan a discriminar a los TONES, sobre todo dentro de la misma población gay.

Voy a hablar de mi propia experiencia. Mi trabajo tiene mucho que ver con el activismo LGBT, todos estamos siempre a favor de la igualdad de derechos, de la inclusión, del respeto hacia nuestra orientación sexual e identidad de género, pero se nos olvida que más allá de con quién nos acostamos o si nos reconocemos más como hombres o mujeres, somos seres humanos, personas que vivimos, sucedemos día a día y en las que también pasa el tiempo con todo lo que este implica: sí, experiencia y libertad si se vive bien, pero también las marcas que deja el estira y afloja de la vida, las caídas, levantadas, tiradas y recogidas, lo que hace la fuerza de gravedad con nuestras carnes, quizás el mal gusto de las básculas y la enemistad con el espejo.

Cuesta trabajo asimilar el paso del tiempo, pero mientras más se aferra uno a él, mientras más miedo le tenemos a envejecer, más envejecemos. El cuerpo es el reflejo de nuestra mente, somos el resultado de nuestras propias creencias. Una mente, un espíritu joven y fresco siempre aparentará menos edad y jamás será percibido como viejo por la gente inteligente. Claro, seguirán existiendo idiotas en este mundo, pero no creo que a nadie nos interese rodearnos de ellos. Sin embargo, no podemos evitar tenerlos cerca manifestando su ignorancia, poca sensibilidad y sobre todo, nulo respeto. Las redes sociales se han convertido en el medio de comunicación favorito para este tipo de idiotas, en la mejor herramienta para ofender, para hacer sentir mal a los demás sin tener que dar la cara y llevarse un puñetazo en su maravilloso rostro de juventud. Bien decía García Márquez que “La juventud es la única enfermedad que se cura con los años”. Aunque también es algo maravilloso como cada etapa de nuestra vida si sabemos vivirla sin prejuicios y sin limitaciones.

Perdón por usar la palabra “idiotas” para describir a este tipo de individuos, pero sí, me apasiono del tema y siento mucho coraje al respecto. Estoy trabajando en ello. Así como me daba coraje que se le discriminara y ofendiera a alguien por su identidad sexual, ahora me sucede lo mismo cuando alguien discrimina a otra persona por la edad, incluso cuando se discrimina así misma por el mismo motivo.

Tengo 42 años y por dentro sigo siendo un niño, yo no me identifico con los números de mi edad sino con la alegría y la pasión que siento por lo que amo, por mis sueños. Cuando me siento más tranquilo, más contento, hago mis locuras y las disfruto al máximo, pero es entonces cuando muchos comienzan a criticarme, incluso a ofenderme, me acaba de suceder hace apenas unas semanas en Twitter.

Uno decide lo que comparte en las redes sociales y lo que no, de eso debemos hacernos responsables, pero seamos sinceros, hoy los medios digitales son el reflejo de nuestra vida diaria.

Este tema da para mucho y lo voy a continuar, pero por ahora me despido diciendo el por qué me molesta tanto que se discrimine por la edad:

Me molesta y me preocupa la discriminación por la edad porque fomenta el prejuicio, los límites, la frustración en la gente, el que a determinada edad se sientan fracasados, solos, ridículos. Ningún ser humano debería sentirse así porque su naturaleza es la felicidad, la libertad.

Nadie en vida se salvará del paso del tiempo, así que mejor vayamos honrando los años y disfrutándolos al máximo.

¿Qué opinas? ¿Qué edad tienes?

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