En vísperas de las celebraciones que se harán en diferentes países sobre el aniversario 40 del movimiento LGBTI, @MatiGonzalezgil le escribe una carta.

Querido movimiento LGBT,

Te quiero, pero estoy furiosa contigo.

El movimiento LGBT tiene una relación tensionada con las personas trans. Cuando algo se tensiona, puede des-tensionarse, o tensionarse mucha más hasta romperse. Cuando uno está en una relación así, tiene que decidir si irse o quedarse. Llegó el inminente y anunciado momento de discutir qué sentimos el uno por el otro. Si hay divorcio que sea de mutuo acuerdo. Si vamos a seguir, que sea con toda. Frenteemos esto. Quiero invitar a una conversación sobre la relación entre el movimiento trans y el movimiento LGBT.

El movimiento LGBT en realidad no es tan “LGBT”. Sabemos que es un movimiento que ha privilegiado una agenda política relacionada con los derechos de las parejas del mismo sexo y sus familias. No reprocho esta agenda, he trabajado en ella con personas que admiro y quiero. Pero si reprocho el descuido y olvido que el movimiento LGBT ha tenido con otras necesidades urgentes, como las de las personas trans. Esta carta se las escribo copiándole una fórmula a la activista Lohanna Berkins. Esta activista, en su última carta nos dijo:


“Estoy convencida de que el motor de cambio es el amor” y “Furia Travesti Siempre”.

Me gusta esa combinación para aproximarnos a este diálogo: Amor y furia. Propongo mejorar nuestra comunicación, honrando lo bueno de nuestra relación y siendo sinceros con lo que no nos gusta. Hablemos desde el amor, pero también desde lo que nos enfurece. Cuando uno quiere mejorar una relación, lo primero que tiene que hacer es no tenerle miedo a la confrontación y hablar con la mayor sinceridad posible. Al mismo tiempo, tenemos que estar dispuestos a escuchar y a cambiar nuestro marco de referencia.

 

Desde el amor:

La mejor forma de explicar el amor y el agradecimiento que siento por ustedes es cuando nos movilizamos en las calles para protestar contra la injusticia. En marchas concurridas y fiesteras, plantones políticos de indignación o en twitterazos con nuestra cuota de humor e irreverencia, he sentido que no estoy sola. Cuando protesto a su lado, se va la soledad. Ese vacío que dejaron mis amigos cuando salí del clóset, se llena de abrazos, risas, gritos y bailes. Me hace sentir que soy parte de algo.

Nunca me he sentido más liberada que cuando gritamos y bailamos nuestras arengas y consignas políticas. Mi preferida es “hay que ver las cosas que pasan, hay que ver las vueltas que da, las travestis caminando pa’ delante y la policía caminando para atrás”. Las palabras del movimiento LGBT me han curado con fuerza y alegría las heridas que me han generado el odio y la discriminación.

 

Desde la furia:

Negarnos el derecho de admisión en sus discotecas es el mejor ejemplo que encuentro para hablar de lo que me molesta. De dientes para afuera dicen que son muy LGBT y hacen parte de cámaras de comercio y otras asociaciones LGBT, que también dicen que son muy LGBT. Pero en realidad, no son tan LGBT. Hace pocos días me negaron la entrada a un bar gay en Chapinero. Con dos amigos gays y una mujer bisexual -todos abogados- peleamos y amenazamos con demandarlos. Finalmente me dejaron entrar y me di cuenta del engaño publicitario: LGBT en realidad hace referencia a lugares dominados por hombres gay.  

Es hora de aclarar los términos de entendimiento entre el movimiento LGBT y el movimiento trans ¿Qué es lo “T” en LGBT? Las personas que lideran las organizaciones, plataformas, grupos y organizaciones LGBT casi nunca son personas trans ¿Por qué no hay más presencia de personas trans en esos espacios? y ¿por qué, cuando si hay presencia trans, somos tan poquitas? Además, cuando si hay personas trans, ¿por qué casi nunca están en una posición que les permita tomar decisiones sobre lo que el movimiento hace?, ¿por qué no hay personas trans en las organizaciones y en sus juntas directivas? y ¿por qué dentro de los que mandan en el movimiento LGBT no hay personas trans? ¿Por qué ustedes siempre están más arriba en jerarquía que nosotras?

Hay un problema de representación trans en el movimiento LGBT. Aunque la T de trans está todos sus logos, fotos, vídeos, libretas, documentos, carpetas, camisetas, pendones, revistas y documentos legales, no estamos físicamente en sus espacios. Hacen eventos y paneles académicos LGBT sin personas trans y siempre hay justificaciones para argumentar por qué está bien que nosotras no estemos allí. Justifican nuestra exclusión diciendo que no hay que ser trans para hablar de temas trans, que se les escapa de las manos nuestra participación en sus espacios o que no cumplimos con los requisitos para entrar a estos. Requisitos que tienen la posibilidad de cambiar pero prefieren lavarse las manos. Al no flexibilizar los requisitos de entrada, ustedes nos están excluyendo. La representación de personas trans en el movimiento LGBT también es un problema de exclusión.

Los privilegios de clase parecen ser el común denominador de las personas visibles del movimiento LGBT. Además, casi todas las personas LGBT que somos visibles no somos personas negras, ni tenemos discapacidades y contamos con títulos de universidades prestigiosas. No somos visibles porque seamos más capaces que el resto de las personas LGBT del movimiento. Somos visibles porque es más fácil ser LGBT con plata y oportunidades que cuando se vive en las márgenes de la sociedad. Bajémonos del mito de la meritocracia. Los requisitos que parecen neutrales, como la exigencia de títulos universitarios, en realidad tienen un efecto de exclusión de las personas trans del movimiento LGBT porque éstas se encuentran desproporcionalmente afectadas por la pobreza y la exclusión de la educación superior.

Necesitamos más personas trans en lo LGBT, pero no es únicamente un asunto de números. Es importante complejizar la noción que tenemos de representación dentro del movimiento. No se trata únicamente de que hayan personas trans en sus espacios, también hay que mirar si las personas trans -que tanto muestran- tienen independencia, autonomía y una capacidad real para tomar decisiones. La representación (sin la posibilidad de tomar decisiones) tiene el riesgo de que las personas trans sean utilizadas para dar la apariencia de que el movimiento LGBT es muy trans, cuando en realidad los esfuerzos que ha hecho para incluir a las personas trans han sido insuficientes y meramente simbólicos. También hay que mirar los obstáculos que enfrentan las personas trans en los espacios laborales LGBT y las condiciones en las que trabajan.

Para responder por los errores y construir unas dinámicas más justas necesitamos que nuestro amor no sea un sentimiento sino un acto. Necesitamos acciones para que las personas trans no seamos ilusiones de inclusión, sino resultados de transformaciones radicales en nuestra forma de hacer activismo. Requerimos medidas reales y efectivas encaminadas a superar la exclusión, la discriminación y los prejuicios existentes contra las personas trans en el movimiento LGBT.

Matilda Gonzalez
FOTO: egoCity – Pride Medellín, julio de 2017

Si queremos tener una relación sana y recíproca, las personas trans no pueden estar en un lugar inferior en jerarquía dentro del movimiento. Tenemos que cambiar las condiciones materiales de las vidas de las personas trans desde nuestras oficinas, organizaciones y coaliciones si queremos ser coherentes con lo que predicamos. No más promesas de amor incumplidas: no nos digamos que nos queremos, demostrémoslo.

Con amor y furia,

La travesti peligrosa de la que tanto les advirtieron.

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