Como muchos pudimos ver en redes sociales, el primer lunes de mayo como es costumbre se llevó a cabo la alfombra roja, en este caso rosa, de la MET Gala, evento con el cual se busca recaudar fondos para el funcionamiento del Instituto de Vestuario del Museo Metropolitano de New York y se da apertura a la nueva exposición del Metropolitan Museum of Art de Nueva York.

Esa noche los diseñadores, musas, celebridades e influencers hacen su aparición mostrando su propia versión de la temática seleccionada para la exposición: ‘Camp, notes on Fashion’ con la curaduría de Andrew Bolton del Met Costume Institute y la editora de Vogue USA, Anna Wintour.

Camp

Acá no hablaré de los mejores y peores vestidos, pues los gustos son subjetivos; ni de si los invitados cumplieron a cabalidad el código de vestuario del evento, ni de la aparición de Maluma vestido por uno de los diseñadores más camp de la industria, Jeremy Scott by Moschino.

Lo que busco es resaltar la potencia del camp como una apuesta individual y política que permite romper esquemas, transformar estereotipos, desequilibrar la concepción binaria de los cuerpos y el pensamiento tradicional que reduce los cuerpos a una genitalidad y a unos colores predeterminados: niños azul, niñas rosa.

Pero, ¿qué es el Camp? ¿Por qué uno de los eventos más importantes para la moda decide proyectar este concepto al mundo? Veamos:

La temática de este año está inspirada en el escrito de la ensayista y filósofa estadounidense Susan Sontag y su texto “Notes on Camp”. Allí la autora trata de definir qué es lo Camp a partir de varias premisas. La exageración, lo extravagante, lo irónico, llamativo, podrían ser apelativos para definir lo Camp. La autora afirma que es una sensibilidad estética por lo artificial, sin prejuicios morales y amor por la exageración.

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Lo Camp nos permite, entonces, exagerar la realidad de nuestra sociedad, así como sus imaginarios y desde allí usarlo en el vestuario para mostrar una subjetividad que cuestione y critique los parámetros establecidos. Para muchos puede llegar a rayar con lo kitsch o el culto a lo “mañé” que se traslada a los objetos, pero para ser Camp, hay que ser todo un performance, evocar emociones y sentimientos en el espectador, es todo un juego, es entender la moda como un mecanismo disruptivo con el que se puede hacer una crítica al sistema y romper estereotipos y cánones de belleza que se encargan de limitar las posibilidades de ser.

¡Lo Camp es una exaltación a la individualidad y el derecho al autorreconocimiento!

Si bien es llevar una pieza de arte como vestuario inspirada en la cultura popular, es generar cambios y transformaciones desde esa cotidianidad. Por ejemplo, históricamente se encuentran grandes ejemplos de lo camp: Luis XV con su teatralidad y exuberancia en las mascaradas del palacio de Versalles, Óscar Wilde con su dandismo que no materializaba la masculinidad “normal y natural” para la época, hasta las drag Queens que exageran y moldean sus cuerpos para romper los estereotipos.

Así, lo Camp permite ver una conexión entre la moda y lo político, una materialización de las subjetividades, como la calle se convierte en una pasarela con mensajes que reivindican la individualidad y el poder elegir qué queremos ser, desde la imagen que se proyecta incomodar al espectador, generar más preguntas que respuestas.

Si algo quedó evidenciado en al alfombra rosa de la Met Gala es lo indeleble de los límites entre lo masculino y lo femenino, la posibilidad de jugar a desgenerizar el vestuario. Hombres arriesgados que no se cohíben por el qué dirán, ni por los mandatos del machismo conservador. Hombres arriesgados y osados que tienen algo en común: actitud y libertad.

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Ejemplo, Ezra Miller en un traje de Ricardo Tisci, director creativo de Burberry, inspirado en el Fantasma de la ópera. Miller deslumbró con su maquillaje surrealista, un look andrógino que mezcla elementos del vestuario clásico masculino con siluetas del vestuario femenino entallado con un corset de diamantes, desdibujando las fronteras del género y visibilizando la posibilidad de jugar y generar nuevas estéticas.

Otro caso es el de Michael Urie, en una creación de Christian Siriano, que muestra la dualidad del individuo. Muchos portales titularon las notas sobre esta alfombra como los looks más raros y extravagantes de la Met, pero dejan de lado la carga simbólica de cada uno de los looks que desfilaron por la alfombra.

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En su ensayo “Notes of Camp”, Stong sostiene que incluso lo atractivo sexualmente y el placer, sufren una transformación más allá de los límites que conocimos y denominamos como normales y abre la posibilidad de experimentar en lo andrógino, habla de realidades cohabitadas por lo femenino y lo masculino de manera simbiótica. Todo esto se ve en el atuendo de Urie quien en su cuenta de instagram incluso de manera jocosa hace un llamado a la singularidad y el empoderamiento desde lo diverso:

“You can be your own prom date no matter who you are!”

Pero, no solo vimos una oda a la extravagancia y exageración, sino que también se dio el espacio para los mensajes de reivindicación. En este caso de la mano de Lena Waithe, actriz y guionista, quien en su look rendía tributo a todas las drags negras que han luchado por existir y resistir en un mundo “obligatoriamente” heterosexual. Waithe en su traje no sólo llevaba la frase “Black Drag Queens Invented Camp”, bordada en la espalda de su chaqueta, sino que las líneas de su traje eran fragmentos de canciones icónicas para la población LGBTIQ.

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Gracias a esa exageración, al creerse desde la “otredad”, las Drag Queens han posibilitado que hoy en día lxs maricas tengamos derechos. Su sed insaciable de ser quienes quieren ser en un momento de la historia en la que incluso éramos catalogados como enfermos, aberraciones y pecadores. Su pasión de construir un mundo sin etiquetas y el no aguantar más el rechazo, es lo que lleva a que la exageración de su estética se convierta en su armadura, desde allí poder sentirse plenas y luchar día a día.

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Recordemos hoy, cuando ya hemos conmemorado 50 años de la revueltas de Stonewall, que gracias a 2 mujeres trans, que no pasaban desapercibidas por su forma de vestir, Marsha P. Johnson y Sylvia Rivera, quienes encabezaron dicha revuelta, es que hoy las personas LGBTIQ tenemos derechos.

Lo Camp entonces, es una forma de criticar lo “normal” y abrir la posibilidad a ser lo que queramos ser, una reivindicación del derecho a ser y la autodenominación.

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