¿No les ha pasado que sobre ciertos temas hubieran preferido no saber tanto? ¿Que haber aprendido sobre ello hace que todo cambie para siempre?

A mí me pasó cuando aprendí cómo se hacían las caricaturas cuadro a cuadro, luego no podía ver el Correcaminos sin pensar en que cada uno de esos movimientos eran muchos dibujos a la vez; también me pasó al estar detrás de cámaras en el rodaje de una película, donde entendí que cada escena tiene varios planos y se repite más de tres veces, y ahora cada que voy a cine no puedo evitar desarmar las escenas por planos, lo que me saca del estado anímico del momento.

Y me pasó con la homofobia interiorizada…

Homofobia, siempre me pareció una palabra terrible, una con la que no quería tener ningún tipo de relación. La entendía como un montón de hombres, heterosexuales en su mayoría, que odian a otros hombres únicamente por ser gay, eso me parecía una de las cosas menos lógicas y más abrumadoras. Pero conocer la realidad de la población LGBTI en Medellín y reconocer que hay una homofobia interiorizada dentro de ésta, que hace que se ataquen unos a otros, es otro nivel. Me parece muchísimo menos lógico y muchísimo más abrumador. ¿Por qué si la población LGBTI lucha por visibilizar sus derechos y ser reconocidos en igualdad, se discriminan entre sí?

La población LGBTI de Medellín ha demostrado ser una de las más diversas en Colombia, aquí se pueden poner en evidencia una gran variedad de expresiones, no sólo de género, sino de conductas, formas, pensamientos y discursos. De igual forma se logra evidenciar que el pensamiento colectivo está atravesado por el discurso hegemónico que nos hace pensar que dentro de la población LGBTI unos son más valiosos que otros.

Creer que dentro de la población LGBTI existen, por ejemplo, hombres que son más o menos gays que otros, es un pensamiento colectivo ligado directamente al discurso hegemónico que limita la diversidad y sus formas de expresión. Reconocer la realidad de la población LGBTI de Medellín permite entender que aún existen personas que se ligan a ésta y al mismo tiempo desdibujan el sentido y la significación de la población al discriminar a otros, otras y otres que también hacen parte.

Bajo expresiones como “es que son demasiado locas”, “ese es más gay que todos” o “No me gustan los manes femeninos”, de las cuales muchos podrían decir que no hacen daño, se esconden palabras que tienen como objetivo descalificar y dañar al otro por su forma y su expresión; otras como “Yo soy gay, pero soy muy macho” o “me gustan machitos como yo” tienen el mismo efecto y buscan de algún modo desligitimar las formas de expresión de otros, tratando de explicar que ser gay es malo, pero que si se comportan como ‘machos’ es menos malo.

Habría que entender que la población LGBTI es diversa. Hay una gran cantidad de expresiones y eso es lo propio de ésta. Dentro de ella nadie es menos que nadie por tener cierta forma de comportarse, hablar, expresarse con su cuerpo, por su ropa o su estilo. Hay que empezar a dimensionar, reflexionar e ir más allá, comprender que no se es más gay que alguien por su expresión, que ‘comportarse como machito’ no hace a un hombre gay mejor que otro, que su discurso que deslegitima a otro es sólo una necesidad de encajar en un mundo heteronormado del que también se siente parte y juzga desde ahí.

Es irrisorio ser diverso y discriminar la diversidad.


Este artículo hace parte de un trabajo de redacción realizado por el autor resultado del Diplomado de Periodismo para la Diversidad: Historias No Contadas “Narrando desde otro punto de vista”, iniciativa creada por egoCity con la Secretaría de Comunicaciones de la Alcaldía de Medellín y la certificación de CEDENORTE Institución Técnica, para la visibilización de los sectores poblacionales LGBTI de Medellín.

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