La jueza Justice Alison Russel, de la Alta Corte Británica le ordenó el pasado 6 de mayo a una madre biológica entregar su hija, que ya tiene 15 meses, a la pareja de hombres gay con quienes había acordado verbalmente alquilar su vientre.
En el Reino Unido, los arreglos informales para el alquiler de vientre son permitidos por la ley, pero es un crimen hacer un negocio de ello. El procedimiento es el siguiente: la pareja hace un acuerdo con una mujer amiga o conocida que tome la decisión voluntaria de prestarles su vientre para engendrar el niño con la esperma de uno de los dos padres. Este acuerdo no es un contrato y no puede generar ninguna ganancia económica para alguna de las partes, más allá de la ayuda de los pagos médicos y de la ropa necesaria para el embarazo. Luego, cuando el niño o niña nace, los padres aplican para volverse los tutores legales del infante, y la madre biológica renuncia a cualquier deber o derecho sobre él.
Parecería un proceso sencillo, sin embargo, el caso de esta pareja se volvió un problema legal originado por la madre biológica de la niña, quien parece, nunca tuvo planes reales de entregar su hija.
Amparada por el vacío legal, esta mujer tuvo el parto sin avisarle a la pareja, amamantó a la niña para fomentar y alegar una cercanía con la bebé y además, rápidamente, la bautizó contra los deseos de la pareja.
Ya en el proceso legal, la mujer atacó de forma “homofóbica y ofensiva” a los dos hombres, según señala la jueza Russel. Alegó que ellos no eran “sexualmente fieles” el uno con el otro y que los homosexuales en general se comportaban de forma deshinibida.
A la final, el amor triunfó sobre el engaño y pudieron comprobar que la mujer engañó a la pareja gay para tener un hijo y que por esta razón debía darle la custodia completa de la bebé a estos dos hombres, como habían acordado previamente. El caso, deja muchas dudas frente a las leyes actuales respecto al alquiler de vientres.














































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