MENU
Tiempos difíciles para ser un hombre

16 septiembre, 2014 Comments (0) Views: 1034

Lecturas ego

Tiempos difíciles para ser un hombre

Aníbal Parra Díaz

Antropólogo Universidad de Antioquia

Con la llegada de los años ochenta, la teoría social en los estudios de género va adquiriendo orientaciones más específicas y complejas. Se configura el sistema teórico de “sexo-género”, que trata de consolidar y estructurar la propuesta del feminismo y las distintas visiones que se conciben frente al patriarcado, (consideración de los sistemas de género como un sistema jerarquizado de estatus o prestigio social, la división sexual del trabajo como un elemento motor de desigualdad; y además, es reconocido como un sistema de poder), referentes que integran, según E. Gomariz (1992), una crisis de paradigmas, que introducen, entre otras consecuencias, una brecha entre la investigación empírica y la construcción teórica. En este contexto, la reflexión sobre género ocupa un lugar frente a otras preocupaciones, y dentro de la continuación de los estudios de sexualidad, algunos y algunas investigadoras han accedido a una indagación por una temática en torno al “género masculino”. Dirá E. Badinter (1993).

La pregunta entonces, por el “ser hombre- ser masculino”, confiere sentido a nuevos paradigmas, los hombres se interrogan sobre su propia naturaleza en virtud de comprender que más allá de ese cuerpo de hombre, la masculinidad es una construcción social, no se nace hombre, se aprende a serlo, (S. de Beauvoir). El mundo contemporáneo está caracterizado por la emergencia de un nuevo deseo: el del pensamiento de la mujer que busca una identidad propia, plantea Lorite Mena , este hecho ha implicado que la mujer de hoy proyecte una pregunta de sí instaurando nuevas propuestas, con el compromiso de ubicar su lugar como sujeto en la sociedad y la cultura, y su desarrollo en la participación de un ordenamiento social en continua transformación. Dice Robert Bly ;(2005).

Hablar de un proceso de transición es relevante, quizá como la mejor proyección a la hora de incursionar en este contexto de la masculinidadHablar de un proceso de transición es relevante, quizá como la mejor proyección a la hora de incursionar en este contexto de la masculinidad. El hombre de hoy se halla confundido, para reintegrarse a un modelo social entre la ambivalencia de dos mujeres: la antigua sometida y la nueva luchadora, en palabras de Guindin6 (1987), cayendo en una total contradicción, que lo lleva a numerosos conflictos, en función de las relaciones socio-culturales y en el desarrollo de su sexualidad. Ingresar por lo tanto, en el orden de la masculinidad convoca a los hombres a pensarse a sí mismos desde una dimensión integral, consolidando su potencialidad y naturaleza en una proyección socio-cultural. Integrar al hombre en esta dinámica sustenta una serie de indagaciones que proveen de un discurso que confronta el desarrollo de una imagen y una presencia, en un intento de entender las creencias culturales, además de las estructuras imaginarias que dan origen al fenómeno sociológico. Los hombres, en palabras de la psicóloga norteamericana Ruth Hartley, citada por Badinter (1994); “aprenden antes lo que no deben ser para ser masculinos, que lo que deben ser. (…) para muchos niños la masculinidad se define simplemente como: lo que no es femenino”. Mientras más se enseñe a negarse a sí mismo, más irá construyendo un sentido falso de su esencia, y, negando su totalidad, paulatinamente se alejará más de una profundización emotiva, desarrollando un patrón de continua auto negación entre lo que siente y lo que ve.

No existe una masculinidad única, ni una experiencia única de ser hombre, plantea M. Kaufmann7 (1995) la experiencia de distintos hombres, su poder y privilegio real en el mundo, se basa en una variedad de posiciones y relaciones sociales. (135). Saberse hombre e identificarse como hombre no lleva explícita o implícitamente una codificación más o menos definida o estructurada para definir su identidad, por el contrario, la continua construcción de un proceso de masculinidad hace relevante al hecho de corroborar una realidad, que igualmente está en continua transformación y que permite cuestionar y reinterpretar el mundo simbólico, para integrar así mismo la transición de éste proceso, rescatando cada día su propia esencia. Un pensamiento que siguiendo a Thompson8 (1993), nos lleva a interrogar cada vez más esa esencia estereotipada; ¿Es la masculinidad una esencia primordial e innata, algo universal en un sentido más amplio, o es una convención social, una improvisación que puede asumir muchas formas aparentemente contradictorias?

En conclusión podemos plantear que algunos hombres se sienten amenazados, confusos y avasallados por las demandas femeninas de honestidad, claridad, transparencia y presencia como una forma de apertura, o de cualquier forma de intercambio emocional. Después de todo, son demandas que las generaciones de mujeres antecesoras, nunca habían formulado. Las viejas fórmulas para la relación hombre-hombre, hombre-mujer desde la cotidianidad que hacían la vida más fácil, aunque no más plena, ya no son suficientes ni aprobadas por la cultura.

Este es un mundo de prevención y de acondicionamientos donde el poder está articulado a la fuerza impositiva de los credos y las ideologías reinantes. Unas ideologías que han perdido certeza y poder de convocatoria, creando desasosiego e inestabilidad en el mundo. Surge la búsqueda de otras alternativas que posibiliten emerger al interior de todos estos procesos en la búsqueda de una reconciliación. En este mundo de valores cambiantes, los hombres enfrentan hoy, requerimientos de intimidad como nunca anteriormente, lo que lleva a asumir el reto de la masculinidad en estos días, teniendo claro, que acontecen tiempos difíciles para ser un hombre.

egoCity te lleva a donde quieras llegar...

Powered by WP Bannerize

Loading Facebook Comments ...
Puedes escribir tu comentario con el sistema de wordpress. O ingresar con tu cuenta de Google Plus o Facebook

Deja un comentario