El árbitro gay de España, Jesús Tomillero, se ha dedicado en los últimos meses a difundir su mensaje en contra de la homofobia. Ahora queriendo convertirse en un personaje visible de la lucha por los derechos del colectivo LGBT.
Jesús Tomillero ha decidido compartir en sus redes sociales el comienzo de su libro, en el que vemos que contará la historia de su vida. Desde que Tomillero saltó a la esfera pública por ser víctima de la homofobia en el fútbol, momento desde el cual no ha desperdiciado sus 15 minutos de fama. En pocos meses ya lo hemos visto pasar por varios canales de tv en España.
El libro relata su salida del armario y reflexiona sobre la homosexualidad en el deporte. Así lo ha hecho saber a través de sus redes sociales, en las que ha publicado el inicio del primer capítulo.
Queridos amigos 1 capitulo de mi libro , esto es una primicia, trata sbre mi salida del armario, el deporte y mi vida etc.
Espero que guste pic.twitter.com/RxAiCDu8Vn— Jesús Tomillero B. (@Jesustomille) 28 de mayo de 2017
CAPÍTULO 1
El día en que viene al mundo y a Posterior
No puedo hablar mucho sobre mi nacimiento, solo lo más básico. Nací un sábado, 24 de diciembre de 1994, en la Línea de la Concepción, Cádiz. Si hizo frío, si hizo sol, si llovía o hubo un tsunami, eso ya no lo sé. Tampoco supe que las Telecomunicaciones por Cable y TV Local funcionarían a partir del año siguiente o que el Parlamento ruso exigía a un tal Yeltsin que finalizase una guerra en Chechenia. Tal y como están las cosas ahora, es como si no hubiesen avanzado nada.
En fin, imagino (y confío) que, para mis padres, fui todo un regalo. ¡Qué digo! Fui lo mejor de aquellas Navidades. Mis padres, progenitores, Jesús Tomillero y María del Mar Benavente. Poco puedo recordar de ellos, vamos a ver, era un recién nacido. Pero supongo que les gustó recibirme en épocas navideñas ya que la gente lo tenía más fácil a la hora de regalarles algo. Pañales, bodys para bebé, zapatitos, ropa, biberones, una cuna,… Creo que, en lo que a cuidados se refiere, hacían lo que podían y lo hacían bien. Lo repito: poco puedo recordar.
El tiempo pasó y, sin que yo me diera cuenta –mis padres sí que se dieron cuenta-, fui creciendo. Aprendí a gatear, aprendí a caminar, a decir alguna que otra palabra como mamá o papá y me entretenía viendo los dibujos que echaban por las cadenas de televisión de aquel entonces (Telecinco, La 2, TVE-1, Antena 3). Supongo que vería Ring-Ring y Tele vi que te vi entre otros, ya que los programas infantiles solo los emitían Telecinco y TVE-1. O quizás me pasaba el día viendo los dibujos de los cuentos que mis padres me leían.
Sin ningún aviso, el año 1996 hizo su entrada y, tras esperar un tiempo, me otorgaron el mejor regalo que a día de hoy conservo. Mi hermano pequeño, Jonathan. O Jhoni, como así le llamo. El día de su nacimiento, La Real Academia admitía la palabra “informática” entre sus páginas y unas protestas en Lugo contra el mapa de centros de la ESO que había, ocupaban secciones en los periódicos nacionales. El trabajo que tenían conmigo se les doblaba… es broma: eso tampoco lo sé. Mi hermano y yo tenemos una unión de hermandad tan fuerte que creo que hasta llorábamos, dormíamos y nos hacíamos caca al mismo tiempo. Me apuesto lo que sea.
A mis tres años de edad, sin comerlo ni beberlo, la vida de mi hermano y la mía (sobre todo), dieron un giro de 180 grados. Puede que no me acuerde cien por cien de lo que sentía, pero la sensación de falta me sigue persiguiendo incluso a día de hoy. Mi padre, quien me dio la vida junto a mi madre, falleció. Y, antes de que me pudiera dar cuenta, ella nos metió a mí y a Jhoni en un centro de menores.


















