Cruz disputó el campeonato mundial con un calzoncillo con los colores del arcoiris y no con los de la bandera de su país como se acostumbra.
Un día antes de que Benny Paret saliera en estado de coma rumbo al hospital donde moriría, insultó a su rival Emile Griffith; durante el pesaje lo llamó “maricón” y le tocó las nalgas para hacer más estridentes los rumores de que era homosexual. La afrenta estuvo a punto de terminar en un combate adelantado. El escritor estadunidense Norman Mailer cuenta este episodio en un artículo de la época donde registró la sangrienta pelea que ocurrió hace medio siglo, el 24 de marzo de 1962.
Emile Griffith era un boxeador afroamericano bisexual. En esa época declarar preferencias sexuales distintas era un suicidio profesional y un estigma social que no se lavaba ni disimulaba.
La ira de Griffith por el incidente, cuenta el escritor, fue extrema. Le descargó tantos golpes a Paret que consternó al público, y con tanta fuerza que retumbaban en la arena como si un bate de beisbol destrozara una calabaza. Paret murió días después por la golpiza. Cuarenta años más tarde, Griffith admitió su homosexualidad y padeció el rechazo colectivo. Una frase dolorosa resumió el costo de hacer pública su vida privada: “Cuando maté a un hombre me lo perdonaron, pero cuando dije que amo a un hombre me dejaron solo”.
Orlando Cruz, boxeador puertoriqueño.
Orlando Cruz, un boxeador profesional que ha disputado el título mundial ligero, conoce el episodio. No sólo porque se trata de la historia de su oficio, sino porque decidió hacer pública su identidad como deportista gay.
Una declaración de principios en un deporte que sublima los atributos imaginarios que se asocian a la masculinidad.
“En los años que vivía Griffith lo mataban si aceptaba que era gay”, dice el pelador que disputó el campeonato mundial con un calzoncillo con los colores del arcoiris y no con los de la bandera de su país como se acostumbra. “Negro y homosexual, eso era lo peor en la época de Griffith”.
Los deportistas gays que lo asumen de manera pública dan visibilidad a una población que vive bajo el peso de los estigmas. Por ello se crean espacios para no tener que cargar con la homofobia y asumir el deporte como un acto de libertad, como es el caso de los World OutGames que se celebrarán el año próximo en Miami.

















































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