
Dos eventos se dieron cita en junio de 2014 en la ciudad de la Eterna Primavera. Ambos fueron citados, convocados y presenciados por un significativo número de pies humanos en marcha, concordantes con sus sentimientos e ideas en cada lugar y evento. Al oriente de la capital paisa se protagonizó la centenaria marcha del Sagrado Corazón de Jesús y, al occidente, la no tan tradicional marcha de la Reivindicación Gay.
Cada grupo hacía camino con sus símbolos propios: banderas, colores, creencias, imágenes, paradigmas, convicciones, directivas, objetivos…, pero con algo muy grande en común: su condición humana. Además, los marchantes de cada lado llevaban en sus mentes una profunda e incuestionable convicción de la verdad, de su verdad.
Estas dos manifestaciones estaban divididas por Mi Rio. ¡Qué pesar, pero qué realidad! Permítanme tomarlo como un símbolo de aquello que hoy separa y divide lastimosamente a nuestra sociedad. ¡Así es! Hay un gran rio que nos separa: contaminado por la indiferencia, el desprecio, las condenas, los moralismos y las exclusiones hacia los seres diferentes. Miedo, culpa y pecado, elementos relevantes y esclavizantes aplicados aún a la población LGBT en nuestro medio y en el mundo global. Todo ello fruto de una religión, moral y teología heterosexual.
De un lado, en la marcha occidental, se reclama y lucha por la libertad, la identidad, el respeto y los derechos humanos más básicos. Y, del otro, se reza por los pecadores, los malos y condenados, oraciones reforzadas con sermones casposos. Se reza por la paz a costa de las diferencias. Se olvida que el respeto, la aceptación, la fe y la moral no tienen identidad sexual. Cantos y parlantes en altos decibeles hacen eco resonante entre casas y edificios, como clamor por la salvación de una humanidad condenada. La marcha del Sagrado Corazón de Jesús tenía timbres de oraciones monótonas, caras de cumplido piadoso y de ocasión, con caminado de fe modelada y de maquillaje. Se llama “Marcha de Fe y de Amor”.
Amigo lector, en este panorama pude observar que en la marcha de la reivindicación LGBT, al igual que en la del Sagrado Corazón, iban El Crucificado, la Virgen del Carmen, San Antonio, San Judas, Jesús Caído, San José, la Milagrosa, la Guadalupana, EL Divino Niño… y en primera fila el Sagrado Corazón de Jesús. ¡Genial!,.. ¡Genialísimo! todos ellos en marcha solidaria y liberadora con el mundo LGBT.
En medio de la marcha LGBT hacía llamativa presencia un joven, esbelto, buen mozo, engominado, tatuado, con aretes y piersing, “todo un modelo de caballero”. Llevaba sobre el pecho el cuadro del Papa Francisco con su frase: “Quién soy yo para juzgar” y debajo se leía entre signos de exclamación: ¡Gracias Pacho! El hombre marcaba pasos alegres, en sintonía con su rostro gozoso y feliz, como con una profunda bendición interior a bordo.
¡Sí señores! El Sagrado Corazón de Jesús con toda su corte celestial en la marcha LGBT. Porque esas son sus ovejas también, las más preferidas, las de las minorías, las excluidas, esas que él no solo incluye sino que las hace sus predilectas. Son hijos de su Padre, creados a su imagen y semejanza. Como cuando va a las casas de las mujeres de la mala vida, cuando visita a los pecadores públicos, come con ellos, amanece en sus casas; como cuando pone a los débiles, frágiles e indefensos niños como ejemplo de su Reino de Amor; como cuando sale en defensa de aquella mujer adultera que debía ser muerta a pedradas, con su absoluta compasión; y como cuando sale al camino, y abre sus brazos y su corazón de misericordia infinita para abrazar a ese canalla del Hijo Pródigo.
¡Sí señores curas! Esas son sus ovejas también y en cada una de sus parroquias hay un redil. Y el Sagrado Corazón de Jesús que Ustedes procesionan, decoran, veneran, inciensan y bendicen es y debe ser su ejemplo. O es que el corazón de Ustedes no está hecho a su imagen y semejanza.
Señores curas, monseñores y obispos, si el Sagrado Corazón de Jesús camina y acompaña la marcha gay, ¿no deberían estar Ustedes ahí también incluidos, para que cojan “olor a oveja”?.
Con Pablo de Tarso les quiero espiritualizar lo siguiente (I Co.9,20 ss) “Asimismo, sintiéndome libre respecto a todos, me he hecho esclavo de todos con el fin de ganar a esa muchedumbre. Me he hecho judío con los judíos para ganar a los judíos… Me he hecho todo para todos con el fin de salvar, por todos los medios, a algunos.” Con Pablo tenemos este legado: “Sintiéndome libre me hago gay con los gais, con tal de ganarlos para Cristo.”
Hoy en la era de la globalización hay clamores inequívocos que nos llaman a las actitudes más elementales de la convivencia entre los seres humanos, el respeto, la tolerancia y la aceptación. “La única igualdad que compartimos los seres humanos es la diferencia” (Edelmira Perdomo de V.). Sí, lo que más nos enriquece es la diferencia. Pues así es que tenemos una gran tarea para crear un espacio humano de respeto, aceptación y admiración, en pos de lograr algún día la alegría de la vida para los seres humanos y acabar por fin con todas las divisiones y exclusiones.
La historia y la humanidad lo están pidiendo a gritos. Sagrado Corazón de Jesús en vos confío: por una humanidad de respeto, de inclusión y de una espiritualidad gay. ¡EN VOS CONFÍO!… ¡EN VOS CONFÍO! Consagrado clero católico… ¡EN VOS DESCONFÍO!

Por Ángelo Sofío Zain Yull’s
(Seudónimo)




















































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